“Los hombres son como los osos, cuanto más feos, más hermosos”, dice un refrán español. Como es sabido, alude a que la belleza masculina no necesariamente sigue las pautas culturales hegemónicas (lo que se supone que “es lindo”), sino que hay otros rasgos en juego que pueden hacer a un hombre atractivo y, sobre todo, viril.
Curiosamente, esta sentencia cobra también sentido en el universo LGBT. Más precisamente, en el mundo gay, donde los “osos” constituyen una verdadera tribu. ¿A qué se refiere esta denominación?
A hombres -por lo general, maduros- que tienen un cuerpo grande, fornido y, por supuesto, peludo: bigote y/o barba, vello corporal abundante. La vestimenta, masculina, suele reflejar la estética de un hombre de la clase trabajadora.
En suma, los “osos” desafían el clásico estereotipo asociado a los varones homosexuales: flacos, lampiños, bien arreglados y citadinos. Así, esta subcultura, con sus ejemplares rudos y corpulentos, busca visibilizar que hay muchas maneras de ser gay.
El origen
Al parecer, “oso” en estos términos surgió en la década del 80, en San Francisco, Estados Unidos. La revista LGBT The Advocate -la más antigua y de mayor circulación en ese país- se adjudica haberlo acuñado, en su artículo de 1979 “Who’s Who at the Zoo?” (“¿Quién es quién en el zoológico?”), donde caracterizó a los hombres homosexuales como siete tipos de animales distintos, entre los que figuraban los osos. Lo cual luego derivó en diferentes subcategorías o tipos: “oso polar”, por su pelo blanco como la nieve; “oso panda”, por su ascendencia asiática; “oseznos”, los jóvenes, son algunos ejemplos.
En la jerga también figuran las “nutrias” (otro animal, pero vendrían a ser los osos flacos), las “lesbear” (lesbianas que se identifican como osos) y “Ricitos de Oro”: aquella persona hétero -casi siempre una mujer-, que más de un oso tiene como amiga cercana.
Una comunidad fuerte
La comunidad osuna tiene una fuerte presencia global: se destacan en las marchas del orgullo, tienen su bandera, y también sus festivales, bares, podcasts, películas, literatura -incluso poesía-, merchandising y hasta concursos de belleza.
En Grindr -la app de citas para hombres gays y bisexuales- la autodenominación “oso” abunda en los perfiles. Daniel Franzese, conocido por su papel en la película “Mean Girls”, estrenada en 2004, es uno de sus íconos (lo mismo que Edgar Vivar, el actor mexicano que encarnaba al Señor Barriga en “El Chavo del 8”).
Pioneros en nuestro país, en el año 1997 se fundó el Club de Osos de Buenos Aires (COBA), actualmente instituido como asociación civil sin fines de lucro, con cerca de 200 socios activos y sede propia en el barrio de Constitución.








