
El 1 de Mayo se conmemora el Día Internacional del Trabajador. La fecha fue instituida a partir de la lucha que un grupo de obreros, hacia fines del siglo XIX, motorizó en la ciudad estadounidense de Chicago, con el fin de luchar por así como en otras partes del mundo, el final del siglo XIX se vio marcado por reivindicaciones laborales y sociales. En aquel momento, el principal motivo del movimiento de la clase obrera era la disminución de las horas de trabajo, para quedar en un esquema de ocho horas para la ocupación, ocho para el descanso y otras ocho para el ocio. El 28 de abril de 1930, la Argentina se sumó a esa conmemoración al oficializarse institucionalmente la fecha por parte del entonces presidente Hipólito Yrigoyen. Desde entonces es un feriado inamovible.
Con el tiempo, el mundo laboral fue evolucionando y, de esa manera, se adaptó a la tecnología como complemento indispensable a la diaria tarea. La globalización, el cambio climático, la economía verde, los avances tecnológicos, las plataformas digitales, las grandes transformaciones demográficas y la perseverancia entre y adentro de los países, son las principales variables de los cambios cambios que experimenta el mundo laboral, de acuerdo con un reporte de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Las decisiones que tomemos como sociedad y las políticas públicas producto del consenso son lo que definirán al futuro del trabajo. Un futuro que podemos construir en conjunto mediante un diálogo social efectivo. Es cierto que algunos empleos van a desaparecer, pero también van a surgir nuevos y otros van a transformarse, detalla la organización global. Los desafíos son enormes. La OIT advierte que, antes de terminar 2030, se necesitará la creación de 344 millones de puestos de trabajo para acompañar el ritmo en que crece el mercado laboral.
Los problemas para llegar a esa meta son estructurales. Cuatro de cada 10 trabajadores argentinos no fueron registrados por sus empleadores y están en la precariedad absoluta, muy cerca de la pobreza. El flagelo no se agota allí. El 83,5% de la fuerza laboral nacional formalizada enfrenta algún tipo de vulnerabilidad, ya sea por restringir la cantidad de comida o por resignar su calidad nutricional debido a motivos económicos, expone el Observatorio de la Deuda Social Argentina, dependiente de la Universidad Católica Argentina (UCA). El dato más preocupante es que el 61,1% de los asalariados admite haber tenido que saltearse alguna comida durante su jornada por falta de recursos (un 46,7% de forma ocasional y un 14,4% de manera regular).
La fecha conmemorativa marca un punto de reflexión acerca de la nueva relación entre trabajadores y empleadores. La reivindicación de los derechos tradicionales debe ir acompañada de la adaptación a las nuevas reglas de juego del mercado, de tal manera que el aporte del colaborador esté en consonancia con el propósito de la organización que genera los puestos. Todo esto en un marco de respeto de los deberes y de las obligaciones adquiridas en la relación laboral.







