
En los últimos días vemos los serios problemas que se están presentando en colegios privados y escuelas públicas, con respecto a actitudes de los chicos que constituyen no sólo un peligro social, sino también demuestran una falencia muy profunda en nuestra sociedad. En la educación pública hay un pavoroso repliegue, que trae consecuencias nefastas: ignorancia, narcotráfico, inseguridad, porque los chicos salen a robar e incluso a matar. Los países que crecen rápido apuestan a la educación y a la investigación, para promover la ciencia y la tecnología. Acá ya no hay excelencia, porque exige esfuerzo, competencia y premia al mérito. La excelencia está despreciada porque levanta la vara y uniforma hacia arriba. Y subir exige esfuerzo, rigor y metodología, que son virtudes que se desprecian. Al corrupto facilismo educativo se adhieren no sólo estudiantes, sino padres y docentes. Por supuesto que hay valiosas excepciones y muy buenos colegios, que defienden valores y principios. Marcos Aguinis dice: “Fuimos ricos, cultos, educados y honestos. Y en varias décadas nos transformamos en pobres, incultos, maleducados y corruptos. A principios del siglo pasado nuestro país lucía tres pilares de oro: la cultura del trabajo, la cultura del esfuerzo y la cultura de la honestidad. Ahora tenemos la cultura del plan o subsidio, la cultura del facilismo y la cultura de la corrupción“. Y el otro problema serio es que la tecnología se llevó puesta la educación. En pocas décadas pasamos de la enciclopedia en papel al conocimiento instantáneo en el celular. Del salón de clases como único lugar de aprendizaje, a un sistema global y digital, donde cualquier chico puede recibir información inconveniente o mala desde cualquier lugar. Esto plantea preguntas profundas que no tienen respuesta fácil. Pero es donde los padres pasan a jugar un rol fundamental en el control y en la puesta de límites en el uso del celular de sus hijos. También cambio el rol del maestro, quien debe transformarse totalmente. El maestro que sólo dicta y repite información quedó obsoleto. La tecnología no puede reemplazar la relación humana entre maestro y alumno: la motivación, el ejemplo, la empatía. El acompañamiento emocional en el proceso de aprender, guiando, inspirando, facilitando. La tecnología mal empleada es peligrosísima, y a los chicos los padres y maestros deben explicarles y ayudarlos a comprender la importancia de despertar curiosidad y amor por el conocimiento sano y superador. Alberdi fue muy claro: “Está muy bien formar al ciudadano; pero debemos formarlo para el mundo del trabajo, de la producción y de la empresa”.
José Manuel García González
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