Resumen para apurados
- El BCRA informó en junio que analistas locales elevaron la proyección del dólar oficial para fin de año a $1.673 por la alta volatilidad y menor compra de divisas.
- El reajuste ocurre tras caer la liquidación del agro, aunque el "Top 10" de analistas más precisos prevé un cierre moderado de $1.621 frente al promedio general de $1.673.
- Este escenario marca el fin del carry trade en pesos, impulsando a los inversores a rotar hacia bonos CER o duales para protegerse de la inflación y la devaluación futura.
El Banco Central (BCRA) dio a conocer los resultados del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de junio, lo que reflejó un cambio de humor en la City porteña. Tras un mes marcado por una mayor volatilidad y una menor capacidad de compra de divisas por parte de la autoridad monetaria, los analistas recalibraron sus planillas de cálculo y proyectaron un sendero más empinado para el tipo de cambio oficial.
Pese al ajuste general, el informe revela una brecha optimista: el "Top 10" de los pronosticadores (aquellos que más veces acertaron en el pasado) prevé un dólar para fin de año sensiblemente más bajo que el promedio del mercado.
El nuevo sendero del dólar: qué esperar para julio y diciembre
Las estimaciones para el tipo de cambio mayorista (A3500) sufrieron correcciones alcistas en casi todo el horizonte temporal. Según la mediana de los participantes, el dólar oficial promediará los $1.482 en julio, lo que representa un salto de $35 respecto a la medición del mes anterior.
Hacia adelante, el mercado prevé una aceleración gradual pero constante:
- Agosto: $1.513
- Septiembre: $1.548
- Diciembre: $1.673
Sin embargo, el dato más relevante surge de la comparación con los analistas de mejor desempeño predictivo. Mientras el consenso general apunta a los $1.673 para el cierre de año, el "Top 10 proyecta un dólar de $1.621 para diciembre". Esta diferencia de $52 sugiere que los especialistas más certeros aún ven margen para que el Gobierno mantenga cierta estabilidad o un ritmo de devaluación más controlado en el último tramo del año.
Menor oferta y demanda de cobertura
El cambio en las proyecciones no es caprichoso. Durante el último mes, el tipo de cambio mayorista mostró una suba del 2,5% y rompió con la calma que había caracterizado el primer semestre. Esta aceleración en el margen coincidió con un cambio en el escenario macroeconómico local.
En primer lugar, la estacionalidad comenzó a jugar en contra. Tras el pico de liquidación de la cosecha gruesa del agro, la oferta de divisas disminuyó. Esto obligó al BCRA a moderar su ritmo de acumulación de reservas. En paralelo, la incertidumbre política y económica reactivó la demanda de cobertura por parte de inversores y empresas, quienes empezaron a ver con desconfianza que el dólar avanzara por debajo de las tasas de interés en pesos.
Estas proyecciones se refieren exclusivamente al dólar mayorista. No incluyen las cotizaciones del dólar blue ni los tipos de cambio financieros (MEP y CCL), que suelen moverse con dinámicas propias de brecha cambiaria.
El fin del "carry trade" y las nuevas estrategias
El escenario planteado por el REM impacta de lleno en las decisiones de ahorro e inversión. Con una inflación que se proyecta cercana al 2% mensual y una tasa de interés (Tamar) que ronda el 1,85% para julio, el rendimiento de los plazos fijos y las cuentas remuneradas ha quedado relegado frente al avance del 2,5% que mostró el dólar en el último mes.
Ante este panorama, las principales casas de bolsa de la City sugieren un cambio de estrategia:
- Rotación hacia la cobertura: desde "Cohen" recomiendan abandonar las posiciones de *carry trade* (apostar a la tasa en pesos) para buscar instrumentos que protejan contra la devaluación.
- Deuda ajustable: en "Balanz" mantienen una postura neutral en pesos, prefiriendo bonos CER (ajustables por inflación) de corto plazo o bonos duales, que ofrecen protección tanto ante un salto cambiario como ante una suba de precios.
- Carteras diversificadas: por su parte, "IOL" destaca las alternativas que capturan rendimientos atados a la Tamar o al CER, lo que permite al inversor blindarse frente a un escenario donde la nominalidad vuelve a ganar velocidad.











