Tendencias otoño-invierno: una mirada desde Nueva York

Febrero en Nueva York es invierno sin discusión —y más cuando te agarra la peor tormenta de nieve de los últimos 10 años—. El frío es intenso, el viento atraviesa las avenidas y salir a la calle implica, necesariamente, pensar en capas. Pero hay algo que llama la atención desde el primer momento: incluso en esas condiciones, la ciudad no pierde estilo. Al contrario.

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Esto es lo que vi en la calle, en las vidrieras y lo que, todo indica, va a marcar la temporada.

La silueta que domina: abrigos que llegan hasta el piso

Si hay una imagen que se repite en Nueva York en invierno, es esta: personas caminando con tapados largos, casi hasta los tobillos, atravesando la ciudad.

No es una excepción, es la norma. Los abrigos dominan la escena. En lana, en paño, en cuero y también en piel, aparecen en distintas versiones pero con una misma lógica: cubrir, envolver y al mismo tiempo construir una silueta. Muchos son oversize, con hombros más marcados, dejando ver esa influencia de los años 80 que vuelve de manera sutil. El abrigo es el eje del look.

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Por otro lado, el trench que nació como una prenda militar, diseñada para proteger del clima en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial, vuelve a las calles. Fue Burberry quien lo llevó a la vida civil, y desde entonces se convirtió en un básico del guardarropa. Hoy, en Nueva York, vuelve a ocupar un lugar central pero al clásico modelo se le suman versiones en materiales como el charol, que la convierten en algo más llamativo.

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El gesto que cambia todo: la bufanda como echarpe

Después de la silueta, aparecen los gestos. Y ahí es donde la diferencia marca la diferencia en un look. La bufanda deja de ser solo abrigo y pasa a ser parte del estilismo. Se lleva suelta, larga, cruzada como si fuera un echarpe. No se ajusta, cae.

Es un detalle mínimo, pero cambia completamente el outfit. Hace que algo estructurado se vuelva más liviano. En las vidrieras y en la calle, este recurso se repite. No importa tanto la marca, aunque casas como Saint Laurent o Max Mara lo vienen trabajando hace temporadas: lo importante es la actitud con la que se usa.

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El color del invierno: lo que se usa y lo que se viene

En la calle, el invierno siempre tiene un color dominante: el negro. Es el punto de partida. Práctico, combinable, fácil de usar. Pero si uno mira un poco más allá —las vidrieras, las pasarelas, lo que empiezan a marcar las marcas— aparecen otros tonos que empiezan a ganar lugar.

El primero es el berenjena. Un color profundo, asociado al invierno, que viene insinuándose hace varias temporadas y que ahora se consolida. En algunas colecciones aparece casi como protagonista.

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En la misma línea, el bordó sigue presente como una alternativa más clásica, pero igual de vigente.

Y para quienes prefieren una paleta más tradicional, el azul marino se reafirma. Un tono que nunca desaparece del todo, pero que vuelve con más fuerza en este contexto de regreso a lo clásico.

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Prints: del clásico al gesto más audaz

Si hay un estampado que aparece con fuerza, es el zebra. No como algo aislado, sino repetido una y otra vez. Se vio mucho —muchísimo— en las vidrieras y también en Fashion Week, donde terminó de consolidarse como uno de los prints más presentes de la temporada. Tiene algo más gráfico, más llamativo, que lo vuelve una elección menos obvia.

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No es para todos. Es un print que destaca, que construye el look casi por sí solo. Por eso aparece más en perfiles que se animan a un poco más. Al mismo tiempo, el animal print clásico sigue vigente. El leopardo, sobre todo, aparece como una versión más integrada, más fácil de incorporar al día a día.

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El uniforme urbano: zapatillas que atraviesan todo

Si hay algo que Nueva York deja claro es que lo deportivo ya no está separado del resto del guardarropa. Las zapatillas forman parte de todo. Se combinan con tapados largos, con looks más estructurados, incluso con propuestas más arregladas.

Entre los modelos que más se ven, aparecen las Salomon, con esa estética técnica que viene del mundo outdoor, cada vez más presente en la ciudad.

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También empiezan a reaparecer las de Isabel Marant, esas zapatillas con plataforma escondida que marcaron la década de los 2010 y que durante un tiempo dejaron de verse. Hoy vuelven, y cada vez aparecen más.

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Y si hay que elegir una opción dentro de lo clásico, las Tokyo de Adidas se posicionan como una de las más actuales. Más limpias, más versátiles, más fáciles de integrar.

En cuanto a estampados, si hay uno que se repite también en zapatillas, es el animal print. En distintas versiones, más sutiles o más marcadas.

Un clásico que siempre vuelve: los Wayfarer

Hay accesorios que no siguen tendencias: simplemente reaparecen. Los anteojos Ray-Ban Wayfarer son uno de ellos. Nacidos en los años 50, marcaron un quiebre en el diseño de gafas: por primera vez, el marco dejaba de ser metálico y adoptaba una estructura más sólida, más visible, más parte del look.

Rápidamente pasaron del uso funcional a la cultura popular. Aparecieron en películas, en músicos, en figuras que terminaron de consolidarlos como un símbolo. No eran solo anteojos: eran una actitud.

Y como pasa con los clásicos, nunca desaparecieron del todo. Pero hoy vuelven con más fuerza. Están en las calles, en vidrieras, pero también en TikTok, donde vuelven a circular como uno de los accesorios más usados del momento. Hay algo en su forma que funciona: elevan cualquier look minimalista sin demasiado esfuerzo.

Son, de alguna manera, los anteojos más cool del momento.

Lo que llega (y cómo se adapta)

Lo que pasa en Nueva York no se copia, se traduce. No todo baja igual. No todos los largos, no todos los volúmenes, no todos los riesgos. Pero sí la idea general.

En una ciudad donde todo convive —lo nuevo, lo viejo, lo formal, lo deportivo— la moda no se impone: se adapta a quien la usa. Y eso es lo que termina marcando la diferencia. No hay una única forma correcta, incluso dentro de las mismas tendencias.

En Argentina, y especialmente en lugares donde el invierno es más leve, el desafío es otro. No se trata de replicar capas o extremos, sino de tomar elementos: un buen tapado, un color, un accesorio, una proporción distinta.

Porque al final, más que seguir tendencias, se trata de elegir cómo usarlas. Y en ese sentido, con La Gaceta Lifestyle, este invierno no propone un uniforme, sino algo más interesante: una base sobre la cual construir una identidad propia.

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