Renato Cisneros: “Las familias funcionan como mafias”
Acaba de presentar en la Feria del Libro de Buenos Aires una reedición de La Distancia que nos separa, en cuyo texto expuso a su padre militar, formado en la Argentina en la camada de Videla y Galtieri y luego ministro de los presidentes peruanos Morales Bermúdez y Belaunde Terry. El libro fue finalista de la II Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, elegida “mejor novela del año” por los lectores del diario El Comercio, finalista del Premio Médicis, ganador del Transfuge en Francia y del PEN Award.

Por Claudio Ravini
Para LA GACETA - BUENOS AIRES
Luis Federico El Gaucho Cisneros fue General del Ejército peruano en tiempos en que Sendero Luminoso estaba en su apogeo. Años después de su muerte, Renato empezó a indagar sobre la actuación de su padre durante la represión. “¿Habrá ordenado la tortura o la muerte de alguien? era una pregunta que me atormentaba”, dice el autor que desde el título de su libro, La Distancia que nos separa, alude a las diferencias con su progenitor.
La obra tuvo su génesis años después del fallecimiento de El Gaucho Cisneros, cuando el hijo del medio del segundo matrimonio de aquel, Renato, empieza a descubrir aspectos ocultos o desconocidos de su padre. La investigación la hizo a través de archivos, testimonios, y también sumó sus propias vivencias hogareñas. La narración de Renato irá desde Buenos Aires (donde su abuelo Fernán, exiliado por persecución política, trabajaba en el diario La Nación, y su padre entró en la milicia y tuvo su primer amor) hacia Perú, el país de sus antecesores, donde se desarrolló la vida adulta de El Gaucho.
Entre otras revelaciones que contiene el libro, Renato cuenta que el padre había ocultado en su casa a alguien que (le confesó su mamá) le decían “Pajarito” y resultó ser el represor Suárez Mason.
Una anécdota que también incluye el libro, ocurrió durante la guerra de Malvinas cuando Belaunde le pidió a El Gaucho -que integraba su gabinete- que se manejara con discreción. Pero a los seis días apareció en la tapa de la revista Caretas con una FAL, afirmando: “Quiero ir a las Malvinas”.
Una paradoja que comenta Renato es que mientras su tío Juvenal, poeta, tenía fotos con Vargas Llosa, Borges y Jorge Amado; su padre las tenía con Videla y Pinochet. “Yo debería ser hijo de mi tío y no de mi padre”, deslizó.
En el pabellón de Perú de la Feria del Libro, el autor de La Distancia que nos separa comentó que hubo momentos en que dudaba seguir adelante. “Entonces Héctor Abad Faciolince (escritor colombiano) me dio una sugerencia: ‘Habla de tu padre como si no fuera tu padre’. Y tomé el consejo”.
De todos modos -concluyó- “hay momentos en que siento algo afín a mi padre que no tiene que ver con lo ideológico o la forma de ver el mundo, sino con la sentimentalidad, algún gesto; él era autoritario, pero también protector conmigo… No hay villanos las 24 horas del día, aprendí; los personajes se definen en sus paradojas y contradicciones. Si algo puede decir la novela, una década después, es que uno puede tener una mirada desde algo parecido a un lugar neutral, a medio camino entre el hijo y el escritor”.
- Aunque tu padre fue general y ministro en Perú, nació en Buenos Aires.
-Así es, a mi abuelo lo habían deportado. Mi padre nació en 1926, en Esmeralda 865 (Capital Federal), en una quinta que yo visitaría muchos años después, cuando empezó la indagación de esta novela. Vivió en esta ciudad hasta los 24 años, tenía una vida consolidada aquí, una novia que creo fue su gran amor, de manera que cuando empecé esta investigación me sentí muy atraído por tratar de descubrir esa vida argentina de mi padre.
- Contás en la novela que te surgió la idea tras una sesión de terapia a la que fuiste por la depresión que te causó el fin de un noviazgo.
- Sí, yo tenía resuelto el asunto de mi padre; de pronto, a partir de una conversación con el analista empezó a surgir una sensación de enigma sobre quien había sido mi viejo antes que yo venga al mundo.
- No hablas solo de tu padre, es como que “desnudas” a la familia entera. ¿Cómo se toma semejante riesgo?
-Hay quienes dicen que las familias tienen que estar muy jodidas para procrear un escritor. Para mí las familias funcionan un poco como mafias, hay mucho secretismo, se protegen temas tabúes, pero los escritores buscamos escribir siempre desde la incomodidad, confrontar las verdades, los relatos que se tejen en el interior de la familia.
- Sos tataranieto de un sacerdote (tema que aparece desarrollado en Heredarás la tierra), tu padre fue el Gaucho Cisneros, tenías material de sobra para una novela.
- Yo había crecido mirando a los personajes de mi familia Cisneros, y cuando supe que el fundador de la línea paterna había sido un sacerdote, que tenía un apellido implantado y que había un origen un tanto espurio, me obsesioné con esa historia. Contarla fue conflictivo porque la familia no estaba muy interesada en que se revele, pero esa historia en manos de un escritor tenía que ser contada. No podía no hacerlo.
- Alguna vez dijiste que tu padre era un opositor a todo.
- El tenía un problema con la autoridad; un poco en broma un poco, en serio, se definía como un golpista nato, le podía dar el golpe al propio Morales Bermúdez o a Belaunde (de quienes fue ministro del Interior y de Guerra, respectivamente) no discriminaba en ese sentido Si había algo en él era una obsesión con el poder.
-¿Te planteaste como hubiera reaccionado tu padre al leer el libro?
-Es imposible que convivan en algún plano mi padre y el libro. El libro existe porque mi padre dejó de existir, este año habría cumplido 100 años, la obra es un intento de restituir algo de él.
- En la nueva edición agregaste un prólogo ¿en qué consiste?
- Se narra un encuentro de mi padre con (el escritor peruano) Julio Ramón Ribeyro en París, en el cual -según los diarios de Ribeyro- mi padre había reconocido que mandó a torturar a una persona. Durante años había pensado si algo así había ocurrido (N de la R: Esa confesión se la hizo mientras tomaban whisky y el Gaucho se habría ufanado que mediante esa acción consiguió desactivar un atentado con toneladas de trotyl; hay en esa confesión terrible una ambigüedad que pasa por si en ese estado no habrá querido presumir de hasta donde era capaz, dice el autor).
-Aparecen dos planos en la obra, el público y el privado; debió ser un trabajo agotador.
-En todo este tiempo crecí, me volví padre (tiene 50 años, vive con su esposa en Madrid, tienen dos hijas). Ahora no podría escribir este libro, me demandó un desapego, una energía que no podría reproducir.
-¿Cuáles fueron las influencias al escribir La Distancia que nos separa?
- Muchas, en esos años me enterqué en leer todo lo que hubiese en el subgénero de literatura del padre. Recuerdo las de Rulfo (Pedro Páramo), Kafka, Paul Auster, Philip Roth, Kureishi, Eduardo Halfon... Hay una larga tradición de autores que han intentado examinar la figura del padre con diferentes objetivos estéticos pero con el mismo ánimo de saber quienes han sido sus progenitores.
-Con la última novela saliste del tema familiar
-Quería moverme de ese lugar, salir de mi zona de confort y trabajar con historias que si bien transmiten temas que me importan hacerlo a partir de biografías no tan cercanas. A eso apunta mi última novela El Mundo que vimos arder, y seguro que en mi próxima novela habrá algo de eso
-¿La desaparición física de Vargas Llosa, de Bryce Echenique, y mucho antes la de Ribeyro cierran una etapa en la literatura peruana?
- Es un momento muy delicado, estamos sumidos en una orfandad doble: Vargas Llosa y Bryce han muerto en menos de un año y eso nos lleva a preguntarnos cuál es el futuro. Son figuras irrepetibles, no va a haber otro peruano tan universal como Mario, ni tan versátil como Bryce, los escritores irán encontrando su rumbo, pero alejados de esos modelos que son más del siglo XX, los que seguiremos acompañando, los libros de ambos van a permanecer por siempre.
- Hay una pléyade de muy buenos escritores peruanos, tu caso, Jeremías Gamboa…
-También Santiago Roncagliolo, Claudia Ulloa Donoso, Katya Alawi, entre otros; escritores muy diferentes entre sí que están haciendo su propia literatura desde el lugar que les ha tocado.
- Muchos escritores peruanos escriben sobre su país desde Europa.
-Siempre ha ocurrido, los libros más decisivos de V Llosa, Bryce, Ribeyro sobre el Perú fueron escritos lejos del país, de modo que no es tan raro Es verdad que hay una diáspora, aunque no me gusta hablar de nacionalidades, la literatura peruana está edificada por los que viven en Perú y por los que vivimos fuera. No creo que sea decisivo el factor geográfico.
-¿Cómo encontraste a la Argentina?
-Cara, tensa, un tanto problemática -no tan distinto a otras épocas- y al mismo tiempo la siento con la expectativa de que algo bueno pase pronto para que el país no decaiga. La veo así: tensa y expectante.
© LA GACETA
Perfil
Renato Cisneros (Lima, 1976) es escritor y periodista. Trabajó en los diarios El Comercio y La República, y fue conductor de programas de radio y televisión peruanos. Es autor de las novelas Nunca confíes en mí (2011), Raro (2012), Dejarás la tierra (2017; Mención Especial en el Premio Nacional de Literatura 2018 en su país) y Algún día te mostraré el desierto (2019). La distancia que nos separa (2015; Alfaguara, 2021, 2026).







