Resumen para apurados
- La psicóloga Inés Páez de la Torre analiza la saturación emocional y física que experimentan las mujeres en su sexualidad debido a las múltiples exigencias cotidianas actuales.
- Este fenómeno se vincula con la doble jornada laboral y la carga mental que recae sobre las mujeres, afectando directamente su deseo sexual y su bienestar íntimo habitual.
- Visibilizar esta problemática permite replantear la intimidad de pareja desde la equidad, promoviendo debates que prioricen el bienestar de la mujer sobre la presión social.
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Muchas mujeres que están atravesando la etapa más demandante de la maternidad y la crianza sueñan con recuperar espacios propios muy básicos: entrar al baño y no ser interrumpidas, dormir unas pocas horas de corrido sin compartir la cama con niños, vestirse tranquilas, tener unos minutos de soledad, por poner algunos simples ejemplos.
Con frecuencia, estas fantasías van acompañadas de una suerte de síndrome denominado “touched out”, expresión que podría traducirse como “sobrecarga sensorial” o “saturación de contacto físico”. Describe la “abrumadora incomodidad que se siente al recibir contacto físico después de haber sido expuesto a éste durante todo el día”. Un estado que suele derivar en sentimientos de rechazo, irritabilidad, ansiedad y, por supuesto, culpa.
Obviamente son las madres -no los padres- quienes tienen más probabilidades de sufrir este agotamiento, porque siguen siendo las que asumen la mayor parte de las tareas de cuidado infantil y las labores domésticas (aunque trabajen fuera del hogar). La clásica imagen que ilustra esta situación es la de esa mujer que, mientras está amamantando, tiene otro hijo -o más de uno- abrazado a sus piernas reclamándole atención. Y no es algo aislado: en eso se ha convertido su vida. Como si su cuerpo ya no le perteneciera y hubiera perdido todo control sobre él. Por eso se produce el agobio, la aversión, la sobrecarga emotivo-sensorial. Sin duda, una señal de que se está al borde y de que es necesario pedir ayuda.
Aunque el fenómeno suele asociarse con la lactancia y la crianza de niños pequeños, no es de extrañar que sus efectos alcancen también a la relación de pareja. Ni qué hablar de la vida sexual. Y es que… ¿cómo sentir deseo cuando se experimenta una saturación de estas características?
Luego de convertirse en madre primeriza, la escritora norteamericana Amanda Montei exploró este tema en su libro “Touched Out: maternidad, misoginia, consentimiento y control”. Allí sostiene que las consecuencias emocionales de esta realidad están directamente relacionadas con la forma en que la cultura y la política han vinculado la maternidad con el sacrificio personal y la pérdida de identidad.
“Existe la idea de que, si te presentas ante el mundo como una persona completa con necesidades propias, eres egoísta o narcisista”, afirma. Y agrega: “Además, se carga a las mujeres con la responsabilidad de ‘arreglar’ este sentimiento, en lugar de verlo como un problema social, político y como un síntoma de una crisis más amplia de salud mental materna”.




