Campo de Piedra Pómez, un paisaje lunar en la Tierra. Imagen: Argentina.gob.ar
Resumen para apurados
- El Campo de Piedra Pómez, un desierto blanco en la Puna de Catamarca, destaca como atractivo turístico único formado por erupciones volcánicas y erosión eólica hace milenios.
- Originado por el volcán Blanco, este laberinto de magma petrificado fue declarado Área Protegida en 2012. Su acceso requiere vehículos 4x4 debido a la complejidad del terreno andino.
- La regulación del ecoturismo busca preservar este ecosistema frágil ante el interés global. Su puesta en valor consolida al norte argentino como destino de naturaleza de élite.
El magma petrificado provoca ondulaciones de todo tipo. De repente, la sensación de estar parado en un océano blanco se vuelve abrumadora. Un oleaje estático configura uno de los paisajes más asombrosos del mundo producto de los impulsos volcánicos y las cinceladas pacientes de los vientos. Campo de Piedra Pómez en Catamarca es un extenso escenario donde la nada cobra un espesor asombroso, envuelto en una naturaleza muerta que deja sin aliento a los visitantes.
Campo de Piedra Pómez es un punto en la inmensidad de la Puna catamarqueña. Allí, la roca petrificada se convierte en un océano blanco que inunda el horizonte. Las caminatas se suspenden sobre el oleaje de la piedra que se detiene en surcos y crestas inmensas suspendidas en el tiempo. Similar a los paisajes que se verían en la Luna, esta vasta área se encuentra a 3000 y 4000 metros sobre el nivel del mar y sus gigantes de roca pueden llegar hasta los cuatro metros de altura.
Un desierto singular suspendido en las alturas
Ubicado a 63 kilómetros de la Villa de Antofagasta y a 10 kilómetros de El Peñón, Campo de Piedra Pómez es un desierto singular, considerado uno de los más asombrosos del mundo. Este fue resultado de la actividad volcánica, donde las erupciones se enfriaron para convertirse en roca blanca y los fenómenos meteorológicos y el paso del tiempo le dieron ese aspecto de formaciones que superan la imaginación.
Este capricho geológico, que se extiende a lo largo de 25 kilómetros, ofrece una experiencia cromática camaleónica. La paleta de colores muta con el pasar de las horas: los blancos y grises pálidos de la mañana se transforman en intensos tonos anaranjados y amarillos cuando el sol comienza a caer. Para los aventureros, el terreno propone un desafío de suaves ondulaciones que, tras un breve ascenso, recompensa a los ojos con panorámicas espectaculares que justifican el viaje.
Recomendaciones para explorar la Puna
El misticismo del lugar invita a realizar caminatas silenciosas, safaris fotográficos y avistamiento de aves, siendo el circuito de los "Gigantes de Piedra Pómez" uno de los más imponentes. Sin embargo, la Puna impone sus reglas. Los expertos recomiendan programar las visitas entre septiembre y marzo, ya que el crudo invierno catamarqueño complica los traslados. Asimismo, el horario matutino es el ideal para ganarle de mano a los intensos y gélidos vientos que suelen desatarse después del mediodía.
La ciencia estima que este escenario de ciencia ficción se originó hace unos cien mil años. Fue el resultado de colosales eventos volcánicos, principalmente por las emisiones del volcán Blanco —también conocido como Robledo—. Los milenios hicieron el resto: la erosión y el implacable viento puneño tallaron las caprichosas formas de las rocas.
Cómo llegar a este santuario
Para preservar este tesoro, el Campo de Piedra Pómez fue declarado Área Natural Protegida en 2012. El sitio cuenta con el cuidado de guardaparques y un reglamento estricto para garantizar el bajo impacto ambiental: está terminantemente prohibido ingresar con vehículos al corazón del campo. El ecoturismo, la contemplación y el respeto por el entorno son las únicas huellas permitidas para resguardar la magia del lugar.
Llegar a este confín catamarqueño requiere planificación. Desde San Fernando del Valle de Catamarca separan unos 522 kilómetros de aventura. El acceso definitivo se realiza desde Corral Quemado (a 190 kilómetros), transitando la mística Ruta Provincial Nº 43. Es un camino de paisajes colosales, montañas imponentes y vientos fuertes, apto únicamente para vehículos 4x4 debido a la complejidad del terreno. Para quienes no dispongan de este tipo de rodados, la opción ideal es contratar excursiones con guías o baqueanos locales desde El Peñón, Antofagasta, Belén o Santa María.








