París despide a Julio Le Parc, el artista argentino que transformó la relación entre el arte, la luz y el espectador

El pionero del arte cinético murió a los 97 años en la ciudad donde construyó gran parte de su obra.

JULIO LE PARC. El artista, activo en su taller de Cachan, en el sur de la periferia parisina, en noviembre pasado.
JULIO LE PARC. El artista, activo en su taller de Cachan, en el sur de la periferia parisina, en noviembre pasado. IMAGEN TOMADA DE LA NACIÓN
Hace 48 Min

Resumen para apurados

  • El pionero del arte cinético Julio Le Parc falleció este sábado a los 97 años en París, la ciudad donde residió por seis décadas y revolucionó la relación del público con el arte.
  • Tras emigrar de Argentina en 1958, cofundó el grupo GRAV, donde rechazó el arte pasivo experimentando con luz, estructuras móviles y la participación activa del público.
  • Su fallecimiento cierra un capítulo clave del arte óptico, pero su legado de intervenciones urbanas y arte democrático continuará inspirando a las nuevas generaciones.
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París perdió este sábado a uno de sus grandes revolucionarios culturales. Julio Le Parc, pionero del arte cinético y óptico, murió a los 97 años en la capital francesa, ciudad en la que vivió durante más de seis décadas y desde donde impulsó una transformación estética que marcó al arte contemporáneo.

Nacido en 1928 en Palmira, Argentina, Le Parc llegó a París en 1958 con una beca del gobierno francés y una fuerte búsqueda de modernidad artística. Había dejado atrás una Argentina atravesada por la inestabilidad política tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón, pero también partía impulsado por la necesidad de acercarse a las vanguardias que ya comenzaban a influir en su obra.

Dos hechos fueron decisivos en esa etapa inicial: el descubrimiento, en 1955, de una exposición de Victor Vasarely en el Museo Nacional de Bellas Artes y la lectura de los escritos de Piet Mondrian, cuyas teorías sobre la abstracción y la descomposición de la forma impactaron profundamente en sus investigaciones, repasa un artículo del diario La Nación.

París se convirtió rápidamente en mucho más que un lugar de residencia. Fue el espacio donde Le Parc reinventó su obra y encontró un territorio fértil para experimentar con el movimiento, la luz y la participación del espectador.

En la capital francesa retomó el vínculo con Vasarely y también conoció a Denise René, la histórica galerista que impulsó el arte abstracto y cinético desde su galería de la rue La Boétie. René había organizado en 1955 la emblemática muestra “Le Mouvement”, considerada fundacional para el arte cinético. Aunque Le Parc llegó demasiado tarde para formar parte de aquella exposición, absorbió por completo su espíritu innovador.

A partir de entonces abandonó la pintura tradicional y comenzó a trabajar con luz, color, transparencias y estructuras móviles. Su idea era romper con la contemplación pasiva del arte y convertir cada obra en una experiencia viva para el público.

En su primer taller parisino desarrolló investigaciones con Plexiglás, modulaciones cromáticas y juegos ópticos que buscaban alterar la percepción visual. También creó sus primeras obras cinéticas, integradas por láminas, discos e hilos móviles capaces de transformar la luz en un espectáculo cambiante.

En 1960 cofundó el Groupe de Recherche d’Art Visuel (GRAV) junto a artistas argentinos y franceses como François Morellet, Horacio García Rossi, Francisco Sobrino, Joël Stein e Yvaral. El colectivo desafió las convenciones del arte moderno y promovió una relación más democrática entre la obra y el espectador.

Su manifiesto “Assez de mystifications” (“Basta de mistificaciones”), publicado en 1963, resumía esa filosofía: el arte debía dejar de pertenecer a una élite y transformarse en una experiencia accesible y participativa.

El grupo desarrolló intervenciones urbanas y experiencias inmersivas que marcaron época. Entre ellas sobresalió “Labyrinthe”, una estructura colectiva de metal y espejos presentada primero en el Museo de Bellas Artes de Vannes y luego en la Bienal de París.

En 1965, el GRAV participó en “The Responsive Eye”, la histórica exposición del MoMA de Nueva York que consolidó internacionalmente el arte óptico y cinético. Un año después, Le Parc obtuvo el Gran Premio Internacional de Pintura en la Bienal de Venecia, reconocimiento que terminó de posicionarlo como una figura central del movimiento.

Su perfil político y su compromiso social también generaron controversias. Durante el Mayo Francés de 1968 participó activamente en el Atelier populaire des Beaux-Arts, donde estudiantes y obreros imprimían afiches de protesta. Por esa razón fue expulsado de Francia durante cinco meses. Finalmente, gracias a la presión de artistas e intelectuales, pudo regresar a París.

En las décadas siguientes continuó desarrollando una obra profundamente experimental y mantuvo una mirada crítica sobre las instituciones artísticas. Incluso llegó a rechazar en 1972 una exposición en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París por considerarla demasiado institucional.

Sin embargo, sus trabajos terminaron integrando las colecciones de los principales museos franceses, entre ellos el Centro Pompidou, el Museo de Arte Moderno de París y la Fundación Cartier.

Uno de los momentos más recordados de su relación con la ciudad ocurrió en octubre de 2012, cuando intervino el Obelisco de la Plaza de la Concordia durante la Nuit Blanche. A través de proyecciones y efectos lumínicos, transformó el monumento en un enorme escenario óptico al aire libre.

Ese mismo año presentó “Lumière en vibration” en el Espace Beaugrenelle, reafirmando su lugar como referente del arte público contemporáneo.

Tras pasar por distintos talleres parisinos, Le Parc se instaló en Cachan, en la periferia sur de la capital francesa. Allí construyó un espacio creativo donde desarrolló algunas de sus últimas grandes instalaciones y recibió a artistas, familiares y colaboradores, entre ellos su hijo Yamil Le Parc, quien trabajó junto a él como curador y asistente.

En ese ámbito también compartió su vida con Martha Le Parc, artista y compañera de toda la vida, fallecida en marzo de este año. Juntos criaron a sus hijos Juan, Yamil y Gabriel.

Pese a su larga residencia en Francia, Le Parc mantuvo siempre un fuerte vínculo con la Argentina. Regresaba periódicamente al país y fundó el Centro Cultural Julio Le Parc en Mendoza.

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