La encíclica papal sobre la IA abrió el debate en Tucumán

El análisis de dos especialistas y un sacerdote experto en bioética.

MAGNIFICA HUMANITAS. León XIV presentó su primera encíclica, en el Vaticano, a 135 años de Rerun Novarum.
MAGNIFICA HUMANITAS. León XIV presentó su primera encíclica, en el Vaticano, a 135 años de Rerun Novarum.
Hace 4 Hs

La publicación de Magnifica Humanitas, primera encíclica del papa León XIV, también levantó oleaje en Tucumán. El documento -110 páginas dedicadas a los efectos de la inteligencia artificial sobre la dignidad humana- generó reacciones inmediatas entre especialistas locales. Para reflejarlas, LA GACETA consultó a un experto en IA y columnista del diario: un sacerdote especialista en bioética y el director del laboratorio de IA de la Universidad Nacional de Tucumán.

Federico Lix Klett, especialista en inteligencia artificial, columnista de LA GACETA y fundador de FALK AI, celebró el documento. “Estoy feliz como católico, pero también como pensador humanista. Es muy bueno ver que la Iglesia empieza a tener una voz, una postura sobre algo que para mí es fundamental”, dijo.

Lix Klett lleva años advirtiendo sobre los riesgos de desarrollar una IA sin la presencia de actores clave del debate público: “En los primeros años no estaban los filósofos, los sacerdotes, los rabinos, los políticos hablando del tema. Esto empieza a poner la discusión en manos de quienes tienen una influencia muy importante a nivel transnacional”.

El especialista destacó además un gesto que consideró simbólico: la presencia en el Vaticano de un cofundador de Anthropic -la empresa creadora del sistema de IA Claude- sentado junto al Papa.

Lix Klett introdujo, sin embardo, un matiz crítico al encuadre del documento. “La encíclica hace referencia a la IA como una revolución industrial, y yo sigo afirmando que es mucho más -afirmó-. No es comparable con la máquina de vapor, con la bombilla eléctrica ni con internet. La inteligencia artificial tiene la capacidad de narrar historias y generar nuevos datos. Eso le da un poder transformador enorme”.

El experto fue aún más lejos: “Dentro de muchos años vamos a decir: ‘esto fue un cambio de era total, no una revolución industrial’, porque nos va a modificar como humanidad.”

El sacerdote Marcelo Barrionuevo, párroco de la iglesia Cristo Rey y experto en temas de ciencia y bioética, contextualizó el peso institucional del texto.

Una encíclica, explicó, “es un instrumento magisterial de altísima autoridad, al cual los católicos adherimos con fuerza de doctrina”. Y añadió: “No es lo mismo que una exhortación pastoral. Marca un camino, baja una línea e indica a la Iglesia cómo abordar determinados temas; en este caso, la era digital”.

El sacerdote trazó el hilo histórico que une a los dos papas llamados León. Así como León XIII respondió a la Revolución Industrial con la Rerum Novarum en 1891, León XIV -que firmó el documento en el aniversario número 135 de aquella carta- asume la Revolución Digital como el nuevo desafío de época. La Congregación para la Fe ya había sacado hace tres años un documento preparatorio. El Papa ahora le da fuerza doctrinal, indicó.

Para Barrionuevo, la imagen bíblica que estructura la encíclica -la encrucijada entre una nueva torre de Babel y la construcción de la Ciudad Santa- tiene una lectura precisa: la torre de Babel, como el ícono de la autosuficiencia del hombre, que se repite a lo largo de la historia. “Hemos pasado del capitalismo industrial al capitalismo digital. Hoy todo se concentra en los datos, en los algoritmos, en las plataformas digitales, y eso tiene una enorme influencia en la condición humana”, consideró Barrionuevo.

El sacerdote insistió en que la Iglesia no condena la tecnología. Lo que rechaza es su uso para reemplazar o dañar a la persona: el problema de las pantallas en la educación de los niños, las manipulaciones en el mundo político y, especialmente, el uso militar de la IA. “Usar la inteligencia artificial para matar más”, resumió.

“Un paraguas global”

Desde la ingeniería, Gustavo Juárez, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial de la UNT e integrante del IEEE -organización que reúne a medio millón de ingenieros voluntarios en el mundo-, también habló con LA GACETA sobre el documento.

“Esto explotó en 2022 y la Iglesia -como todos los cultos- iba a terminar involucrándose”, afirmó Juárez, y recordó que el propio Papa Francisco fue víctima temprana de una fake news generada por IA: la imagen viral de una campera blanca que nunca usó.

Para el ingeniero tucumano, el valor central de Magnifica Humanitas es su llamado a la regulación. “Creo que la encíclica viene a plantear que esto hay que regularlo. Necesitamos un paraguas global que defienda a la humanidad respecto del uso de la información en contra nuestra.”

Juárez identificó tres dimensiones de poder que concentran hoy más influencia que muchos gobiernos: los dueños de los datos, los dueños de los algoritmos y los dueños de los data centers. “Son contenidos que se trasladan y no pueden ser chequeados. Chequeado.com (medio digital dedicado a la verificación de datos) te queda chiquitito para validar todo lo que escuchamos”, ironizó.

El problema, señaló, es que la regulación excede fronteras nacionales: “Los esfuerzos del gobierno argentino se limitan a nuestro territorio (mientras que) los data centers están en países con otras regulaciones y nuestros datos físicamente están allí”.

Por eso, según Juárez, la encíclica es oportuna porque interpela a actores globales: organizaciones como el IEEE o la ACM, que pueden exigir a las empresas garantías éticas como condición para comercializar sus productos.

El consenso entre estas tres voces locales deja flotando la pregunta sobre cómo la humanidad quiere relacionarse con la IA.

En ese contexto, la Iglesia acaba de entrar en la conversación.

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