Cees Nooteboom, la muerte de un viajante

Hace 13 Hs

Resumen de nota

  • El autor neerlandés Cees Nooteboom falleció el 11 de febrero en España, país que adoptó como hogar, dejando un legado literario centrado en la travesía y la identidad europea.
  • Eterno candidato al Premio Nobel, Nooteboom destacó por obras como 'El desvío a Santiago', donde fusionó la crónica, el ensayo y la novela para explorar la esencia de los territorios.
  • Su partida marca el fin de una era para la narrativa de viajes. Su obra perdurará como un puente entre tradiciones, invitando a ver el mundo con una curiosidad inagotable y humanista.
Resumen generado con IA

Por Martín Mazzucco Cánepa
Para LA GACETA - TUCUMÁN

Soy de los que cree que, en cada etapa de la vida, se encuentran diferentes placeres en los libros. En la juventud nos satisface una buena historia, que entretenga las pesadas horas de la noche. Años después, nos dejamos deslumbrar por el artificio, la experimentación formal –tan grata al siglo XX- que nos recuerda el parentesco de la literatura con las artes visuales. Y, entrados en la madurez, lo que buscamos en un libro es una última apuesta por extender los límites de nuestra vida; una apuesta que nos conduzca, de manera vicaria si se quiere, a realizar lo que no pudimos.

Entre esas experiencias que, como lector, disfruto compartir con los autores, la más común es la del viaje: acompañar una travesía bien narrada tiene un encanto que es difícil de transmitir, pero se percibe con una contundencia irrefutable. La lectura avanza página tras página, y tanto el escritor como quien lee también se mueven, dejando atrás lugares y nombres para arribar a otros que, más tarde, también serán abandonados, con la consecuente sensación de placidez y nostalgia.

Hablo de estas cuestiones porque, el 11 de febrero pasado murió Cees Nooteboom, a quien considero –junto al gran Claudio Magris y la humilde Hebe Uhart- los nombres más importantes de esta literatura viajera en las últimas décadas. Quien lo conozca, sabrá de su amor por lo hispánico, amor que no se detenía en las fronteras españolas, sino que atravesaba el océano para deleitarse también con América Latina. Su apellido se volvía citado todos los meses de octubre, cuando se acercan los Nobel, pero dejaba de escribirse hacia noviembre, al confirmarse que otros eran los elegidos. Entonces, quedaba sencillamente su obra y, al leerla, se volvía uno a emocionar con el posible premio del año siguiente.

Tal vez sea El Desvío a Santiago el título que mejor resumen lo que Nooteboom intentaba –y lograba- con su escritura: un gesto de complicidad que salía de las páginas impresas, como una mano extendida, e invitaba al lector a conocer parajes y edificios, ciudades y personas que incitaban su curiosidad, sin saciarla nunca. Este recorrido por la geografía española –que tanto amó como para terminar sus días en ella- es esa clase de libro que tiene algo de crónica y de ensayo, pero también de novela y diario íntimo. Es la exhibición de un anhelo imposible de colmar: agotar una tierra o, mejor dicho, la idea de una tierra, haciéndola cada vez más grande. Porque si Nooteboom deseaba conocer una ciudad, en ella daba con un edificio que se tornaba su nuevo interés. Pero ese edificio contendría cierto detalle en una imagen de su fachada, que se convertía en enigma… y que, una vez resuelto, lo llevaría a saber más sobre el autor de la escultura. El viaje era una espiral que tenía su punto de partida en la curiosidad infantil y genuina de Nooteboom, y que al extenderse en el plano acababa por mostrar la forma de Europa y su descendencia.

Porque en Nootebom -como en Leigh Fermor, en Marai, en Zweig o en el mismo Magris- la representación de Europa como una totalidad diversificada que está al alcance del interesado, es fundamental; es la piedra angular que sostiene una literatura con una posición tomada sobre el mundo y el modo en que nos vinculamos con él. Su arte le ha dado una faceta de apologista sutil, convenciendo a sus lectores sobre la posibilidad de sentir la tierra ancha como propia, así como de asumir que sobre cada uno de nosotros pesa una tradición que no nos determina, pero nos susurra desde adentro.

No es original decir que Nooteboom ha emprendido un nuevo viaje, tal vez el que lo lleve a las tierras que menos conoció, pero es único que tenía predestinado desde el día en que abrió los ojos en La Haya, en un verano de 1933. Con inocencia, esperaré que esta travesía también merezca su pluma y que, dentro de algunos meses, las librerías se regocijen con un nuevo libro de este enorme autor.

© LA GACETA

Martín Mazzucco Cánepa – Abogado y escritor.

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