Radiografía de una sociedad que se percibe empobrecida

Radiografía de una sociedad que se percibe empobrecida

Las estadísticas confirman la percepción social de que todavía falta mucho por recorrer para que el ingreso se recupere frente a tantos años de inflación.

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 22 Julio 2026

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En el parque de diversiones de la vida, los argentinos estamos condenados a sacar boleto para la montaña rusa. Pasamos de la euforia a la tristeza, de la realidad anestesiada por una competencia a otra que arranca un lunes con los ánimos por el piso. El humor de la sociedad argentina tiene estos cambios bruscos. La percepción juega un rol fundamental en el esquema de incertidumbre por lo que puede venir y la fragilidad emocional. En mayor o en menor medida todo pasa por la economía.

El miedo de que los ingresos del hogar no alcancen para mantener el nivel de vida tomó el primer puesto como la principal preocupación de los ciudadanos con un 62%. El segundo puesto lo ocupan tres ítems con el 59%: el costo de los servicios públicos, la incertidumbre en la situación económica del país y la inseguridad, indica el último reporte de D´Alessio IROL y Berensztein. Otros sondeos de opinión pública evidencian la misma conclusión.

Sostenerse en la pirámide socioeconómica, medida por ingresos, es cada vez más un desafío. La resignación de algunos gastos, que tienen que ver con el bienestar familiar, es una consecuencia directa de la falta de recuperación del poder adquisitivo del salario de los argentinos. Sin embargo, la autopercepción de clase social confirma una sociedad que se ubica mayoritariamente en la base de la pirámide: el 50,2% se define como clase baja, contra apenas un 10,5% que se reconoce en la clase alta; el resto -cerca de cuatro de cada 10 personas- se percibe de clase media. Esta fotografía no es un dato subjetivo aislado ni una simple etiqueta de autopercepción. A diferencia de otras mediciones donde la clase social es sólo una variable descriptiva, en este informe se convierte en la clave explicativa de todo lo demás: cuando se la cruza con la experiencia concreta del ingreso, la autopercepción se confirma número por número, y ahí es donde el diagnóstico deja de ser una sensación para volverse un patrón sistemático, indica un informe de Zentrix Consultora.

Más compleja es la situación en Tucumán. Sociología y Mercado realizó un sondeo sobre la autopercepción de los tucumanos. ¿La conclusión? El 63,6% se identifica con los sectores bajos y medios bajo (1.151.000 casos), mientras que el 35,6%  (644.400) se ubica entre el sector medio y el medio alto. Solo el 0,8% se reconoce como perteneciente al sector alto (14.500 sería el universo de los más ricos en la provincia), tomando como referencia la reciente actualización de los datos demográficos oficiales. -¿Cuántos personas habitan Tucumán? De acuerdo con las proyecciones del Censo Nacional, este año la población tucumana trepó a los 1.810.210 de habitantes, de los cuales 915.448 son mujeres y 894.762 son hombres. Casi un millón de ellos tienen hasta 34 años, lo que evidencia un cambio de tendencia respecto de la distribución etaria, pero con una evidente baja de la tasa de natalidad que ha llevado, por caso, a que la constitución familiar promedio ya no sea de 4,5 personas, sino que paulatinamente descendiera a los 3,2 miembros, de acuerdo con un diagnóstico de la Dirección de Estadística de la Provincia.

En tanto, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) abrió la semana con un dato que inquieta al Gobierno: los sueldos formales subieron 1,8% en mayo, por debajo del 2,1% de inflación. Mientras el privado quedó al borde de empatar a los precios, el público volvió a rezagarse y más de 10,5 millones de trabajadores cobran menos de $ 1,5 millones. Si se toma ese parámetro, el ingreso medio de un tucumano dista de aquel dato, ya que, tomando en cuenta la evolución inflacionaria de los primeros seis meses, se ubicaría en torno de los $840.000. Si es el único ingreso en el hogar, le faltarían $ 435.000 mensuales para completar el valor de la Canasta Básica Total (CBT), que delimita el nivel mínimo de ingresos para no ser considerados pobres. En cierta medida, aquella autopercepción de los tucumanos se fundamenta con la sensación en los bolsillos. La carrera sigue siendo desigual. En los últimos 12 meses, los salarios registrados crecieron 28,7%, frente a una inflación acumulada del 33,2%. Dentro de ese universo, en la Argentina 7,4 millones son trabajadores registrados y otros 5,7 millones se desempeñan en la informalidad.

Durante 2025 en la Argentina los indicadores de bienestar subjetivo, estrés social y percepciones económicas describen una sociedad en salida de una etapa de crisis profunda. Si bien, ciertos signos de estabilización macroeconómica han contenido parcialmente el deterioro reciente, estos avances todavía no se traducen en mejoras perceptibles para la mayoría de las personas. Persiste un clima de tensión caracterizado por estrés económico elevado, expectativas pesimistas y una sensación generalizada de vulnerabilidad con informalidad laboral, señala un reporte del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Además, en 2025 se mantuvieron elevados los índices de desempleo y subempleo, especialmente entre los jóvenes y grupos con menor capacidad económica y educativa. Ello suscitó inquietud en diversos sectores de la sociedad, dando lugar a repercusiones en su bienestar, como el aumento de la sintomatología ansiosa y depresiva, la percepción de pérdida de control sobre la propia vida y la emergencia de sentimientos de impotencia y desesperanza. Esa conclusión del reporte académico es lo que tanto temen los gobernantes. La preocupación en los despachos oficiales es llegar a 2027 con el mejor nivel posible dentro de la percepción de la sociedad de que se cumple aquella vieja promesa de que la macro derrame en la microeconomía. Vivir en pobreza obliga a dedicar una cantidad desproporcionada de esfuerzo mental a la supervivencia inmediata, lo que disminuye las capacidades cognitivas para la planificación y logros a largo plazo. Todo esto tira por tierra aquel adagio político de que la política le habla con el corazón, pero la sociedad le contesta con el bolsillo cada vez que va al cuarto oscuro.

En un panorama empobrecido, el Observatorio de la Deuda Social Argentina apunta que las personas se alejan del logro del bienestar y continúan padeciendo carencias no sólo materiales, sino también subjetivas que hacen a las expectativas de mejoras de sus derechos a la salud plena, a la igualdad social y a un desarrollo humano que derrame por sus capacidades y habilidades. El estrés se entiende como un fenómeno psicosocial que emerge cuando las demandas ambientales superan los recursos personales, sociales o materiales. En contextos de inestabilidad económica -ingresos fluctuantes, endeudamiento, inseguridad laboral o dificultades para cubrir necesidades básicas- la evaluación cognitiva tiende a definir estas situaciones como amenazas persistentes, generando respuestas emocionales que pueden volverse crónicas, define Solange Rodríguez Espínola, coordinadora del informe de la UCA. Esto es una clara referencia por dónde deben pasar las acciones de la clase política para cambiarle el humor al electorado

La economista tucumana Regina Martínez Riekes señala, por su parte, que ordenar la macro es condición necesaria, pero no suficiente. Para consolidar el rumbo, la mejora tiene que llegar a la actividad, al empleo y al bolsillo. En algún momento, la gente tiene que sentir que también juega en el equipo y no solamente paga la entrada., sostiene. Una clara referencia de la radiografía de una sociedad que se siente cada vez más empobrecida.

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