DATO. El 10% de los actuales barrios ocupa menos de cuatro manzanas.
“Si hay 309 barrios en la ciudad significa que el diálogo no existe. Si tengo 309 interlocutores es que no interactúo con ninguno y que el Estado los maneja a todos desde una posición de poder; y la situación se agrava a medida de que te alejás de centro”, consigna la investigación que realizaron los arquitectos Gerardo Isas, Alicia Carranza, Norberto Rodríguez Vaquero y Guillermo Soler Nixdorff. El informe tiene tres ejes: 1) Hacia una reinterpretación del desarrollo inmobiliario de San Miguel de Tucumán; 2) El Código de Planeamiento Urbano y perspectivas para su modificación, y 3) Barrios posibles, identidad, morfología y realidad administrativa.
No se trata sólo del problema de una ciudad que no dialoga consigo misma -como plantean los arquitectos-, sino que implica una seria falta de identidad.
De los 309 barrios de la Capital, apenas unos 20 cuentan con personalidad propia, con algunos sesgos de semejanzas o, al menos, con ciertos edificios simbólicos o sectores característicos.
Entre ellos se pueden mencionar el Microcentro, El Bajo, Barrio Norte, Barrio Sur, Villa 9 de Julio, Villa Urquiza, Ciudadela, Floresta, Don Bosco, Villa Luján, Villa Alem, Villa Amalia y tres o cuatro más.
Para ponerlo en contexto existe una comparación elocuente. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) tiene 203 kilómetros cuadrados (km²) de superficie y se distribuye en 48 barrios con una identidad bien marcada en cada uno. Pese al vals “Cien barrios porteños”, que popularizó Alberto Castillo a mediados de los 40, Buenos Aires tiene menos de la mitad de esos barrios.
Esto no ocurrió por casualidad. Fue producto de una ciudad que se fue pensando a sí misma y mediante decretos, ordenanzas y consultas vecinales se fue ordenando en torno de sus diferentes identidades, su historia, ubicación, características poblacionales, color, estilo y costumbres únicas. Y también por conveniencias urbanísticas
De hecho, no fue sino a partir de la ordenanza municipal 23.698, de 1968, en que comenzaron a organizarse administrativamente, hace apenas 55 años.
El desorden
La superficie de San Miguel de Tucumán alcanza los 90 km², menos de la mitad que CABA, pero casi la septuplica en número de barrios. Más de 30 barrios en la Capital tienen menos de cuatro manzanas; y varios de ellos sólo media, una o dos. Y casi 200 barrios -dos tercios del total- ocupan menos de 10 manzanas.
OTRO ORDENAMIENTO. Está previsto que quede una nueva división del plano de San Miguel de Tucumán.
El barrio más chico de San Miguel de Tucumán se llama Christie, y abarca un cuarto de manzana (cientos de viviendas particulares son más grandes que este “barrio”) y está sobre calle Delfín Gallo, entre 25 de Mayo y Muñecas, en el interior de Villa 9 de Julio.
Hay 11 barrios cuya denominación es el número de casas que poseen: 80 viviendas, 260 viviendas (hay dos), 70 viviendas (ex Refinor), 128 viviendas (Ciudad de Dios), 40 viviendas, 72 viviendas, y 314 viviendas, entre otros.
Hay otros 25 barrios cuyos nombres son “ampliación de…” aunque incluso no sean contiguos. Algunos casos son Ampliación Villa San Jorge, Ampliación Obispo Colombres, Ampliación El Parque, Ampliación Tiro Federal, Ampliación Sarmiento, Ampliación Obispo Piedrabuena, etcétera.
La Capital tiene además 75 barrios con más de una versión, como SEOC I, II y III (uno en el sur de la ciudad, otros en el norte), AGEF I y II, San Miguel I, II y III (dos al este y uno al oeste), etc.
Hacia un nuevo orden
No es el único motivo para impulsar, luego de 30 años, un nuevo Código de Planeamiento Urbano (CPU) en San Miguel de Tucumán, que ya está en marcha; pero es de los más importantes.
Con este fin ya trabaja una comisión especial para el estudio, evaluación y reforma del CPU. Está conformada por 14 miembros, 10 por parte del Concejo Deliberante (tres por la primera minoría y uno por cada uno de los restantes bloques) y cuatro representantes del Ejecutivo municipal.
PROYECTO. El mapa muestra cómo quedarían distribuidos los 20 barrios.
Se estima que el plan de trabajo dure, según sus etapas: Diagnóstico y audiencias, de tres a cuatro meses; Recepción y análisis de propuestas, cuatro meses; redacción del anteproyecto, de tres a cuatro meses, y presentación y dictamen final, un mes. En total, los períodos suman un año.
El secretario de Obras Públicas de la Capital, Luis Lobo Chaklián, reconoció que casi la mitad de las calles no tienen nombre, o numeración o carecen de asfalto. Admitió que es un problema grave y que en el nuevo CPU se está trabajando fuerte en la cuestión de la identidad, en cuanto a reorganizar las divisiones barriales, porque hoy existen 309 barrios.
En el nuevo CPU, adelantó el funcionario, trabajan sobre la base de simplificar la ciudad en 20 distritos bien definidos. “Hay que recuperar y afianzar la identidad de los barrios. Algunos son sólo tres manzanas y no tienen ni nombre; eso hay que cambiar. También hay muchos barrios inconexos entre sí y para eso, además de pavimento, deberíamos hacer tres o cuatro puentes que cambiarían por completo ese aislamiento, sobre todo en el sur de la Capital”, especificó.
Mientras se elabora el nuevo CPU, la Intendencia ya comenzó a modificar la señalética de las calles en algunos barrios, comenzando por dotar con nombres y numeraciones a las que no tienen; y en un futuro, cuando los 20 distritos tengan nombres, también que indiquen a qué barrio pertenecen esas calles. “Cuando se termine el nuevo CPU los vecinos decidirán democráticamente qué nombre llevará su distrito. Seguramente los más tradicionales se mantendrán y probablemente surjan algunos nuevos, pero serán los vecinos los que tomen esa decisión”, explicó a LA GACETA la intendenta de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla.










