La primera en sufrir, la última en recuperarse

¿Se siente la crisis económica? Sí, y fuerte. El poder adquisitivo se cayó y una entrada dejó de ser un gasto posible.

Hace 5 Hs

Gustavo Calleja

Gestor cultural con experiencia en ámbitos públicos y privados - cursante de la diplomatura en el área del CFI

Tucumán no tiene crisis de creación. Tiene crisis de circulación y de economía. Hay artistas, hay salas, hay público potencial. Lo que no hay es plata que circule y modelo que sostenga. Es una escena fragmentada: el Estado produce con sus elencos, el independiente sobrevive a pulmón y el privado casi no existe. Las tres patas no se tocan. Y las formas  híbridas que empezaban a surgir están golpeadas por la recesión

¿Se siente la crisis económica? Sí, y fuerte. El poder adquisitivo se cayó y una entrada dejó de ser un gasto posible. La gente elige alimento y transporte antes que cultura. Resultado: taquilla baja, salas que no cubren costos de servicios, artistas que no pueden vivir con su obra y vuelven a la docencia. El subsidio de la Comisión Provincial del Tearo Independiente del Ente Cultural llega tarde y desactualizado frente a la inflación. Y el Estado está igual: menos recaudación, menos margen para cultura. Es un círculo que se contrae hasta que se vuelve insostenible.

El mito de “que trabaje con la de él” es la mirada liberal aplicada mal a la cultura. Nadie le dice a un hospital público “si no es rentable, cerralo”. Porque se entiende que es un derecho y una inversión social. Con la cultura pasa lo contrario. Se le exige que sea autosustentable en un contexto donde el salario está destruido. Esa frase es la privatización del riesgo: el artista pone cuerpo, tiempo y plata; y si no funciona, la culpa es suya.

La cultura no es un ecosistema aparte. Cuando la industria se desmantela y la recaudación cae, es la primera en sufrir y la última en recuperarse. Pero también es la primera en sostener le tejido social. En barrios donde no hay club ni biblioteca, la sala independiente o el centro cultural es el único lugar de encuentro. No genera PBI en el corto plazo, pero sí ciudadanía. Medirla solo por rentabilidad es no entender su función.

El Estado tiene salas pero en muchos casos no tiene proyectos El independiente tiene proyectos, pero no tiene techo. Y la gente, agobiada por la crisis, cree que hay que elegir uno. En realidad hay que articularlos: el Estado pone el lugar y el sostenimiento y el independiente, la programación y la creación. Acá es donde el gestor cultural tiene que dejar de ser solo productor y pasar a ser traductor: traducir a la sociedad por qué sostener la cultura no es un lujo cuando se cae el salario; es lo que te mantiene la salud mental, la identidad, la cohesión. Si no, el único entretenimiento es el de streaming pago.

Desde la Constitución Provincial de 2006 se sancionaron una serie de leyes sobre cultura, como la de Patrimonio, el Fondo Editorial, teatro independiente, de emergencia  de museos, de mecenazgo y más recientemente de cine y de espacios culturales independientes, para citar ejemplos. Pero las leyes no son (a diferencia de lo que muchos juristas y burócratas sostienen) fórmulas infalibles para hacer una realidad sustentable.

La ley de Mecenazgo es el ejemplo perfecto de oportunidad mal diseñada y peor ejecutada, con un diseño inicial que no incentiva. Con el 3% de devolución fiscal, ningún empresario pone plata. En Buenos Aires arrancó con 100% y 50% de devolución y funcionó: empresas invirtieron en teatro, música, artes visuales. Después lo fueron bajando. En Tucumán es como querer que alguien invierta en una fábrica y devolverle el 3% del costo. No cierra por ningún lado. Debería empezar con el 80% de devolución para atraer al privado e ir bajándolo al 30% a partir del quinto año, cuando el sistema esté funcionando.

Mientras que en otras provincias se pasó a fondos culturales, puntos de cultura y créditos blandos, Tucumán se quedó en la primera versión de la ley. No la revisamos, no la ajustamos, no la promocionamos. El resultado: el privado no entra y el Estado sigue solo bancando con subsidio escaso.

Urgente, se debe crear un observatorio cultural, porque faltan datos para formular políticas publicas; hay que construir fideicomisos culturales -fondos de inversión cultural para que el privado ponga plata para producir cinco obras y recupere con taquilla y beneficio fiscal; otorgar créditos blandos por entidades públicas para refaccionar o equipar salas independientes y que se devuelva en 24 meses con tasa subsidiada; hacer promoción cultural como la industrial, para que un productor tenga exenciones impositivas los primeros tres años; tener un banco de herramientas culturales, con equipamiento para emprendimientos sustentables y que generen empleo; capacitaciones en marketing cultural; y sancionar la figura de “trabajador cultural intermitente” con aporte reducido y acceso a obra social. Y paralelo: capacitación al empresariado. Que entienda que invertir en cultura no es una donación: es responsabilidad social y posicionamiento de marca.

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