Falcioni vs. Colace: seis diferencias clave que explican el nuevo ADN de Atlético Tucumán

El "Decano" cambió la presión alta y la búsqueda del protagonismo por el refugio en la experiencia. Desde el dibujo táctico hasta los nombres propios, conocé algunas de las decisiones del "Emperador" que se distinguen tácticamente del último ciclo.

PROTAGONISMO VS. PRAGMATISMO. Julio César Falcioni llegó a Atlético Tucumán con una identidad táctica prácticamente contrapuesta respecto a su antecesor, Hugo Colace. PROTAGONISMO VS. PRAGMATISMO. Julio César Falcioni llegó a Atlético Tucumán con una identidad táctica prácticamente contrapuesta respecto a su antecesor, Hugo Colace.
Por Diego Caminos Hace 2 Hs

Con la contratación de Julio César Falcioni, Atlético Tucumán ejecutó un cambio de timón drástico. Pasó de apostar por Hugo Colace -un entrenador con casi nula experiencia en Primera cuya bandera era el fútbol vertical y la presión alta- a recurrir a uno de los técnicos más experimentados del país, reconocido por priorizar el orden y la solidez defensiva. Son dos perfiles contrapuestos que se sucedieron sin tiempo de transición y con filosofías que apenas se rozan.

Tras sus primeros cuatro partidos al mando del "Decano", el "Emperador" ya mostró señales tácticas claras. Con un saldo de dos victorias, un empate y una derrota, y pese al escaso tiempo de preparación entre encuentros, el DT dejó marcadas varias decisiones que lo distancian de su antecesor.

1. Del protagonismo al orden como cimiento. Colace fue transparente desde el día uno: su intención era construir un equipo propositivo, capaz de dominar territorialmente a través de la posesión para someter al rival por volumen ofensivo. Falcioni, en cambio, abraza el pragmatismo puro. Entiende que el equipo se construye de atrás hacia adelante. La solidez es el fin primero, convencido de que el arco en cero es la base sobre la cual se edifica cualquier posibilidad de generar peligro.

2. De la presión asfixiante al bloque medio-bajo. Una característica central del ciclo anterior era la pretensión de presionar la salida rival con una línea defensiva adelantada y volantes de un despliegue inagotable. El "Emperador" resigna esa presión en el área contraria, retrasa las líneas y apuesta a morder en tres cuartos de cancha. En varios pasajes de sus partidos, se observó un bloque de 10 jugadores detrás de la línea de la pelota en campo propio, cerrando todos los caminos internos al oponente.

3. Del 4-3-3 al 4-4-1-1. El esquema predilecto de Colace, que le dio réditos en Reserva y replicó en Primera era un 4-3-3 con un "5" tapón, dos interiores de llegada y extremos bien abiertos. Falcioni, para sorpresa de los analistas que esperaban un 4-4-2 clásico, optó por un 4-4-1-1. En este dibujo, Franco Nicola se ubica como un enlace suelto por detrás del delantero, conectando las líneas de un equipo mucho más compacto.

4. Nuevos nombres y relegados. El cambio de mando alteró la jerarquía del vestuario. Leonel Di Plácido -quien portaba la cinta de capitán- y Gianluca Ferrari pasaron de ser fijas en la defensa de Colace a ocupar un lugar en el banco. En su lugar irrumpieron Maximiliano Villa y Clever Ferreira, este último transformándose en una pieza ofensiva inesperada al anotar dos de los cinco goles del nuevo ciclo.

5. La pelota parada como vía directa. Mientras que Colace buscaba lastimar por las bandas con la velocidad de Nicolás Laméndola, Ramiro Ruiz Rodríguez o Ignacio Galván (estos dos últimos sufrieron lesiones inoportunas que afectaron la efectividad del ciclo anterior), Falcioni ha simplificado los caminos. Con menos volumen de ataque elaborado, Atlético encontró oro en la pelota parada: por esa vía llegaron tres de los cinco tantos anotados hasta el momento bajo su tutela.

6. De la apuesta a la trayectoria. Atlético eligió a Colace para que hiciera sus primeras armas en la máxima categoría. El joven DT llegó a 2026 con apenas tres partidos dirigidos tras asegurar la permanencia el año anterior ante Godoy Cruz. Falcioni, en la vereda opuesta, aterrizó en Tucumán con el respaldo de 758 partidos como entrenador profesional. La brecha de experiencia es, quizás, la diferencia más abismal entre ambos proyectos.

En definitiva, la llegada de Falcioni supone un quiebre brusco en la planificación deportiva del club. Se pasó de sostener a un técnico joven con ideas vanguardistas durante toda una pretemporada a buscar un bombero de mil batallas ante la urgencia de resultados. Sin un mercado de pases a su medida y con un plantel heredado, Falcioni intenta imprimir su sello sobre la marcha. Esta transición puede suponer cierta improvisación en el proyecto deportivo a largo plazo, pero también refleja la necesidad imperiosa de un Atlético que hoy prioriza los puntos por sobre las formas.

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