El sodio puede aumentar el volumen sanguíneo y atenuar la sensibilidad del cuerpo a los cambios de la presión arterial. (Imagen Web)

Ese momento del día, entre las 14 y las 15, es un clásico: el cansancio empieza a pesar, la concentración se dispersa y el cuerpo pide un "empujón" de energía. Para muchos, la respuesta rápida es un paquete de papas frita, unas galletas o cualquier snack salado que esté a mano. Sin embargo, lo que parece un alivio momentáneo podría estar dañando tu salud cardiovascular de forma silenciosa.
Un artículo publicado en el medio EatingWell advierte que convertir estos antojos en un hábito diario puede elevar la presión arterial, incrementando el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas o accidentes cerebrovasculares. El problema no es un snack ocasional, sino la recurrencia que termina alterando el funcionamiento de nuestro organismo.
El engaño de los alimentos hiperpalatables
Muchos de los productos que elegimos para merendar están diseñados para ser "hiperpalatables", es decir, tienen sabores artificialmente intensos que atrapan nuestro paladar. "Los refrigerios salados suelen ser altos en calorías y es fácil comerlos en exceso, y el aumento de peso en sí mismo es otro posible factor que contribuye a la presión arterial alta", explica la nutricionista en cardiología preventiva Michelle Routhenstein.
Además de la balanza, el daño ocurre en el interior de nuestras arterias. El consumo regular de sodio puede provocar cambios físicos estructurales. "Con el tiempo, consumir alimentos ricos en sal con regularidad puede endurecer los vasos sanguíneos y dificultar su relajación, lo que aumenta aún más la presión arterial", señala Routhenstein.
El efecto manguera en tus arterias
El sodio tiene una capacidad directa para alterar el equilibrio hídrico del cuerpo. Cuando hay un exceso, el organismo retiene más agua para compensar, lo que aumenta el volumen de sangre que circula. "Un exceso de sodio hace que el cuerpo retenga agua adicional, lo que aumenta la cantidad de sangre que fluye por los vasos y aumenta la presión en las paredes arteriales", afirma la especialista.
Es un efecto similar al de abrir el paso de agua en una manguera con demasiada fuerza: la presión constante termina dañando las paredes. Además, el cuerpo pierde sensibilidad para detectar estos cambios. Los sensores naturales de las arterias, llamados barorreceptores, se "reajustan" a niveles más altos y dejan de responder con eficacia para relajar los vasos sanguíneos.
Pequeños cambios para proteger el corazón
La buena noticia es que existen estrategias sencillas para combatir ese bajón de la tarde sin poner en riesgo la salud. Una de las claves es el potasio, que ayuda a contrarrestar los efectos negativos del sodio. En lugar de procesados, los expertos recomiendan optar por frutas frescas, verduras, semillas de calabaza o yogur natural.
También es fundamental vigilar lo que bebemos. "La deshidratación puede dificultar la regulación de la presión arterial, por lo que beber agua es importante", advierte el especialista Brannon Blount. Asimismo, se recomienda limitar la cafeína (menos de 300 mg al día) y realizar al menos 150 minutos de actividad física semanal para mantener las arterias flexibles y sanas.








