El tema de nuestro tiempo
Hasta ahora fue vencer la inflación. La enfática enunciación de ese objetivo ayudó a Javier Milei a llegar al poder y a encontrar el respaldo necesario para avanzar en su gestión. De cara a 2027, el desafío de la dirigencia es encontrar la forma adecuada de plantear la cuestión que sintonice con las preocupaciones y expectativas de la mayoría de los argentinos.
El periodista Carlos Pagni suele decir que Javier Milei encontró, en el menú de su campaña, “el tema de nuestro tiempo”: la inflación. Es, como la malaria en Uganda, una enfermedad vieja para el resto del mundo, pero que afecta a toda una población atrapada en un laberinto vetusto. La caída de la inflación, del 211% del último año de la gestión de Alberto Fernández al 31% del año pasado, es el principal activo de la actual gestión.
El Gobierno postuló una vacuna para la endemia argentina: corte de la emisión y superávit. “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”, repitió Milei, citando al Nobel Milton Friedman, y puso un plazo para el colapso del índice de precios: 18 a 24 meses. Por eso el corcoveo inflacionario, que llegó a un 3,4 en marzo –mes 28 de la gestión Milei-, preocupa tanto al Presidente. En medio de la desazón, el Presidente lanzó un pronóstico –“agosto comenzará con cero”- cuya consistencia se debilitó a las pocas semanas. La promesa de “el fin de la inflación” –título de un libro del primer mandatario- es un oasis movedizo en el desierto, un arco que se corre y afecta la resistencia administrada de los corredores de la maratón nacional.
¿Cuál será el tema de nuestro tiempo en 2027? La preocupación por el aumento generalizado de precios ha sido desplazada del primer lugar que ocupaba en 2023 en los rankings de los estudios de opinión pública. Hoy lidera “pérdida del poder adquisitivo de los salarios” seguida por “temor a perder el empleo”, “pobreza”, “corrupción” e “inseguridad”. El “no llego a fin de mes” se convierte en un lema repetido.
Digresión
Fue el citado Pagni quien puso su dedo en la llaga gubernamental el lunes pasado, en su programa Odisea argentina, al señalar la caída de los sueldos en términos reales. Por una confusión de fechas, el periodista atribuyó datos de enero de 2023 (gestión Fernández) al primer enero (2024) de la gestión Milei. “Desenmascarando a la basura inmunda asquerosa que vive operando”, escribió el Presidente en su cuenta de X al retuitear el posteo de un militante libertario que señalaba la equivocación.
La crítica al periodismo es legítima. El problema, para las reglas de convivencia democrática, es el uso del insulto en lugar del argumento o la rectificación. La libertad de expresión, que gozan gobernantes y gobernados, no tutela el agravio. Cuando este proviene de las autoridades de un país, se corre el riesgo de afectar gravemente el clima necesario para un debate activo, profundo, plural y desinhibido. ¿Es un exceso de susceptibilidad plantear que una acusación injuriosa en una cuenta con más de cuatro millones de seguidores, entre los cuales hay líderes de legiones digitales que amplifican la hostilidad, puede afectar a quien registra e interpreta los vaivenes de la vida pública? Un profesional curtido en estos lances suele contar con enzimas para metabolizar embates pero la estigmatización es seguida por infinidad de colegas y ciudadanos comunes que pueden optar por eludir el riesgo de una exposición de esa naturaleza frente a la persona más poderosa de una comunidad.
La salud de una democracia, finalmente, deriva de la calidad del diálogo social. El sistema no se circunscribe a votaciones periódicas; incluye rendición de cuentas, control de la gestión de los intereses colectivos e intercambio de opiniones sobre la tarea de quienes tienen responsabilidades públicas.
Hay varias particularidades que resultan llamativas en este caso. La primera es concebir como una operación –es decir, una maniobra orquestada de manera interesada y maliciosa para desacreditar a alguien- a una evidente equivocación. La segunda es que luego del editorial de Pagni, en una desconcertante “operación” contra el Gobierno, el programa continuó con una entrevista al ex ministro Nicolás Dujovne en la que este prodigó elogios a la gestión Milei. Finalmente, el mismo día en que se transmitió el programa que desató la ira presidencial, el diario La Nación -del que Pagni es uno de los principales columnistas- publicó un editorial cuya bajada decía: “Por primera vez existe una oportunidad de cambiar el rumbo y hacer realidad el infinito potencial de nuestro país”.
Parece haber una suerte de miopía extraña, una intolerancia que se ensaña más con el matiz que con la impugnación integral. El narcisismo de las pequeñas diferencias, diría Freud.
De vuelta al argumento
Lo cierto es que el error de Pagni no desvirtuaba completamente lo que señalaba. El gráfico mostraba una caída abrupta del poder adquisitivo del salario entre diciembre de 2023 y enero de 2024, por efecto de la devaluación implementada por el gobierno de Milei en su primer mes, que se recuperaba entre enero y agosto de 2025, y que a partir de allí descendía entre cuatro y cinco puntos entre esta última fecha y marzo de este año. Es esa caída la que genera el apretón en los bolsillos que registran las encuestas.
El gran interrogante sigue siendo cuál será “el tema” del año electoral, la narrativa del oficialismo o de la oposición que capte mejor las expectativas del número suficiente de electores que dibujen la fisonomía de la nueva etapa.
El crecimiento será un tema, aunque probablemente no “el” tema. Este año habrá crecimiento. Al 4,4% de 2025 se sumará, según buena parte de los economistas, al menos un 3% en 2026. Pero las cifras consolidadas cubren la heterogeneidad conformada por sectores que crecen fuertemente con otros que están estancados o caen. Un partido con ganadores y perdedores se juega debajo de los porcentajes.
Hoy parece haber un acuerdo entre una mayoría de los dirigentes y de la sociedad con respecto a los principales logros macroeconómicos y legislativos del Gobierno (equilibrio en las cuentas fiscales, desregulaciones, integración al mundo, respeto de las deudas contraídas, modernización laboral) y entusiasmo con el futuro (un país en el que la energía, la minería y la tecnología triplicarán lo que genera hoy el agro). La discusión, particularmente sostenida por las miradas más heterodoxas pero también por muchas dentro de la ortodoxia liberal, se concentra en la navegación entre un puerto y otro. La secuencia, la intensidad, la velocidad. El arte de la política económica.
La actualidad registra varias luces amarillas. Algunas derivan de indicadores como el Índice de confianza del consumidor elaborado por la Universidad Di Tella, que exhibe una caída de un 10% entre abril de este año y el mismo mes del año anterior, o el dato publicado esta semana por el Indec que muestra una caída de la actividad económica de un 2,6% en febrero contra enero y de un 2,1% contra el mismo mes de 2025, arrastrada por los derrumbes de comercio e industria (7 y 8,7% interanuales).
País hemipléjico y una gran oportunidad
El economista tucumano Ricardo Arriazu es quien con mayor precisión describe la fisonomía posible de ese futuro venturoso en la próxima década y diagnostica adecuadamente las tensiones del presente. Somos un país pobre, con un PBI per cápita que equivale a U$S 1.000 mensuales. “Hay que hacer crecer el PBI”, concluye. Para ello hay que marchar con decisión –y eso implica orden macroeconómico, atracción de inversiones, respeto de los contratos, continuidad en ciertas políticas públicas- al encuentro de ese destino.
El costoso avance de la construcción de los oleoductos y gasoductos desde Vaca Muerta hacia los puertos que llevan la energía al mundo es una buena metáfora del esfuerzo que debemos hacer para conectar el presente con el futuro.
Ese futuro luminoso que nos muestra Arriazu desancla a los argentinos de su melancolía tanguera. Nos aleja de nuestras utopías retrospectivas. Hay una prosperidad posible que está adelante, no atrás. Para aprovecharla, dice, hay que quebrar la condena griega del país de las oportunidades desperdiciadas.
El historiador económico Pablo Gerchunoff se concentra más en el presente y ofrece un diagnóstico complementario del cuadro argentino. Define a la Argentina actual como un país hemipléjico, una nación con la mitad del cuerpo paralizada y la otra pujante pero incapaz de arrastrar al otro sector. “Una política económica sabia incorpora también a los que van a la zaga”, concluye. Gerchunoff relaciona parcialmente la parálisis de los sectores perjudicados al tipo de cambio pero también entiende el dilema del Gobierno: reajustarlo implica bajar salarios que ya son bajos.
Carlos Melconian, el ministro que no fue (ahora aspirante a presidente), cuestiona la figura de las dos mitades. “El segmento ganador araña el 20%, el perdedor ronda el 50% y el resto está en una zona neutra”, afirma. La división en porcentajes es relevante para analizar la viabilidad electoral del programa.
La polarización, traducida como el riesgo de una pendularidad que desarme los logros y regrese a vicios del pasado, mina la confianza en el mañana. Esa chance regresiva atenta contra la reducción del riesgo país y el acceso a un crédito que financie el puente hacia la otra orilla.
Nosotros y nuestras circunstancias
El “tema de nuestro tiempo”, decía José Ortega y Gasset, es integrar pensamiento y vida. Encontrar una razón que se apoye en experiencias humanas y no en meras abstracciones.
El tema del segundo semestre de 2026 y de 2027 probablemente sea cómo conectar armónicamente nuestro presente tensionado con el porvenir auspicioso que prometen nuestros recursos naturales. Una fórmula económica y social en la que la actualidad no frustre el mañana y en la que tampoco la visión de un futuro próspero justifique un presente hemipléjico.






