RETRATO DE FAMILIA. Daniel, en el centro, posa junto a parte de los Alaniz: entre otros, dos de sus hermanas, su cuñado, su sobrino y el “pichicho”. La Gaceta / Fotos de Analía Jaramillo
“Barrio San Martín”, decía la tarjeta ganadora del sorteo del auto 0 Km, con el cual se cerró un nuevo ciclo del exitoso y tradicional entretenimiento Números de Oro de LA GACETA. Por unos segundos, el detalle a nadie llamó la atención. Hasta que un miembro del equipo del diario responsable de ir a la casa del ganador a darle la sorpresa se avivó. “Esperen, debe haber un barrio llamado San Martín en cada uno de los municipios de Tucumán; no sabemos si se refiere a la Capital”, advirtió.
En efecto, bastaba unas cuantas búsquedas en Google para dar con que en casi todas las ciudades de la provincia existe un “barrio San Martín”.
Descartada de plano la idea de recorrer uno a uno de estos, en pos de hallar a Daniel Alaniz -el afortunado lector que se había convertido en el flamante propietario del Volkswagen Polo Track 0 km-, todos se dieron a la tarea de pensar en alguna manera de precisar el domicilio, sin alertar a Daniel, para no arruinar la sorpresa. A Fernanda Soria, del área de Marketing, se le ocurrió llamar al ganador, para lo cual improvisó una excusa. Listo. Ya se había purgado toda duda, y el equipo salió en búsqueda de Daniel, que vive en el barrio San Martín... de San Miguel de Tucumán.
Una vez allí, dar con la casa del afortunado Daniel tampoco resultó tarea sencilla. Había que ubicar manzana y casa, en un barrio cuyas viviendas, en su enorme mayoría, no muestran señalización.
“¿La manzana E?”, preguntó Leandro Díaz, el cronista de LGPlay, en un negocio de la zona. “Aquí tengo manzanas verdes y rojas”, respondió el verdulero, haciendo gala de su chispa y de su condición para el humor. Después de las risas, Leandro subió a la combi de LA GACETA con algunas indicaciones precisas.
Identificada la manzana, resultó más sencillo dar con el número. Incluso, allí entraron en escena Silvia Alaniz -hermana de Daniel- e Iván Bustos -el hijo de esta-. Después de los minutos que les llevó espabilarse por la noticia, se convirtieron en cómplices del equipo de LA GACETA, en el plan de sorprender a Daniel.
Una alegría
“¿Cómo creés que va a reaccionar tu tío?”, le preguntó el equipo a Iván. “Y... él es muy callado. Pero le viven pasando cosas malas, así que esto va a ser una alegría para él”, celebró el sobrino.
¡SORPRESA! Daniel, al momento en que se entera de que ganó el auto.
Silvia, Daniel, Claudia, Carlos Gustavo y Blanca son los cinco hijos de Juan Carlos Alaniz, el verdadero jugador de los Números de Oro. “Mi papá fue al centro, a ver el sorteo”, contó Silvia. Luego algún integrante de la numerosa familia agregaría que se trató de la segunda ocasión en que Juan Carlos se llega hasta LA GACETA, para presenciar el acto en que, ante un escribano, se sortea el ganador del auto. “Pero el juega desde siempre, desde el momento cero”, aclaró Iván.
Juan Carlos oyó la palabra “Daniel” cuando leyeron el nombre del ganador. Pero nunca imaginó que se trataba de su hijo.
A esas alturas, el equipo del diario ya estaba apostado justo en frente de la puerta por la cual, un par de minutos después, asomó Daniel. “Ganaste un Volkswagen Polo Truck hermoso. Contame, ¿qué es lo primero que pensás hacer con el auto?”, le preguntó Leandro, en vivo para LGPlay. “No sé. Trabajar”, respondió aquel, con la voz apenas audible.
Daniel -de 48 años, separado y con tres hijos- había quedado sin laburo. No pensó primeramente en viajes o en placeres; imaginó que el auto le serviría para, por fin, tener un trabajo fijo. Claro que primero deberá aprender a manejar -casi nadie de los integrantes de la numerosa familia sabe conducir-. Contó, luego, que nunca había ganado nada, ni una rifa.
BUENA NOTICIA. Daniel hace una videollamada con una de sus hijas.
El cronista de LA GACETA le propuso, entonces, que lo llame a su papá, y que le cuente. Juan Carlos se oía entre sorprendido e incrédulo por el altavoz del celular. “Vas a hacer que se me pare el corazón”, alertó, y desató risas entre quienes lo estaban escuchando. “¿En serio?”, preguntaba. “Sí, sí; aquí están los de LA GACETA, venite, venite; tomate un taxi y venite”, le insistían los hijos. “Van a hacer que se me pare el corazón”, volvía a advertir el papá.
En la misma casa donde viven siete personas Iván puso una barbería -que lleva su nombre-, y Silvia y su marido atienden la panadería “CB”, donde también venden algunos productos de almacén y de limpieza.
Algunos vecinos se acercaron al ver el movimiento; y se alegraban y felicitaban a Daniel cuando se enteraban por qué había tanta gente con micrófonos y con cámaras en la puerta de los Alaniz.
Luego de hablar con su papá, el flamante propietario del Volkswagen Polo Track 0 km de los Números de Oro de LA GACETA hizo una videollamada con una de sus hijas, que tampoco podía creerlo, hasta que vio por la cámara al equipo del diario.
“Gracias a Dios y al alma de mi mamá. Esto es una ayuda que ella me han mandado, porque no tenía trabajo. Yo sé que ella desde el cielo me ha dado una manito”, dijo Daniel, y ya no pudo contener el llanto de emoción,
EMOCIÓN. Silvia y Daniel se abrazan y lloran al recordar a su mamá.
En tiempos duros, como estos, una buena noticia alegra. No solo a quien la recibe -en este caso, un persona que la pelea día a día sin trabajo-, sino también a quien la comunica. Cuando el equipo de LA GACETA ya empezaba a marcharse, Silvia salió de la panadería con una bolsa de facturas, que hicieron el camino de regreso al diario incluso más dulce de lo que ya hubiese sido solo por haber visto la felicidad de Daniel y de su familia.










