Recuerdos fotográficos: 1904. Festejo accidentado por Lola Mora
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
Escuchar nota
Las tres obras emblemáticas de Lola Mora en Tucumán –los bajorrelieves de la Casa Histórica, la estatua de la Libertad y el monumento a Juan Bautista Alberdi- fueron inauguradas el 24 y el 25 de septiembre de 1904. Eso dio lugar a una primavera de celebraciones en la provincia. La escultora fue objeto de amplias felicitaciones y reconocimientos.
Hubo un homenaje previo, el 4 de septiembre, en el templo San Francisco, donde los padres hicieron celebrar una misa cantada “para rogar al cielo porque la eximia artista tucumana, señorita Lola Mora, progrese en sus nobles aspiraciones, y el Dios de la misericordia la conserve siempre cristiana y piadosa en sus ideales artísticos”, publicó el diario El Orden, que añadió que se hizo un Tedeum en su homenaje y que ella, “humilde y fervorosa”, mostraba “una faz radiante de alegría, como poseída de un extraño arrobamiento” y rezaba el rosario. La crónica agregaba, para acallar a los “detractores”, que “su tarea artística no estaba reñida con su convicción eminentemente religiosa”.
Otro homenaje tuvo lugar en la Sociedad Sarmiento, que entonces estaba ubicada en calle Las Piedras al 600 (segunda foto), donde le entregaron a la escultora un lujoso álbum con firmas y una medalla de oro. Le pidieron al director de la banda de música, Antonino Malvagni (tercera foto), que se la entregara con un discurso pronunciado en italiano, para darle a la artista, que se había formado en Roma, “una sorpresa agradable”.
Malvagni comenzó su discurso diciendo “Signori: é in omaggio alla giovine donna…” y en el acto estallaron las carcajadas. Según se supo después, algunos entendieron “omaggio”, que significa “homenaje”, como “macho”, y empezaron a reírse. El presidente de la Sarmiento, Pedro Alurralde, se levantó molesto para decir que “si había gente que no comprendía el dulce idioma del Dante, por respeto al acto y al extranjero, permanecer callada”.
Malvagni completó su discurso y después, cuando empezaron los números musicales, el director de la Banda se apoyó en el piano, de espaldas al teclado y la gente empezó a gritar: “¡Fuego! ¡Fuego!”. “Arriba del teclado estaban las velas encendidas. Y mi pobre smoking había sido presa de las llamas –explicó Malvagni-. ¡Una jettatura completa! ¡Y la fiesta siguió como Dios quiera!”
Más información en notas de Carlos Páez de la Torre (h): “Una fiesta accidentada” (23/09/2002) y “Singular homenaje a Lola Mora” (21/08/2008).








