Jóvenes y trabajo en Tucumán: informalidad, frustración y un mercado que no logra integrarlos

La generación Z da sus primeros pasos en un mercado laboral cambiante. Especialistas en Recursos Humanos, jóvenes trabajadores, estudiantes y emprendedores coinciden en un diagnóstico incómodo: el problema no es que los jóvenes no quieran trabajar, sino que el sistema muchas veces no está preparado para incluirlos.

RADIOGRAFÍA DEL MERCADO LABORAL. El 13% de los jóvenes de entre 19 y 25 años accede a un empleo formal. RADIOGRAFÍA DEL MERCADO LABORAL. El 13% de los jóvenes de entre 19 y 25 años accede a un empleo formal.
Por Leandro Díaz Hace 4 Hs

Resumen para apurados

  • La informalidad laboral juvenil en Tucumán alcanzó el 63% en el primer trimestre de 2025, evidenciando un mercado que no logra integrar a la Generación Z en puestos registrados.
  • Con una desocupación del 19%, el sistema falla por la desconexión educativa y la exigencia de experiencia previa, forzando a la mayoría a empleos sin aportes ni seguridad social.
  • Expertos señalan que las empresas deben modernizar sus modelos para atraer a jóvenes que buscan bienestar. La precariedad actual compromete el desarrollo económico de la provincia.
Resumen generado con IA

En Tucumán, el nivel de informalidad laboral alcanzó el 59,6% en el primer trimestre de 2025, según datos del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA). Es decir, casi seis de cada 10 trabajadores no realizan aportes ni cuentan con cobertura social. A nivel nacional, la cifra también preocupa: el 43% del empleo es informal.

Sin embargo, el impacto es aún más profundo cuando se analiza a la población joven. Entre los 16 y 24 años, la informalidad ronda el 63%, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC). Lo que implica que la mayoría de los jóvenes trabaja sin estabilidad, sin derechos laborales y sin posibilidad concreta de proyectar un futuro. A esto se suma un dato igual de alarmante: la desocupación juvenil alcanza el 19%, casi el triple que la de la población adulta.

El problema no es solo cuántos jóvenes trabajan, sino cómo lo hacen. Según distintos informes del mercado laboral, apenas el 13% de los jóvenes de entre 19 y 25 años accede a un empleo formal, mientras que siete de cada diez aceptan trabajos fuera de su interés por necesidad económica, según el estudio regional de ManpowerGroup junto a Junior Achievement (2025).

En paralelo, el sistema educativo tampoco logra acompañar esa transición: el 90% de los estudiantes no finaliza la escuela secundaria en tiempo y forma, según relevamientos de Argentinos por la Educación (2025), lo que impacta directamente en la empleabilidad futura.

En ese contexto, la inserción laboral se convierte en una carrera extra que se vuelve cuesta arriba. La exigencia de experiencia previa para puestos iniciales, la falta de programas de primer empleo y la desconexión entre educación y mercado terminan configurando un escenario donde la promesa tradicional que solía aplicar para las generaciones pasadas -estudiar, trabajar y progresar- aparece cada vez más debilitada.

“No es falta de compromiso”: qué dicen los especialistas en RRHH

Para Victoria de la Encina, psicóloga especialista en Dirección de Recursos Humanos, el error más común es analizar a la Generación Z desde el prejuicio. “No es una generación menos comprometida, es una generación que redefine el compromiso”, sostiene. “No rechazan el trabajo, lo que rechazan es una forma de trabajo que no les devuelve sentido, desarrollo ni bienestar”, dice.

La especialista advierte que el contexto en el que crecieron estos jóvenes -hiperconectividad, pandemia, crisis económica- transformó por completo la relación con el empleo. “Hoy buscan una ecuación más equilibrada entre salario, propósito y calidad de vida. No eligen entre uno u otro, quieren todo junto”, explica. En ese sentido, remarca que el problema muchas veces no está en los jóvenes, sino en las organizaciones: “las empresas siguen preguntándose por qué los jóvenes se van, cuando deberían preguntarse por qué no querrían quedarse”.

Pero el análisis se vuelve aún más complejo cuando se incorpora la variable de la desigualdad. “No todos los jóvenes parten del mismo lugar. Algunos llegan sabiendo idiomas, teniendo contactos y/o una buena formación; otros llegan con responsabilidades económicas desde los 14 años. Compararlos con la misma vara es injusto”, señala. Y lanza una frase contundente: “no podemos hablar de talento joven sin hablar de desigualdad”.

En la misma línea, el licenciado en Recursos Humanos Marcelo Acosta Molina advierte sobre una falla estructural en la transición entre educación y trabajo. “La vida del secundario muy pocas veces prepara para el ámbito laboral. Los chicos salen sin saber cómo presentarse a una entrevista o sin saber cómo funciona el mercado”, afirma. Y agrega: “esa es la primera barrera con la que se encuentran”.

Acosta Molina también pone el foco en la frustración y el cuidado de la salud mental: “no es fácil conseguir el primer trabajo, las empresas piden muchos requisitos y los chicos se frustran”. Para el especialista, el cambio cultural es evidente: “antes uno entraba a una empresa y se quedaba toda la vida; hoy los jóvenes buscan desarrollarse, aprender y también cuidar su salud mental”.

Ambos coinciden en un punto central: el mercado laboral actual no está preparado para recibir a esta generación. “No alcanza con pedirles adaptación a los jóvenes, también las organizaciones tienen que revisar sus propios modelos”, plantea De la Encina. Y concluye con una advertencia que sintetiza el escenario: “La Generación Z no vino a romper el mercado laboral; vino a obligarnos a revisarlo. No son la ‘generación de cristal’ por su fragilidad, lo son por su transparencia”.

Frustración, comparación y supervivencia

Detrás de las estadísticas, las calles tucumanas contienen historias que reflejan la complejidad del escenario. Pablo Moreno, estudiante de 21 años, lleva tiempo buscando un trabajo y en sus palabras resume una de las principales barreras: “lo más difícil es que alguien confíe en vos sin experiencia previa”. Y describe el círculo vicioso que enfrentan muchos jóvenes: “piden experiencia, no te contratan por no tenerla, y así nunca podés conseguirla”.

Brisa Falcón, de 25 años, trabaja en un local comercial mientras estudia y grafica el impacto emocional que genera el ingreso al mundo laboral: “a veces frustra sentir que estoy atada al trabajo, que si rindo, que si se inunda la provincia, que si estoy enferma, tengo que llegar pase lo que pase”. A esa presión se suma la incertidumbre a futuro y una crítica a las condiciones laborales: “Quiero progresar, pero está muy complicado conseguir algo donde no te exploten”.

En el caso de Agostina Tapia, de 22 años que estudia y emprende, la necesidad fue el motor para generar sus propios ingresos. “Empecé a emprender por necesidad, tengo papás jubilados y necesitaba tener una independencia económica”, cuenta. Sin embargo, también advierte sobre las dificultades del contexto: “hay pocos puestos disponibles y requisitos muy elevados para quienes recién empiezan”.

Marcos Dellamaggiora, de 22 años, eligió el camino de la economía informal y el autoempleo. “Los jóvenes se desviven por trabajar, pero no quieren hacerlo por dos mangos”, afirma, coincidiendo un poco con lo que exponía la experta en RRHH. Agrega una mirada cruda sobre el mercado: “hay mucha demanda de trabajo y eso permite que algunos empleadores paguen sueldos muy bajos”. Marcos, además, asegura preferir un trabajo que le ofrezca más estabilidad y sueña con seguir estudiando en busca de un futuro acompañado junto a su emprendimiento.

La experiencia de Mayra Barrionuevo, de 20 años y recientemente recibida en Nutrición, refleja otra cara del problema: la inserción profesional. “Desde que me recibí estuve enviando CVs, pero está siendo complicado al no contar con la experiencia que se suele buscar”, explica. Y reconoce la frustración: “tengo muchas ganas de aplicar lo que estudié, pero hay momentos en los que se hace difícil”.

Su diagnóstico es claro: “el sistema no está del todo preparado para los jóvenes, porque busca perfiles con experiencia que todavía no tuvimos oportunidad de adquirir”. A eso se suma un factor clave: “los contactos influyen muchísimo”. Y deja una frase que sintetiza el sentimiento de muchos recién egresados: “no siempre hay una puerta de entrada clara”.

En todos los casos aparece un patrón común: hay esfuerzo, hay adaptación y hay una búsqueda constante, pero también existe la incertidumbre, la comparación y una sensación constante de estar corriendo detrás de oportunidades que no siempre llegan.

Entre derechos vulnerados y falta de control

El subsecretario de Trabajo provincial, Gustavo Martucci, describe una realidad que confirma lo que muestran los datos y los testimonios. “Recibimos denuncias de jóvenes que están trabajando sin estar registrados”, afirma. En muchos casos, agrega, los chicos desconocen incluso sus derechos: “se sorprenden cuando se enteran que pueden acercarse a la Secretaría y pedir una inspección en sus lugares de trabajo”.

El funcionario explica que las irregularidades más frecuentes están vinculadas al trabajo no registrado y a las malas condiciones laborales. “Cuando detectamos incumplimientos, se aplican multas que varían según la gravedad”, señala. Sin embargo, reconoce que el país atraviesa un contexto de poco trabajo que empuja a los jóvenes a aceptar condiciones precarias o que los lleva a trabajar por su propia cuenta. 

En ese sentido, advierte sobre las consecuencias de la informalidad: “un trabajo no registrado implica no tener aportes, obra social ni protección. Los jóvenes deben aspirar a empleos que cumplan con las normas laborales y saber que pueden defender sus derechos”.

El problema, sin embargo, excede al control estatal. Los datos, las voces de los especialistas y las experiencias de los propios jóvenes llegan a un diagnóstico claro: el mercado laboral no logra generar suficientes oportunidades formales, accesibles y sostenibles para una generación que, lejos de rechazar el trabajo, busca algo más que sobrevivir como lo hace gran parte del país. Las condiciones no se dan y el mercado fluctúa a la vez que el tablero político y económico del país y de la provincia se agita cada día, cambiando las variables constantemente.

Los especialistas y los testimonios coinciden que el escenario es muy complejo para quienes buscan su primer empleo y están dando sus primeros pasos. La problemática del futuro laboral de los jóvenes está atravesada por la tensión entre las necesidades y lo que el sistema tiene para ofrecer.

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