Resumen para apurados
- La Liga Tucumana de Fútbol no exige ambulancias en sus partidos por la crisis económica de los clubes y la falta de unidades en la provincia, arriesgando la salud de jugadores.
- Ante lesiones graves, los clubes deben improvisar traslados en motos, patrulleros o autos particulares, una situación expuesta tras la viralización de varios casos recientes.
- Dirigentes plantean exigir médicos en las finales, mientras los árbitros se capacitarán en RCP. El debate expone la necesidad de un plan estructural para evitar tragedias.
La imagen se repite con una frecuencia alarmante en las canchas de la provincia. Un jugador de la Liga Tucumana de Fútbol se lesiona en pleno partido, necesita asistencia médica urgente y el terreno de juego carece de una ambulancia. Ante la desesperación, la solución queda en manos de la improvisación y el ingenio de los dirigentes: ingresar al campo en moto o en camionetas particulares, apelar a un llamado de emergencia al 107, convocar a los bomberos voluntarios o rogar que algún espectador en la tribuna tenga conocimientos de primeros auxilios.
Esta postal, lejos de ser excepcional, expone una realidad cruda y polémica: el reglamento de la Liga no exige a los clubes contar con una unidad de traslado sanitaria en los estadios. Entre la asfixia económica de las instituciones y un laberinto logístico provincial, el torneo se juega al límite del riesgo cada fin de semana.
De la viralización al susto
Uno de los episodios más gráficos ocurrió el pasado 18 de mayo, durante un encuentro entre Deportivo Mapa y 20 de Junio por la Primera B, en cancha de Lastenia. A un futbolista de 21 años se le salió el codo de lugar y el dolor era tan agudo que estuvo al borde del desmayo. Ante la urgencia, los presentes terminaron retirándolo del campo a bordo de una motocicleta, una escena que no tardó en viralizarse en las redes sociales.
Mario Páez, presidente de la institución de Mapa, le quita cualquier tinte de gracia a lo sucedido y explica la trastienda de la maniobra. “Justo yo tengo camioneta y la podría haber metido, pero el portón grande de la entrada estaba cerrado. Lo mejor que pudimos hacer fue meter la moto, sacarlo del estadio hasta afuera y de ahí subirlo a la camioneta para llevarlo al sanatorio”, relata.
Aunque el dirigente alivia el panorama al confirmar que el jugador ya se encuentra recuperado y entrenando, confiesa el peso de liderar un club en estas condiciones. “Como presidente, siempre estoy con el Jesús en la boca todos los partidos, tanto de cebollitas, infantiles, inferiores, Primera y Sub-20. Pero bueno, no hay otra alternativa; para los clubes es imposible gestionar una ambulancia por su cuenta”, añade Páez. Respecto al respaldo institucional, aclara que pagan un seguro a la Liga, pero advierte que es un sistema básico de reembolso que sólo cubre gastos médicos acreditados a posteriori.
El desamparo sanitario también se hizo presente en el clásico entre San Martín y Atlético por la novena fecha del certamen liguero. En el complejo Natalio Mirkin el delantero Thomas Rearte sufrió una dura lesión en su pierna derecha tras un choque accidental con el arquero rival. La preocupación trepó rápidamente al constatarse que el predio no disponía de ambulancia ni de camillas. Ante la falta de elementos básicos de traslado, el atacante debió ser asistido de manera improvisada sobre el césped mientras se aguardaba el arribo de la atención médica externa, una situación límite que motivó la suspensión provisoria del encuentro.
Rogar y darse maña
La realidad en el sur tucumano no es diferente. En el club San Lorenzo de Santa Ana, la lógica de supervivencia es idéntica. Su vicepresidente, Matías Ponce, refrenda que cada jornada es una apuesta a la suerte. “Cada partido uno lo afronta rogando no tener nada de gravedad como para tener que salir a un hospital. Más de una vez tuvimos algún jugador lesionado y tenés que buscar un vehículo particular para llevarlo, porque una ambulancia es imposible tenerla”, explica.
Para mitigar el desamparo, los clubes apelan a la solidaridad comunitaria. Ponce relata que, en partidos de alta convocatoria como el clásico del pueblo, recurren a los Bomberos Voluntarios locales, quienes asisten con su móvil, tablas y cuellos inmovilizadores. “Es hasta lo máximo que podés llegar; otra cosa, la verdad que no”, lamenta.
Sin embargo, a pesar del peligro latente, suspender la actividad o bajarse del torneo jamás aparece como una opción sobre la mesa. Los dirigentes coinciden en que frenar la pelota significaría la quiebra o el retroceso absoluto de las instituciones luego de haber invertido recursos en las pretemporadas.
A esto se le suma un panorama financiero asfixiante donde ni siquiera se logran cubrir los costos básicos de organización. Sebastián Dip, presidente de Marapa club que recientemente sufrió la rotura de ligamentos de un futbolista de 19 años y debió evacuarlo en un auto particular- , pone números sobre la mesa: “El viernes pasado jugamos de local y tuvimos que pagar $750.000 de operativo policial, pero hicimos $250.000 de recaudación. Salimos 500 lucas abajo. Estamos debiendo en la Liga y todo. Cada vez está más complicado el tema, imaginate sumando una ambulancia; no sé cuánto saldrá ese costo”.
Como alternativa provisional, el presidente de Marapa optó por una salida institucional: solicitar mediante nota formal la presencia de enfermeras municipales, a quienes les arman una carpa al costado de la línea de cal para garantizar los primeros auxilios.
De todos modos, Dip es tajante sobre la postura del fútbol del interior, que se rehúsa a dejar la actividad pese a cualquier inconveniente. “Afrontamos el riesgo porque no se puede dejar de jugar. Por más que la Liga suspenda el campeonato, los clubes se van a ir a jugar un torneo comercial o en otro lado. Todos quieren estar en la cancha”, asegura.
Posturas dirigenciales
Desde la Liga, el diagnóstico combina la autocrítica con la resignación logística. Darío Zamoratte, vicepresidente de la entidad y miembro del Consejo Federal de la AFA, reconoce la gravedad de la situación pero desnuda las limitaciones estructurales de la provincia.
Sostiene que el universo de la Liga es demasiado grande para las herramientas disponibles y apunta a que, más allá del factor económico, el verdadero cuello de botella es la escasez de unidades de traslado en Tucumán. Según explica el directivo, un convenio con el sector privado o el sistema público (107) colapsaría el servicio para el resto de la sociedad. “Si ponés una ambulancia en cada partido de Tucumán, dejás sin servicio a la comunidad. Hay que tener en cuenta cómo se distribuye el fútbol acá: tenés un equipo desde Burruyacú hasta Alberdi, y si esos pueblos no cuentan con dos o tres ambulancias disponibles, es imposible”, explica.
El vicepresidente propone un sinceramiento general entre los dirigentes y plantea que se exigirá la presencia médica obligatoria en las etapas finales, en las que la cantidad de partidos se reduce notablemente. “Hay que ser realistas y no escondernos. Va a llegar un momento en el cual nos debemos una charla entre todos los estamentos del fútbol para armar un plan y mejorar en lo mínimo”, concluyó.
El debate también caló hondo en el referato. Luis Lobo Medina, árbitro internacional tucumano y vicepresidente del Colegio de Árbitros local, advirtió sobre la desprotección reinante. “Esta situación nos llama a la reflexión a todos de que debería haber una exigencia, porque si llega a pasar algo mucho más grave, sería un suceso nacional y sería complicado explicar por qué no está”, reflexiona la autoridad.
Ante la falta de respuestas de fondo y la imposibilidad de detener el torneo, el cuerpo arbitral decidió activar su propio protocolo de emergencia preventivo. Lobo Medina anticipó que iniciarán de forma urgente una capacitación obligatoria. “Estamos por hacer un curso de RCP (Reanimación Cardiopulmonar) para todos los árbitros. Son cuestiones que a veces no se tienen en cuenta hasta que pasa un suceso como este. Hay que saber qué hacer”, concluyó.











