El director argentino Federico Luis ganó en el Festival de Cannes con un corto mexicano
Palma de Oro por “Para los contrincantes”, un filme de 15 minutos que sigue a un niño que compite para ser el mejor boxeador infantil en su país. Quejas por el desfinanciamiento a la industria audiovisual nacional.
El cortometraje “Para los contrincantes”, dirigido por el argentino Federico Luis en una coproducción entre México, Chile y Francia, ganó ayer la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cine Cannes en su categoría. Es la primera vez en las 79 ediciones de la fiesta gala que un realizador nacional obtiene esa distinción, aunque en este caso no haya sido por un filme rodado en el país sino en el extranjero.
Sin embargo, no es la primera vez que Luis es premiado en Cannes. En 2024 fue reconocido en la Semana de la Crítica por su ópera prima “Simón de la montaña” (disponible en la plataforma Netflix), sobre la amistad entre un joven y un grupo de personas con problemas mentales.
La producción premiada se centra en la vida real de Damián López, quien a sus 10 años sueña con convertirse en campeón infantil de boxeo en México, para lo cual debe imponerse en un torneo para lograrlo. El guión plantea los desafíos sociales que afronta en un entorno marcado por las dificultades impulsado por sus deseos, en los que ve la única posibilidad de salir de su pobre barrio Tepito, la zona popular donde grabó su película.
Fusión entre documental y ficción, en 15 minutos logra describir un mundo cruel y despiadado, en una historia que se inspira en un relato del escritor mexicano Mario Bellatin. En otro libro de se mismo autor, se basa el director para la preparación de su futuro nuevo largo, que tratará de un entrenador de perros.
El detalle de su cámara sigue, con primeros planos, la inocencia de un niño enfrentado a un momento crucial con su propio padre como entrenador. La brutalidad y la sangre sobre el ring se contraponen con las necesidades afectivas y el espíritu lúdico de quien no tiene edad para afrontar los rigores de la vida y cumplir con las expectativas de los adultos que deberían cuidarlos. Así, en sus puños carga con las necesidades de otros.
“Por unanimidad, otorgamos la Palma de Oro a una película que muestra (...) el alma de un niño frente a su primera lección de vida. Una película que nos recuerda que crecer también significa aprender a perder, pero seguir avanzando”, declaró la directora española Carla Simón, presidenta del jurado, al entregar la estatuilla.
“Es realmente maravilloso estar aquí y también un poco agridulce estar aquí sabiendo que, en este momento, están ocurriendo muchas cosas extremadamente crueles en el mundo. Muy pocas personas pueden interesarse por lo que pueda decir un pequeño, pero muchísimas gracias a todas las personas importantes que están aquí por alzar y correr la voz”, añadió.
Luis resaltó: “Soy un director argentino, pero como está muy difícil filmar en mi país por los constantes ataques y el desfinanciamiento del Gobierno a la cultura, pude rodar en México con aportes míos y de otros países; es una sensación bastante contradictoria tener más apoyo afuera que en la Argentina”. “Espero que este premio me permita a mí, pero también a muchos otros colegas y artistas, volver a trabajar en Argentina, donde hay una política de destrucción de las artes. Mientras tanto, me siento muy cómodo filmando en otros países latinoamericanos, donde soy bienvenido”, agregó en la ceremonia en Francia.
El premio mayor
La Palma de Oro al mejor largometraje también tuvo como eje a la infancia, pero desde otro nfoque y contexto: fue para “Fjörd”, un filme noruego dirigido por Cristian Mungiu (quien repite luego de que en 2008 se impusiese por “4 meses, 3 semanas, 2 días”) y protagonizada por Sebastian Stan y Renate Reinsve, nominada al Oscar a mejor actriz este año por “Valor sentimental”.
El guión narra el enfrentamiento en una pequeña ciudad entre la burocracia laica y progresista noruega y una familia de inmigrantes rumanos evangélicos conservadores, enfrentados por un supuesto caso de maltrato corporal a menores de edad que terminan con la separación familiar.
El Gran Premio del Jurado terminó en manos de “Minotaur”, del director ruso exiliado en Francia Andrey Zvyagintsev, que aborda el cambio de visión de un empresario a medida que avanza la corrupción, la decadencia moral, la invasión a Ucrania y una guerra que no tiene fin. El realizador está enfrentado al presidente Vladimir Putin, a quien -en su discurso de aceptación, pero sin nombrar su apellido- le pidió que termine “esa matanza, el mundo entero lo espera, millones de personas a ambos lados del frente solo sueñan con esa cosa”.
La guerra ya había sido abordada por el director del Festival de Cannes, Thierry Frémaux, quien, al entregar el premio al mejor documental (se lo llevó
) sostuvo: “Ucrania no perderá y Putin no ganará; en cualquier caso, Putin ya está perdiendo cuando hay cineastas de tanta calidad que hacen películas de tanta calidad para decir la verdad sobre este conflicto”.
En tanto, la estatuilla a la mejor dirección fue para dos películas ex aequo. Por un lado, lo ganó el polaco Pawel Pawlikowski por “Fatherland”, con el regreso del escritor alemán Thomas Mann a tu país en la posguerra; y por el otro, se lo llevaron los españoles Javier Ambrossi y Javier Calvo (conocidos como los Javis), por “La bola negra”, que reivindica a los homosexuales perseguidos por los franquistas durante la Guerra Civil Española, a partir de una obra teatral inconclusa de Federico García Lorca.
En el resto de las categorías, el Premio del Jurado fue para “The dreamed adventure”, de Valeska Grisebach; y el de mejor guión, para “Notre salut”, escrito por Emmanuel Marre. Los de actuaciones fueron compartidos, tanto en femeninas como masculinos: se los llevaron Virginie Efira y Tao Okamoto, protagonistas de “Soudain”, de Ryûsuke Hamaguchi, y Emmanuel Macchia y Valentin Campagne, por “Coward”, de Lukas Dhont.







