¿Por qué a Atlético Tucumán le cuesta tanto sumar como visitante?

A pesar del cambio de actitud que mostró en Rosario, la racha negativa del "Decano" expone un déficit de jerarquía que el equipo aún no logra remediar. Los errores puntuales y la falta de contundencia en las áreas explican por qué el conjunto de Falcioni sigue sin poder sumar puntos fuera de casa en este torneo.

SIN RECOMPENSA. Atlético Tucumán hizo un buen partido en Rosario, pero volvió a quedarse a las puertas de sumar un punto valioso en el torneo Apertura. SIN RECOMPENSA. Atlético Tucumán hizo un buen partido en Rosario, pero volvió a quedarse a las puertas de sumar un punto valioso en el torneo Apertura. HECTOR RÍO / ESPECIAL PARA LA GACETA.
Por Diego Caminos Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • Atlético Tucumán acumula 12 derrotas seguidas como visitante tras perder ante Rosario Central, extendiendo a 21 su racha sin triunfos fuera de casa en el actual torneo Apertura.
  • Bajo la dirección de Falcioni, el equipo muestra mejoras tácticas, pero la falta de contundencia y errores defensivos puntuales lo mantienen como el peor visitante del fútbol local.
  • Esta racha expone un déficit de jerarquía que compromete el futuro deportivo del club. Sin ajustes en los detalles clave, la tendencia negativa seguirá afectando su competitividad.
Resumen generado con IA

¿Qué le falta a este Atlético Tucumán para dar el golpe sobre la mesa? La racha sin ganar como visitante ya alcanzó los 21 partidos. Son 12 derrotas consecutivas bajo esta condición, lo que deja un saldo de cero puntos obtenidos fuera de casa en lo que va del torneo Apertura.

Las fechas pasan y la tendencia negativa del equipo cuando sale de Tucumán sigue agigantándose como una bola de nieve. El dato es alarmante: es el peor equipo del fútbol argentino en esta condición. La estadística obliga a no mirar hacia el costado: está claro que el presente ya no es casualidad, sino causalidad.

Cabe detenerse a analizar el trámite de los partidos del “Decano” como visitante en este Apertura para intentar dilucidar una respuesta. En líneas generales, el equipo no pareció estar lejos de competir, pero sufrió la falta de claridad y calidad en momentos puntuales que le impidieron regresar con puntos al “José Fierro”.

El camino del desencanto

La primera parada fue, tal vez, una excepción. Tras un primer tiempo cuesta arriba, el equipo de Hugo Colace empataba 1-1 con Independiente Rivadavia en Mendoza. En el complemento mostró otra cara: asfixió al rival y estuvo a punto de darlo vuelta, pero un “gol fantasma” de la “Lepra” -que encendió la polémica por días- lo dejó sin nada. El desarrollo no dejó malas sensaciones y los reproches apuntaron más al arbitraje que al rendimiento.

El segundo test fue en Junín. Frente a Sarmiento, Atlético tuvo un partido inconexo y deslucido. Perdió bien ante el “Verde”, mostrando una imagen mucho peor que en Mendoza y cediendo puntos clave en la tabla de promedios.

La tercera y cuarta parada fueron en Córdoba y marcaron un quiebre. Contra Instituto, al equipo de Colace se le escapó un empate valioso en la última jugada, como arena entre las manos. Aquella vez, Atlético perdió por una desconcentración defensiva letal: primero Gabriel Compagnucci perdió su marca por derecha y, por el otro lado, Ignacio Galván regresó caminando sin advertir la entrada de Giuliano Cerato, quien empujó la pelota con tranquilidad.

Días después, en Barrio Alberdi, Atlético sufrió la jerarquía de Belgrano. Se fue goleado 3-1 y la comisión directiva decidió prescindir de los servicios de Colace casi de inmediato. Aquella noche, expuesto por el resultado, el equipo pareció volver a estar lejos de competir.

Misma tónica

El debut de Julio César Falcioni fuera de casa fue frente a Barracas Central y el equipo volvió a perder por falta de concentración, esta vez por duplicado. Primero, nadie marcó a Iván Tapia en un centro solitario; segundo, el equipo perdió la atención inmediatamente después de haber conseguido el empate y el “Guapo” convirtió sacando del medio.

Finalmente, el capítulo más reciente: el sábado contra Rosario Central. Atlético lavó su imagen, cambió la actitud y tuvo iniciativa. Salió de su propio arco y apostó a presionar alto al “Canalla”. Empató el partido y lo tuvo a tiro, pero la falta de jerarquía volvió a condenarlo: Gastón Suso perdió dos veces la marca con Alejo Véliz dentro del área y Leandro Díaz desperdició chances clarísimas.

Todo esto a pesar de que Luis Ingolotti había salvado a los 5 minutos a Javier Domínguez, quien cometió un penal más que inocente cuando el partido recién nacía.

Cuestión de jerarquía

Hecho el repaso, vuelve la pregunta: ¿Qué le falta a Atlético para llevarse al menos un punto de consuelo? Para responderla es necesario alejarse de la mística de la “maldición” o la falta de convicción.

En Arroyito se evidenció lo que ya invitaban a pensar las caídas anteriores: a Atlético le falta un golpe de jerarquía para sostener sus salidas de Tucumán. Esa jerarquía que se materializa en un despeje certero, una anticipación o una definición contundente. Ese jugador que para la pelota y hace jugar al grupo cuando el trámite lo requiere; esa defensa que se cierra como un cerrojo cuando el empate sirve.

El equipo consiguió empatar sus partidos cuatro veces tras empezar abajo, pero nunca supo cerrarlos ni aprovechar las oportunidades que el trámite le brindaba para terminar de dar el golpe.

Porque en el fútbol, como en la vida, el éxito se define por detalles. Y es allí donde el “Decano” sigue fallando. Ya no parece ser una cuestión de mentalidad, mística o de director técnico. A Atlético se le escurren los puntos porque carece de las herramientas suficientes para superar al rival en los momentos clave. La respuesta es igual de cruel que contundente: mientras no ajuste esa sintonía fina, el resultado fuera de casa seguirá siendo el mismo.

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