MOVEDIZO. Alan Cisnero buscó aportar lo suyo en ataque, pero fue reemplazado cuando el equipo más lo necesitaba. Foto de Osvaldo Ripoll/LA GACETA.
Resumen para apurados
- San Martín empató 0-0 ante Tristán Suárez en La Ciudadela por la Primera Nacional. El 'Santo' no pudo ganar pese a jugar con superioridad numérica y perdió el segundo puesto.
- El equipo de Yllana dominó pero careció de claridad ofensiva. No aprovechó la expulsión de Guillén al inicio del complemento y el arbitraje de Loustau fue duramente cuestionado.
- El empate expone la dificultad del 'Santo' para ganar de local. Deja escapar puntos vitales en la lucha por el ascenso directo y frena su avance hacia los puestos de vanguardia.
La tarde estaba servida como esas mesas que esperan invitados importantes. En La Ciudadela no era un partido más: enfrente aparecía Tristán Suárez, escolta de la zona, y San Martín tenía la posibilidad concreta de treparse a ese lugar si lograba una victoria. Era una final adelantada, una de esas jornadas que pueden marcar el pulso de un torneo. También era una oportunidad ideal para ratificar todo lo bueno que había insinuado en las últimas fechas y, sobre todo, para empezar a reconciliarse con su gente en casa. Sin embargo, cuando el silbato de cierre apagó la ilusión, lo único que quedó fue un 0 a 0 frío, pesado y con sabor a oportunidad desperdiciada.
Porque el “Santo” tuvo todo para ganarlo. El contexto, la localía, la presión sobre un rival directo y hasta dos momentos de superioridad numérica. Pero no supo aprovechar nada. Otra vez dejó escapar puntos en su casa, otra vez mostró que la deuda de local sigue abierta y que La Ciudadela, lejos de convertirse en fortaleza, se transformó en un terreno donde cada triunfo cuesta demasiado. Lo que debía ser una plataforma para despegar terminó siendo una estación en la que vuelve a frenarse.
El primer tiempo explicó buena parte del problema. San Martín manejó intenciones, buscó imponer presencia y repitió prácticamente esquema y nombres respecto al triunfo con Güemes, con los ingresos de Ezequiel Parnisari por Tiago Peñalba y de Elías López por el lesionado Víctor Salazar. Pero una cosa fue la idea y otra la ejecución. Le costó horrores el último pase, la decisión final y la claridad en los metros decisivos. Apenas un remate de Santiago Briñone desde afuera inquietó al arquero visitante. Del otro lado, el “Lechero” entendió rápido el libreto: cerrar espacios, cortar ritmo y esperar.
La circulación fue lenta y previsible. Faltó sorpresa por las bandas, precisión entre líneas y mayor presencia en el área. Cada avance encontraba una pierna rival o una resolución apurada. San Martín tenía la pelota, pero no lastimaba.
Nuevas chances
En el complemento apareció la gran chance. A los dos minutos, Manuel Guillén vio la segunda amarilla y dejó al “Lechero” con diez hombres. El partido parecía acomodarse definitivamente para el conjunto de Andrés Yllana. Era el momento de acelerar, de arrinconar al rival y de hacer pesar el hombre de más. Pero San Martín eligió el camino contrario: se apuró mal, se nubló y cayó en la telaraña visitante.
También hubo decisiones difíciles de entender desde el banco. Salió Alan Cisnero, que hasta entonces era el futbolista que más había generado por la banda izquierda, el que rompía la monotonía con desequilibrio y desborde. Sacarlo le quitó profundidad al equipo. Y más tarde demoró demasiado en reemplazar a Luca Arfaras, ya visiblemente cansado. El delantero llegó tarde a una cobertura, cortó una contra con infracción y terminó expulsado a los 30 minutos del segundo tiempo. Si bien Ayrton Sánchez dejó al “Lechero” nuevamente en desventaja numérica, el tramo final mostró a un San Martín empujando más por obligación que por ideas.
Centros anunciados, intentos individuales aislados y una sensación creciente de impotencia bajando desde las tribunas. Tristán Suárez, cómodo en ese terreno, hizo del desorden un refugio y defendió el punto con oficio.
Para colmo, la actuación del árbitro Juan Pablo Loustau resultó paupérrima. El encuentro se le fue de las manos. Permitió demoras constantes, discusiones innecesarias y cada una de las artimañas de un rival que entendió cómo enfriar el trámite. San Martín necesitaba ritmo y el partido se jugó al compás que quiso Tristán Suárez.
El empate deja una señal preocupante. Con sostener el invicto no alcanza. En torneos largos, los equipos que pelean arriba no sólo evitan perder: ganan en los momentos clave. El “Santo” dejó pasar otra chance de acercarse a los primeros puestos, justamente en una fecha ideal.








