Embanderado es la costumbre cívica y popular de exhibir la bandera nacional en los frentes de casas, edificios y comercios durante fechas patrias o eventos relevantes. En la Argentina, esta práctica simboliza el sentido de pertenencia, alegría y respeto hacia los valores históricos y tradicionales de la nación. Esta semana, aquella vieja tradición cobra un significado especial: San Miguel de Tucumán se convertirá en la Capital Simbólica de la República Argentina.
La fiebre por el Mundial de Fútbol ha llevado a muchas familias a colocar la enseña patria en los frentes de sus viviendas. La argentinidad es un sentimiento que no sólo debe despertarse cada cuatro años, sino también en cada ocasión en que la historia nos convoque. El sentir patrio fue transmitido de generación en generación desde que la bandera fue creada en Rosario, el 27 de febrero de 1812. Representa un signo de pertenencia y de libertad, ya que en varios países del planeta no se permite el uso periódico y público de este tipo de símbolos. De allí que cobra más fuerza la necesidad de hacerlo, ya que el jueves se conmemorará el 210° de la Declaración de la Independencia.
Mediante el decreto 81, en 1991 el entonces presidente Carlos Menem declaró a San Miguel de Tucumán como Capital de la República, con carácter simbólico, los días 8 y 9 de julio de cada año. Esto se viene cumpliendo en décadas. Incluso en el Congreso hay proyectos que impulsan una ley que torne a esas fechas como obligatorias, reafirmando a Tucumán como “Cuna de la Independencia”.
La Declaración de la Independencia se realizó en un contexto sumamente adverso, con el avance de las tropas realistas en el continente americano. De ahí el reclamo de San Martín -que estaba organizando en Cuyo al Ejército que luego cruzaría Los Andes para vencer a los realistas en Chile y Perú- para que los congresales declararan con urgencia la Independencia. Una realidad externa tan apremiante requería una rotunda voluntad de emancipación.
La situación no era menos conflictiva en el plano interno, se destaca en el sitio de la Biblioteca Nacional de Maestros. De hecho, el lema que inspiraba a la voluntad de sancionar una Constitución por parte del Congreso de Tucumán era “Fin de la revolución, principio del orden”, una consigna lo suficientemente indicativa de que el proceso revolucionario iniciado en 1810 había dado lugar a fuertes tensiones internas. A lo largo de su historia, la Argentina ha vivido una serie de tensiones, pero siempre prevaleció aquel sentimiento de argentinidad.
Hoy como ayer, Tucumán sigue siendo el epicentro histórico de un país democrático y amplio con todos aquellos que quieran poblar el país. Tal ha sido la enunciación el Acta de Declaración de la Independencia: “Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia, que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra que, es voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli.
La bandera es un símbolo que nos une y nos identifica, en épocas de Mundiales y mucho más en fechas patrias. De allí la tradición de engalanar cada edificio con los colores celeste y blanco.







