Cartas de lectores: El inicio de la noche más oscura

Hace 3 Hs

La sesión en la Cámara de Diputados de la Provincia en aquel recinto de calle Rivadavia (hoy Virgen de la Merced) seguía su curso y en mi alocución como diputado, la noche previa, cuestionaba la posibilidad del golpe de estado, contra el que me pronuncié en dos solicitadas semanas antes, en La Gaceta. Mis 23 años con los que había sido electo no mermaban mi responsabilidad institucional de marcar el peligro que significaba ese golpe. ¿Era posible evitarlo? Las elecciones estaban por realizarse en cinco meses, confrontando dos figuras respetadas, brillantes y éticas como Luder y Balbín, más el poder con el que contaban las fuerzas armadas, otorgado por Decreto con acuerdo de Ministros para reprimir el empecinado delirio de la guerrilla con su notorio retroceso militar y político, después de los frustrados ataques al destacamento de Formosa (Montoneros) y Monte Chingolo (Erp), más las propias declaraciones de Videla en su visita a Tucumán en diciembre de 1975, afirmando que “la subversión ha sido derrotada”, daban oxígeno para sostener la democracia. Ello, a pesar de la dura crisis económica (tan argentina), los errores y la notoria debilidad del Gobierno. Rafael Palacios, periodista del diario vespertino “Noticias”, se me acercó intentando limitara mi discurso, que había incluido la felicitación al gobierno provincial por haber impulsado e inaugurado la instalación de la fábrica Saab Scania. En el diálogo que mantuvimos, Palacios me pide que esa noche no duerma en casa, que había versiones que iba a ser una noche terrible para muchos dirigentes. Me retiro de la sesión y voy a verlo al senador Lic. Guillermo Vargas Aignasse. Estaba en su sencillo despacho del Senado que funcionaba al lado del recinto. Le comento que me iba y le sugiero haga lo mismo. Me contestó “Pepe, tengo una familia que proteger y además no tengo nada que ocultar, nuestra agrupación (el histórico Fanet, nacido en la universidad) fue un duro cuestionador de la violencia, mucho más si esa violencia ataca a un gobierno constitucional”. “Chonga, no van a entender tus razones, andate”. Me fundí en un abrazo. Nunca más lo vi. Volví a mi casa, y mientras le comentaba a mis padres que me iba, ví a mi tío José Chebaia, hermano de mi madre, cortando junto al gobernador Amado Juri la cinta por la instalación de la fábrica de Saab Scania. Era Ministro de Planeamiento. Como había sido 13 años presidente de la Federación Económica de Tucumán, vicepresidente de la Confederación General Económica (CGE), y fundador del Banco Empresario, pensé, “tiene cobertura”. Le pedí a mi viejo que me dejara en la Plaza Independencia. “Por favor cuidate”.  Caminé solo una cuadra y me refugié en la casa de un compañero de la Facultad y amigo, fallecido muy joven, en un departamento del primer piso frente a la Iglesia de la Merced. A la madrugada ví por las rendijas de la ventana los camiones del ejército. Esa noche atacaron mi casa, secuestraron a Guillermo Vargas Aignasse y a José Chebaia, torturados y desaparecidos, entre tantos otros dirigentes sociales y políticos, aclarando, que no tenían ninguna vinculación con la guerrilla (Dip. Raul Lechessi, Sen. Damián Marquez, Vicegob. Dardo Molina, Secr. Juan Tenreyro, los hermanos Arancibia, … toda gente honesta y pacífica e inmensamente distante de la calidad humana de muchos políticos de hoy). En Tucumán la represión fue gigante porque ésta fue la única provincia cuyo gobernador era el mismo comandante militar. El argumento fue la guerrilla del ERP en la zona rural, pero ésta ya había sido derrotada. Esa noche se iniciaba la etapa más oscura de la Argentina, cuya dura estela de divisionismos aún vivimos. Tiempo después fui puesto a disposición del PEN, pero como no me tenían, el Coronel Zimmerman, jefe de policía de Tucumán, pidió mi captura. Me tuve que exiliar, primero en Panamá, luego en Venezuela. Pero esa y el castigo a mi familia, es otra historia. Y sin rencores en mi espíritu, aquí estamos, “con el mismo corazón y el mismo pensamiento”: la concordia y la unión de los argentinos.

José Antonio Nadef                                                        

Ex diputado provincial

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