
Las recientes transmisiones de la misión Artemis II y, particularmente, las declaraciones de algunos especialistas me han generado un amargo déjà vu con aroma a Guerra Fría. Aquella división de la humanidad en bloques (este y oeste; capitalistas y comunistas; ¿buenos? y ¿malos?) que no le sirvió de nada a la humanidad ya que sólo alimentó muros estériles y visiones sesgadas. Con la construcción de la Estación Espacial Internacional en 1998 creímos que las banderas nacionales darían paso a la cooperación, estableciendo el desarrollo espacial como un lugar de paz. Sin embargo, el anuncio de China en 2023 de llevar un hombre a la Luna en 2030, lejos de fomentar la unión, funcionó como el disparo de largada para una nueva competencia que Estados Unidos y la administración de Donald Trump quiere ganar a toda costa. Estamos presenciando el vergonzoso reinicio de una carrera en la que el conocimiento científico es rehén de la hegemonía política. Es lamentable que, en pleno siglo XXI, algunos líderes mundiales prefieran reflotar viejas rivalidades en lugar de priorizar beneficios comunes para nuestra especie.
Marcelo Daniel Castagno
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