Karate: es tucumano, tiene 16 años, es una promesa argentina y ganó el oro en los Juegos Sudamericanos de la Juventud

El tucumano Lisandro Fontana se consagró en los Juegos Suramericanos de la Juventud y reafirmó su proyección internacional. Su evolución sostenida lo posiciona como una de las grandes promesas del karate argentino.

Lisandro Fontana es una de las grandes promesas del karate argentino. Lisandro Fontana es una de las grandes promesas del karate argentino.

Resumen para apurados

  • Lisandro Fontana, tucumano de 16 años, ganó el oro en karate (Kumite +68 kg) tras vencer al colombiano Henry Viveros en los Juegos Sudamericanos de la Juventud en Panamá.
  • El joven venía de ser bronce mundial en 2024 y campeón sudamericano en Recife. Logró el título tras una serie invicta frente a rivales de Uruguay, Curazao, Chile y Brasil.
  • Fontana pasará a categoría Junior en el Panamericano de agosto y competirá en el Mundial de Polonia en octubre, consolidando su proyección como gran figura del karate argentino.
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Lisandro Fontana volvió a dar un paso firme en su crecimiento deportivo. El tucumano, de 16 años, se consagró campeón en los Juegos Suramericanos de la Juventud disputados en Panamá, donde se quedó con la medalla de oro en la categoría Kumite +68 kg tras imponerse por 3-1 en la final al colombiano Henry Viveros. Un logro que ratifica su presente y lo consolida como una de las principales proyecciones del karate argentino.

No fue un resultado aislado. Tampoco una sorpresa. Fontana llegó a Panamá con un recorrido que lo ubicaba entre los nombres a seguir: bronce en el Mundial Juvenil de Venecia 2024, subcampeón panamericano en Asunción 2025 y campeón sudamericano en Recife. Una línea de crecimiento clara, sin saltos bruscos, pero con una constante: cada torneo lo encuentra un poco más completo.

El camino

Esa solidez se vio desde el primer combate. Su camino hacia el oro fue, en términos competitivos, impecable. En la fase de grupos (Grupo A) construyó una clasificación sin fisuras: debutó con un contundente 10-2 ante el colombiano Henry Viveros, luego superó al uruguayo Santino Peña por 2-1, venció al curazoleño Jaydion Hooi por 6-3 y cerró la ronda con un trabajado 4-3 frente al chileno Piero Macchiavello. No hubo margen para la duda. 

PRECISIÓN. Fontana venció 3-1 a Henry Viveros en la final de los Juegos Sudamericanos de la Juventud. PRECISIÓN. Fontana venció 3-1 a Henry Viveros en la final de los Juegos Sudamericanos de la Juventud. Prensa COA.

En las instancias decisivas, sostuvo el nivel. En semifinales dejó en el camino al brasileño Luan Florenco por 5-2, mostrando control y claridad en momentos de mayor tensión. Y en la final, volvió a cruzarse con Viveros. Otra vez lo entendió mejor. Otra vez lo resolvió mejor. El 3-1 terminó de sellar una actuación completa, construida desde la lectura y la eficacia. El podio lo completaron Matías Paredez, de Bolivia, y Florenco, de Brasil, ambos con medalla de bronce. Pero el nombre que dominó la categoría fue uno solo.

En la final, esa evolución se hizo visible. Fontana no solo ganó: entendió la pelea. Ya había enfrentado a Riveros en la fase de grupos, lo que le permitió construir un plan junto a su entrenador. “Sabíamos más o menos cómo se manejaba”, explicó. Pero el karate, sobre todo en instancias decisivas, siempre tiene un margen de incertidumbre. Y ahí apareció otra de sus virtudes: la capacidad de resolver en el momento.

Controló los tiempos, eligió bien cuándo atacar y sostuvo la calma. El 3-1 no fue solo un resultado: fue la síntesis de una actuación sólida, sin fisuras, en la que combinó lectura, reacción y eficacia. Ganó porque supo cómo hacerlo.

FELICIDAD PLENA. Fontana continúa cosechando logros de gran magnitud dentro del plano internacional. FELICIDAD PLENA. Fontana continúa cosechando logros de gran magnitud dentro del plano internacional. Prensa COA.

"No pienso en el resultado, sino en todo mi trabajo"

Hay algo en su forma de competir que empieza a marcar una diferencia. Fontana no pelea apurado. No se desordena. Juega con los ritmos y, cuando encuentra el espacio, golpea. Esa madurez no es casual. Tiene que ver con el trabajo, pero también con una manera de pararse frente a la exigencia.

“La presión nunca me resultó algo tan complicado”, cuenta. No es que no la sienta. Está. Los nervios aparecen, las ganas de ganar también. Pero su enfoque va por otro lado. “Trato de no pensar tanto en el resultado, sino en todo lo que hice para llegar hasta ahí”, explicó. Es una lógica que lo sostiene: el resultado como consecuencia, no como obsesión.

El contexto de los Juegos también le sumó otra dimensión. No fue solo un torneo más de karate. “Es algo muy importante porque sale del ámbito del deporte en sí. Compartís con otras disciplinas, con otras delegaciones. Eso lo hace distinto”, valoró. Ese cruce, ese escenario más amplio, también forma parte de su formación.

POTENCIA. Fontana tiene un estilo sólido y agresivo a la hora de atacar. POTENCIA. Fontana tiene un estilo sólido y agresivo a la hora de atacar. Prensa COA.

Lo que viene, sin embargo, será todavía más exigente. En agosto, Fontana tendrá el Panamericano, con un desafío puntual: cambiar de categoría. Dejará Cadetes para competir en Junior, un salto que implica rivales más desarrollados físicamente y con mayor recorrido. “Se nota mucho en lo físico y en la experiencia”, reconoció.

Pero lejos de verlo como un obstáculo, lo asume como una evolución lógica. “Me siento cómodo, siento que estoy a nivel de cualquiera y que le puedo ganar a cualquiera”, afirmó. No es una frase lanzada al aire. Es el reflejo de un proceso en el que, según él mismo marca, lo físico fue uno de los puntos donde más creció en el último tiempo. “Trabajé mucho la fuerza, la potencia y la velocidad. Y eso se nota”, explicó.

Ese desarrollo físico se combina con una base técnica y táctica que ya venía consolidada. Y ahí aparece otra clave: la constancia. Fontana entiende que, a medida que sube el nivel, también cambian los rivales, los estilos, las exigencias. Por eso el trabajo no se detiene.

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Nuevos desafíos

Más adelante, en octubre, llegará el Mundial de Polonia. Una cita mayor, donde intentará repetir o mejorar lo hecho en Venecia en 2024, cuando se subió al podio. Será otro escenario para medir su evolución, en un contexto donde cada detalle cuenta.

En ese recorrido, hay un hilo conductor: la confianza. No como una certeza ingenua, sino como una construcción. “Desde que empezó el torneo sentía que me iba a ir bien”, dijo sobre Panamá. No fue intuición. Fue lectura de su propio proceso.

A su edad, Fontana ya dejó de ser solo una promesa. Sus resultados lo posicionan, pero es su manera de competir lo que lo sostiene. En un deporte donde la cabeza juega tanto como el cuerpo, el tucumano parece haber encontrado un equilibrio poco común.

El oro en Panamá no es un punto de llegada. Es, en todo caso, una confirmación. De que el camino es el correcto. De que el crecimiento es real. Y de que, si logra sostener esta línea, su nombre va a seguir apareciendo cada vez más arriba.

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