Hace unos años, en una charla sobre tecnología y redes sociales, el papa Francisco le preguntó a los padres: “¿Sabes dónde está tu hijo, en qué realidad vive? Seguramente me van a responder que sí, que está en su habitación, viendo el celular. Entonces, vuelvo a preguntar ¿sabes realmente dónde está, con quién está?”
Es una pregunta que llama a la reflexión y se cita frecuentemente cuando se aborda el tema del impacto y los riesgos de las tecnologías en los más chicos.
“Es así, y son muchísimos los daños que producen al cerebro las pantallas, sobre todo en los más chicos, orgánica y mentalmente. Por ejemplo, yo siempre digo que el autismo está sobrediagnosticado”, explicó a LA GACETA el neurocirujano Ricardo Auad, jefe de Neurocirugía Pediátrica y Neonatal del Hospital del Niños.
Auad recordó una charla que dictó en 2021 -durante la pandemia-, en el colegio Tulio, pero sobre todo a través de YouTube, titulada “Taller para padres: daños neurológicos y las redes sociales”, en un contexto en que el encierro había multiplicado el uso y abuso de las tecnologías y todos los daños que esto estaba provocando: aislamiento, ansiedad, depresión, falta de diálogo, entre otros problemas físicos y psicológicos.
Allí dijo Auad: “Desde los tres o cuatro años le damos el celular y lo convertimos en un autista social, lo aislamos de todo. Después, a los siete u ocho años lo llevamos al neurólogo porque pensamos que es autista, y la realidad es que a ese chico no le gusta jugar porque nadie le ha enseñado”.
El médico consideró que hay demasiados diagnósticos psicomédicos que se realizan apresurados. “Lo ven al chico calladito, tranquilo, que no molesta, y ya dicen debe ser autista, que vaya al gabinete psicopedagógico. O lo ven revoltoso, inquieto y, de nuevo, que vaya al gabinete. Pero no se sentaron antes a hablar con el niño para ver qué le pasa, qué está sintiendo y en vez de eso rápido ponen la firma para derivarlo al gabinete”.
Educación cómoda
“No somos conscientes de las cosas que le llegan a los niños por el celular y ni siquiera sabemos lo que están viendo, eso es lo peor de todo”, advirtió el neurocirujano pediátrico.
“Convertimos a los chicos en autistas sociales, porque para los padres es más cómodo darles un celular que llevarlos al parque a jugar. Y esa es la educación moderna, la de los padres cómodos. Es un tema delicado porque los padres se han olvidado de educar, o mejor dicho han tirado la pelota afuera. Que eduque el colegio, que eduquen los amigos, internet, y así aprenden educación sexual por WhatsApp y ven pornografía por WhatsApp desde muy chicos”, subrayó.
“Si a nosotros nos llega de todo, que tenemos cierta formación educativa, a ellos les llega mucho más. ¿Saben por qué les interesa tanto el celular, la tablet o la PC, por todos los estímulos que les llegan y nosotros no conocemos”, agregó.
Luego Auad contó una anécdota en el taller: “Una vez le pregunté a los chicos en un colegio que digan siete deportes que se jueguen con cinco o más jugadores y una pelota. Estuve más de 10 minutos para que digan los siete deportes. Decían fútbol, rugby, hockey y ahí paraban; alguno dijo vóley. Luego les dije digan siete marcas de celulares y respondieron en 10 segundos, siete juegos de play, o siete aplicaciones y lo mismo, súper rápido. ¿Qué estamos educando? Es la educación que estamos permitiendo nosotros, de padres cómodos, que les damos el celular para que ellos se eduquen ahí”, se quejó, y comparó a los celulares con “tranquinales familiares”, en referencia a los ansiolíticos.
El taller de Auad tuvo miles de visualizaciones y compartidas en YouTube y en otras redes, donde abordó múltiples aspectos de este problema y también contó varias experiencias personales. “Me costó muchísimo, pero a mis hijos les exigí que hasta que terminen la secundaria hagan un deporte y por suerte lo logré. Después de la secundaria que hagan lo que quieran.
Tenían su celular, pero también con el deporte tenían otro ambiente, sociabilidad, contacto con otros sectores socioculturales, compañerismo, aprendieron a jugar en equipo, a trabajar en equipo”, relató.
Mental y físico
Entre los principales daños psicológicos y sociales que producen las tecnologías en los niños, el neurocirujano citó sexting, bullying, ciberbullying, autismo social y falta de diálogo.
“Esto debe grabarse a fuego: la escuela volverá a ser el segundo hogar cuando el hogar vuelva a ser la primera escuela”, y citó varias frases, entre ellas una del actor Morgan Freeman: “Tal vez, si le decimos a la gente que el cerebro es una aplicación empiecen a usarlo”, y también mostró una placa que rezaba “la mejor red social es una mesa rodeada de gente de toda la vida”.
Luego detalló algunos de los problemas físicos que aparecen “en personas adictas al chat o a conversar en línea”. Túnel carpiano (afecta al nervio que va del antebrazo a la mano, y puede terminar siendo quirúrgico); daños en la audición por exceso de auriculares o volumen muy alto. Hipoacusia (sordera), pérdida del equilibrio, náuseas y vómitos; problemas mentales: depresión, aislamiento social, ansiedad, pérdida del placer y del disfrute de otras actividades; sedentarismo, sobrepeso y obesidad, que pueden derivar en diabetes o enfermedades circulatorias, entre otras; daños irreparables en el sistema nervioso central por el abuso tecnológico, especialmente en niños, como vértigo, fatiga, trastorno del sueño, pérdida de memoria o desarrollo de tumores cerebrales: enfermedades oculares, como resequedad en los ojos, tensión ocular, dolor de cabeza; la cervicalgia; y varias adicciones, entre ellas la nomofobia (miedo a no tener a la mano el celular); portatilitis (dolores musculares por su uso excesivo); y la ciberadicción a internet.











