Misión Quinoa: científicos buscan llevar este cultivo al espacio y una tucumana lidera el proyecto
Resumen para apurados
- La científica Pamela Such lidera Q Orbit, misión internacional que enviará quinoa al espacio por nueve meses para probar su viabilidad en futuras colonias en Marte o la Luna.
- El proyecto incluye pruebas en Hungría con suelo lunar simulado y sistemas hidropónicos. Se busca aprovechar la resistencia natural del grano a la radiación y climas extremos.
- Los resultados permitirán desarrollar cultivos espaciales y terrestres más resilientes al cambio climático, posicionando a la ciencia argentina en la carrera espacial global.
La posibilidad de cultivar alimentos más allá de la Tierra dejó de ser un concepto exclusivo de la ciencia ficción. Con ese horizonte, un equipo internacional de investigadores avanza con “Q Orbit”, una ambiciosa misión que busca comprobar si la quinoa puede convertirse en un cultivo clave para futuras colonias humanas en el espacio. Entre los protagonistas se destaca la científica tucumana Pamela Such, quien coordina el proyecto junto a especialistas de Europa y Argentina.
“Buscamos estudiar la resiliencia y la viabilidad de las semillas de quinoa en condiciones extraplanetarias”, explicó Sucha LA GACETA al detallar los alcances de la iniciativa. El proyecto surge como continuidad de investigaciones previas realizadas en laboratorio entre instituciones como la Universidad de York y la Fundación Miguel Lillo, pero ahora da un paso más: probar en condiciones reales.
El plan contempla enviar semillas al espacio dentro de una cápsula desarrollada por la empresa Genesis Space Flight Laboratories, en una misión financiada por la Orion Space Generation Foundation, presidida por Roland Meszter. Allí permanecerán en órbita durante aproximadamente nueve meses, simulando un eventual viaje a Marte.
Un cultivo con ventajas únicas
La elección de la quinoa no es casual. Según explicó el especialista del INTA San Juan, Lucas Guillén, se trata de un cultivo con una notable capacidad de adaptación.
“La quinoa tiene propiedades únicas: puede crecer desde el nivel del mar hasta más de 3.500 metros de altura, en condiciones agroclimáticas muy diversas”, señaló. Además, recordó que estudios previos ya demostraron que sus semillas pueden resistir condiciones extremas como radiación y bajas temperaturas, manteniendo su capacidad de germinación.
Ese potencial la convierte en una candidata ideal para ensayos en ambientes extraterrestres, donde las condiciones son mucho más hostiles que en la Tierra.
Simular la Luna y Marte en un laboratorio
Antes del viaje al espacio, los científicos realizan pruebas en la Tierra utilizando regolito, un material que imita la composición del suelo lunar y marciano. En esos entornos controlados, buscan determinar si la planta puede germinar, crecer y desarrollarse.
Los experimentos se llevan adelante en Hungría, en los laboratorios de E-Green Farming Solutions, liderados por Petra Valent. Allí se utilizan sistemas hidropónicos avanzados, iluminación artificial que simula la luz solar y mecanismos de reciclaje de agua de alta eficiencia.
“Diseñamos infraestructuras que permiten a las plantas fotosintetizar como si estuvieran en la naturaleza”, explicó Valent. Estos sistemas logran reutilizar hasta el 96% del agua, una característica clave para cualquier futura colonia espacial.
Además, los investigadores recrean la llamada rizosfera, un microecosistema de microorganismos que favorece el crecimiento de las plantas, indispensable para garantizar su desarrollo fuera de la Tierra.
Qué esperan encontrar
Uno de los momentos clave será el regreso de las semillas. El equipo analizará si lograron sobrevivir a condiciones extremas como radiación, vacío y las fuerzas del despegue y reingreso.
“Esperamos que germinen nuevamente y poder estudiar posibles cambios en su ADN”, indicó Such. Los análisis incluirán estudios moleculares y nutricionales para determinar si siguen siendo aptas para el consumo humano.
Pero el impacto del proyecto no se limita al espacio. Según Guillén, estos avances también podrían tener aplicaciones en la Tierra, especialmente frente al cambio climático.
“Estos estudios pueden ayudarnos a desarrollar cultivos más resistentes a condiciones extremas, algo clave para el futuro del agro”, afirmó.
Argentina, en la carrera espacial
Para Such, la participación de instituciones como el INTA, la Fundación Miguel Lillo y la Universidad de San Pablo-T posiciona a Argentina en un lugar destacado dentro de este campo emergente.
“El país tiene muchísimo conocimiento acumulado. Llevarlo al ámbito espacial es una forma de adelantarnos y posicionarnos entre los primeros”, sostuvo.







