DATO CLAVE. Con Artemis II buscan conocer cómo responde el cuerpo humano ante prolongadas estancias en el espacio.

Más de medio siglo después de la última misión tripulada del programa Apolo, la humanidad vuelve a mirar hacia la Luna. Pero, lejos de la épica de los alunizajes, el nuevo capítulo de la exploración espacial tiene otro tono: más científico, más técnico y, sobre todo, más estratégico. En ese marco, la astrónoma tucumana Olga Pintado aportó su mirada en diálogo con los periodistas José Názaro e Indalecio Sánchez, en LGPlay, el streaming de LA GACETA.
La misión Artemis II no buscará posar una nave sobre la superficie lunar. “La última Apolo, la XVII, alunizó, pero esta nueva misión no va a alunizar. Se trata de una misión de 10 días; va a dar una vuelta a la Tierra para adquirir velocidad con la gravedad del planeta, y de ahí irá a la Luna, donde también dará una vuelta y volverá”, explicó Pintado. A partir de las 9.45 (hora de la Argentina) de hoy comenzará la transmisión en vivo de las operaciones de carga de combustible, con imágenes y comentarios en el canal oficial de YouTube de la la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés). Desde las 13.50 (siempre hora de nuestro país) iniciará la cobertura completa mediante NASA+, la plataforma de streaming de la agencia. También se podrá acceder a contenido y actualizaciones mediante redes sociales y otros canales digitales oficiales.
La agencia espacial estadounidense inició el conteo regresivo con confianza. Según sus autoridades, tanto el cohete SLS como la tripulación integrada por los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y por el canadiense Jeremy Hansen- están listos para la misión.
En consideración de Pintado, el contraste con las misiones Apolo es claro. “Aquellas tuvieron un fuerte componente político; era una época de gran adversidad entre Estados Unidos (EEUU) y la Unión Soviética (URSS), y la cuestión era quién llegaba primero”, señaló. Hoy, por el contrario, el foco está puesto sobre el conocimiento: “Son misiones sumamente caras, y cuando llegaron los estadounidenses ya había que tratar de hacer otras cosas más útiles científicamente, quizá menos impactantes desde el punto de vista político”.
En esa línea, Artemis II funcionará como un ensayo general. “Esta es una misión de prueba; probarán todos los motores del módulo como si estuviesen por alunizar. Además harán un estudio intensivo de la fisiología de los astronautas, y llevan órganos electrónicos para ver el comportamiento de estos en el espacio”, detalló. El objetivo no es menor: entender cómo responde el cuerpo humano a estancias prolongadas fuera de la Tierra, un desafío clave si se piensa en viajes más largos.
Incluso en la Estación Espacial Internacional, recordó la especialista, se presentan problemas fisiológicos en quienes están mucho tiempo allí. Por eso, los datos que se obtengan en este vuelo serán determinantes para el futuro de la exploración tripulada.
El horizonte, de hecho, ya está trazado. “El hombre volverá a la Luna”, afirmó Pintado. Y fue más allá; recordó que la misión Artemis IV sí llevará astronautas sobre la superficie lunar. Detrás de ese objetivo hay objetivos concretos. “Hay mucho interés, primero por recursos minerales y por las posibilidades de hacer algunas otras cosas; no nos olvidemos que Estados Unidos ya germinó garbanzo”, comentó, en alusión a experimentos biológicos realizados en el espacio.
Escala inevitable
La Luna aparece, además, como una escala inevitable en el camino hacia Marte. “Es necesario construir una base allí para poder ir a Marte, porque no se puede ir directamente desde la Tierra; es más fácil construir una base en la Luna y que desde allí vayan”, explicó. Según su estimación, una base permanente podría comenzar a desarrollarse antes de la próxima década, aunque el arribo de humanos al planeta rojo demandará más tiempo: “No creo que en menos de 20 o 25 años lleguemos a Marte; y menos con seres humanos”. En ese contexto, Pintado recordó que el primer rover enviado a Marte, en la década del 70, surgió de un proyecto de un ingeniero nacido el Córdoba, que estudió en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). “Se llamaba Mario Acuña; falleció hace dos o tres años. Había participado del proyecto entre la NASA y la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la UNT, en la década del 60”, dijo.
La misión Artemis II también usará nuevas tecnologías de comunicación. “Se hará mediante emisiones ópticas; no por medio de la forma tradicional de comunicaciones por internet. Son mucho más rápidas, a unos 260 megabit por segundo”, indicó. Este avance permitirá mejorar de manera significativa la transmisión de datos en el espacio profundo.
Otro rasgo distintivo de esta etapa es la participación del sector privado. “El cohete es privado. De hecho, los últimos viajes a la estación espacial se hicieron con naves de Elon Musk; hace tiempo que la NASA y los privados comparten tecnología y desarrollos; a la NASA le conviene”, analizó Pintado.
Mientras tanto, en Florida todo parece encaminado para el despegue. La NASA anunció que el vehículo, los sistemas y la tripulación están listos, y que las condiciones climáticas ofrecen un 80% de probabilidades favorables. Si surgiera algún inconveniente, hay ventanas disponibles hasta el próximo lunes. En ese delicado equilibrio entre expectativa e incertidumbre, la misión Artemis II se presenta como lo que realmente es: un paso intermedio, necesario y menos espectacular, pero fundamental. Como sintetizó Pintado.









