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Mediante una audiencia celebrada esta mañana, el fiscal Pedro Gallo consiguió que la Justicia agravara las acusaciones de Felipe "El Militar" Sosa y de Justina Gordillo, acusados en la causa que investiga el crimen de Érika Álvarez, la mujer que fue encontrada sin vida en un basural en Manantial Sur.
Sosa, que estaba acusado de homicidio simple, va a ser imputado por femicidio después de las evidencias aportadas por la fiscalía, que demostró que “El Militar” ejercía violencia de género sobre la víctima, aquejada por sus adicciones. Además, dejó en evidencia que el principal acusado y Érika estaban relacionados desde hace cuatro años.
En la misma audiencia, Gordillo, ex pareja de Sosa, también fue notificada de la agravación de su imputación, por lo que ahora será acusada de encubrimiento agravado por lucro. Desde la fiscalía sostienen que de alguna manera utilizó ese crimen para obtener un rédito económico. En su exposición, Gallo dijo que la moto que compró Sosa para huir a Buenos Aires estaba a nombre de ella y que, además, firmó poderes en una escribanía para movilizar las finanzas y las inversiones de las tres empresas que pertenecían a “El Militar”. La resolución de la jueza Isolina Apaz Pérez de Nucci no fue impugnada.
Para solicitar las nuevas imputaciones, el fiscal tomó varios aspectos de las declaraciones de Nicolás Navarro Flores, quien habló del poder que tenía Sosa a las personas y puso énfasis en su relación traumática con Érika.
Hasta el momento, la justicia ordinaria no pidió púbicamente que se investigara a Sosa por sus posibles vínculos narcos. Sobre ese punto, el abogado querellante Carlos Garmendia anunció que en las próximas horas enviará a la Justicia Federal una copia del expediente, para que se analice esta cuestión. Lo más probable es que la causa quede en manos del fiscal federal Agustín Chit.
ACUSADOS. Felipe ARCHIVO
El macabro crimen de Érika Álvarez
Érika tenía 25 años y era la tercera hija del matrimonio de Claudia y Marcelo Álvarez. Vivía junto a sus padres y sus dos hermanas menores en una vivienda en la calle Eudoro Aráoz al 2.400, pero hacía pocos meses se había mudado a una casa a algunas cuadras del domicilio familiar. Según contó Claudia en diálogo con LA GACETA, la última vez que vio a su hija fue el sábado 3 de enero, luego de compartir un asado. Durante los días posteriores habían seguido en contacto a través de WhatsApp.
El jueves se enteraron por medio de un grupo de Facebook que vecinos de Manantial Sur habían encontrado un cadáver en un basural. “Algo dentro mío me decía que se trataba de ella, así que le pedí a mi marido y a mi hija que fueran a ver de quién se trataba”, dijo Claudia.
Las primeras investigaciones y el cruzamiento de datos permitió a la justicia imputar en la causa a Sosa, de 50 años, que fue detenido 10 días después en Buenos Aires, hasta dónde se había traslada en una moto de alta gama.










