Desde hace cuatro años, Andrea Barbá indaga en la figura de Lola Mora en sus talleres de performance creativa, que tuvieron de sede el Museo Histórico Presidente Nicolás Avellaneda, desde donde se avanzó a plazas y calles céntricas.
“Soy una mujer y actriz de pie sobre mis escombros, y podría decir lo mismo del influjo inspirador que me resulta evocarla en como mujer, trabajadora y artista provinciana. La insipiencia de la muerte, el fuego creador, la obstinación, la soledad, lo que queda de las cosas que obramos en este mundo y los gestos del trabajo en el cuerpo son algunos aspectos que abordé al pensar en ella como eje de mi trabajo escénico y artístico pedagógico”, le dice a LA GACETA.
- ¿Cómo surgió esa iniciativa?
- En pandemia, en ese tiempo-espacio detenido ante el peligro de muerte que significaba vincularte con otros cuerpos, tuve momentos de introspección y repliegue; mi cuerpo estaba haciendo una apnea de contacto físico, lo que me llevó al gesto de revisarme para no olvidarme, provocarme cosas y cultivar una memoria de mí misma por si moría. No era un registro de saberes intelectuales o artísticos, sino de mis trayectos como marcas humanas en mi casa. Luego empecé a cruzar esas experiencias con mi práctica como actriz, mi pasión por la fotografía y la composición de las imágenes y de las espacialidades. Era una manera de “hacer” el tiempo y de mantenerme en vínculo con la creación, con una bitácora del proceso. A través de la experiencia de ponerle el cuerpo a la experiencia creadora, me di cuenta de cosas que de otro modo no podría llegar a hacer. Necesitaba que mi práctica no se circunscribiese al espacio de una sala, sino en vincular el cuerpo como territorio en espacialidades y ramificarlo en imaginarios al límite.
- ¿Ahí aparece Lola Mora?
- Esa indagación me aparecía una cosa muy pregnante con su presencia o su influjo creador. Su exploración sobre los propios límites, la propia piel, un material y haber desarrollado un pensamiento y un obrar donde el cuerpo hace espacio y viceversa: la corporalidad deviene espacialidad, voluptuosidad, voz feminista y obstinación. Y su realidad de sentir en el cuerpo las marcas de un patriarcado normalizado, desde donde se marca y mata nuestros cuerpos. Pensarla hoy significa evocarla en su impronta emancipadora de otras Lolas. Así surgió el Laboratorio Transdiciplinario de Creación Escénica, que cruza creación situada y patrimonio a partir de procedimientos de performance, filosofía contemporánea, prácticas somáticas, artes visuales y creación escénica. Su devenir en performance site specific en el espacio público fue la pieza “Evocación Lola (2022-2025)” que ganó la Beca Activar Patrimonio 2022 para la investigación en Museos Argentinos.
- ¿Cómo fue trabajar en el museo?
- El museo se volvió un espacio vivo, blando, poroso, intervenido por los cuerpos y viceversa. Jugábamos con la presencia de las carbonillas y del retrato de Lola Mora que nos inspiraba, nos miraba y nos amadrinaba en la sala que nos dieron, que no estaba habilitada al público, a partir de la idea de esculpir algo. No pretendía hacerle un homenaje desde los formatos convencionales del arte, sino recuperar su dimensión de trabajadora del arte abriéndose camino en una sociedad atravesada por la mirada masculina, recuperar sus luchas cotidianas, sus peleas administrativas y la contienda incesante por la libertad de expresión como mujer. Estos son aspectos que me resultan atractivos y creo que son los mismos por los que fue perseguida. Nada ha cambiado: nos persiguen y nos matan por ser mujeres.
- ¿Hay un mensaje en su vida?
- Cito al filósofo Josep María Esquirol: “Dado que la intemperie es permanente, los poetas han de juntar más de una cubierta. Entonces las acciones se articulan en arco, reforzándose entre sí. Poeta es quien sabe curvar la acción sobre la gravedad de la herida infinita, es quien en el surco de la herida y en la palma de la mano, mantiene y junta tanto como puede”. ¿Qué nos hace falta como obreros de mundo para desarticular la estructura que nos somete y nos mata? Acaso sea intensificar la vida con sus infinitivos: amar y pensar.









