Mel Martínez Zulli: “Cuando me diagnosticaron depresión la escritura funcionó como un lugar seguro”

La poeta presentó su libro “Y que nunca mi cuerpo olvide”.

Mel Martínez Zulli: “Cuando me diagnosticaron depresión la escritura funcionó como un lugar seguro”

Algunos libros nacen de una búsqueda estética; otros emergen como una necesidad vital. “Y que nunca mi cuerpo olvide”, el poemario de Mel Martínez Zulli, pertenece a esta última categoría. Es un territorio íntimo construido con palabras que intentan nombrar el dolor, la fragilidad, la enfermedad y también la persistencia de la belleza en medio de los días difíciles. Publicado por InviKta, nuevo sello independiente tucumano, el libro propone un diálogo con quienes alguna vez sintieron miedo, tristeza, desamparo o la necesidad de reconstruirse.

- ¿Cómo fue el proceso creativo que te condujo a “Y que nunca mi cuerpo olvide”?

- “Y que nunca mi cuerpo olvide” nació mucho antes de lo que yo pensé. Antes de darle forma como libro existió como poemas, dibujos, y pequeñas anotaciones en cuadernos sueltos. La escritura en mi vida fue siempre catártica, una manera de expresar lo que no podía decir en voz alta. Cuando me diagnosticaron depresión, la escritura funcionó como un lugar seguro en el cual decir todo lo que sentía, sin que nadie me juzgue ni me señale. De ahí nacen muchos de los poemas que forman parte del libro. Después fue juntar todo y hacer algo que se pueda publicar.

- Hablame de la chica que se sintió invisible y de la mujer que elige no esconderse.

- Yo era invisible para mí misma, y mucho tiempo fue una pelea interna mirarme en el espejo e identificarme con esa persona que veía. Hace cinco años que convivo con una enfermedad crónica, disautonomía, donde mi sistema nervioso autónomo está desregulado, y durante años me desmayaba continuamente, entonces mi vida entera cambió por completo. Entre internaciones, tratamientos, medicaciones y todo lo que implica un cuerpo enfermo, me di con que tenía que hacer un duelo por la persona que había sido y que ya no iba a volver a ser, porque ahora la enfermedad es una parte de mí. Me costaba mirarme, tenerme como prioridad y entender que todo esto era parte de quién soy; en algún momento, algo cambió. Empecé a aceptar esas marcas, cicatrices y fallas de mi cuerpo como una parte fundamental mía y dejar de esconderla, porque quería recuperar la vida que había tenido. Y aunque no la he recuperado del todo, creo que dejar de esconderlo me ha ayudado a seguir adelante.

- ¿Cómo vivís la experiencia de la escritura poética? ¿Cuáles son tus referentes, en cuanto a nombres y a estilos?

- Yo vivo la escritura poética como algo que habita en el cuerpo. Mi cuerpo es un archivo de todo lo que he vivido, y la poesía nace desde ahí. No imagino vivirla desde otro lugar, porque siempre la experimenté como una parte de mí que sale desde lo visceral. Si tengo que nombrar referentes, creo que hay dos que han sido clave para este libro y, en general, para mi escritura: por un lado Idea Vilariño, soy muy fanática de todo lo que ha escrito, y por otro lado, contemporánea, Nia Martínez tuvo una influencia grandísima en mí para dar los últimos detalles al libro. Su “Campeona de Tutti Frutti” es una obra a la que volvía cada vez que sentía que no tenía inspiración o que necesitaba encontrar alguna chispita interna para poder escribir.

- ¿Cuáles son las pequeñas historias de esas marcas que aparecen en los poemas (el té, las manchas de pintura en las manos, Taylor Swift)?

- El té, las manchas de acrílico, una canción de Taylor, mi primito dejándome un peluche en la cama para que no duerma sola: son todas historias de lo cotidiano, de lo que me ha ayudado a salir adelante cuando el cuerpo no encontraba el camino. Yo no escribo poemas solemnes, no me interesa que tengan palabras dificiles ni que se sientan lejanos. A mí me gusta que alguien me lea y me diga que se sintió identificado porque estuvo en ese mismo lugar, tuvo esas mismas sensaciones. Y creo que eso solo lo podía lograr desde ese relato cotidiano, me resultaba imposible hacerlo desde otro lugar.

- ¿Cómo estás viviendo este nuevo proyecto editorial que es Invikta?

- InviKta es un sueño. Yo desde chica dije que iba a trabajar en una editorial, lo que no sabía era que iba a trabajar en una editorial con amigos y pasándola tan bien. Es un proyecto que apuesta a nuevas voces y que entiende perfectamente que todos tenemos algo para decir. Le pusimos muchísimas pilas desde el principio, en cinco meses hemos publicado seis autores, todos tucumanos, y dos de esos libros son primeros libros. Yo apuesto al arte y a la cultura siempre, y Tucumán tiene talento de sobra. Trabajar con un equipo que también apuesta por esto y busca mostrar todo el tiempo nuevos artistas es una victoria en estos tiempos tan difíciles.

- ¿Te imaginás un mundo sin poesía?

- Hay poesía en todo: ese momentito mágico donde compartís una risa con alguien que querés, ese abrazo que te dan cuando más lo necesitas, las palabras de un amigo cuando te va mal en algo. Digo, no creo que pueda existir un mundo sin poesía. Y, en todo caso, si no existiese, está claro que la inventaríamos, porque la necesitamos y es parte de nosotros (no solo de los que escribimos, sino de todos; repito, hay poesía en todos lados y todo el tiempo).

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