Último Primer Día: lo que necesitás saber para cuidar a tu hijo

Cómo manejar el famoso “si no voy, me quedo afuera”, y el consumo excesivo de alcohol. Presencia activa y charla genuina son claves.

FESTEJO ANTES DE EMPEZAR LAS CLASES. El UPD comienza la noche anterior con música, alcohol y la consigna de no dormir hasta que salga el sol. FESTEJO ANTES DE EMPEZAR LAS CLASES. El UPD comienza la noche anterior con música, alcohol y la consigna de no dormir hasta que salga el sol.
Lucía Lozano
Por Lucía Lozano Hace 5 Hs

Tres letras que en estos días resuenan en casi todas las casas donde hay adolescentes: UPD. El Último Primer Día se convirtió, en menos de una década, en una ritual casi obligatoria para quienes comienzan el sexto año de la secundaria. Remeras intervenidas, vestidos adornados con lentenjuelas y brillos, y banderas con la frase “promo 26” forman parte de este ritual que los chicos no quieren perderse.

La consigna es clara: reunirse la noche previa al comienzo de las clases, no dormir, bailar y tomar alcohol para luego ir al aula a inaugurar el último ciclo escolar. Lo que para ellos es un festejo, para las familias y las escuelas abre una serie de interrogantes: ¿cómo manejar el consumo de alcohol en menores de edad? ¿Qué hacer frente al clásico “lo hacen todos” o “si no voy, me quedo afuera”? ¿Cómo poner límites?

Según explica el secretario de Políticas Integrales sobre Adicciones, el psicólogo Lucas Haurigot Posse, el UPD comenzó a realizare hace unos 10 años. No obstante, un poco antes de la pandemia tomó otra dimensión, remarca.

“Hoy el UPD tiene una organización que parece una fiesta de 15: se alquila un local, sonido, se define qué bebida alcohólica se va a tomar, hay listas, grupos de coordinación y, en algunos casos, intervienen adultos. Es un ritual muy fuerte para quienes terminan el secundario”, señala.

La celebración dejó de ser una simple reunión entre compañeros para transformarse en un evento planificado durante semanas. En el imaginario adolescente, no hay cierre feliz del secundario sin viaje de egresados y sin UPD. Es una marca de época, un pasaje simbólico que inaugura el último tramo escolar.

Pero esa misma organización que impresiona por su nivel de detalle también despierta preocupación: el exceso de consumo de alcohol -y eventualmente otras sustancias- suele estar presente, y pueden producirse situaciones de riesgo, admite.

“Lo que para el adolescente es un momento de festejo y alegría, al adulto lo llena de dudas”, reconoce Haurigot Posse. El temor a los excesos, a que lleguen “quebrados” o en un estado de ebriedad importante, moviliza a madres y padres. La pregunta que sobrevuela es inevitable: ¿prohibir o acompañar?

“Desde la Secretaría lanzamos una campaña de concientización para que las familias no se desentiendan del evento. El mensaje es claro: no dejarlos solos”, apunta el funcionario. E insiste en un punto central: el rol de los adultos responsables es fundamental.

“La presencia del padre o la madre en la organización previa y en el mismo festejo es muy importante”, subraya. La recomendación es involucrarse desde febrero, cuando empiezan a planificar el evento, y también estar físicamente esa noche ante cualquier eventualidad.

Aunque muchos adolescentes sostengan que “esto lo organizamos nosotros” o que los padres “son de otra época”, lo cierto es que, detrás del pedido de libertad, todavía hay inseguridades propias de los 17 o 18 años. “Por eso es importante el diálogo previo. Decirles que como mamá y papá vamos a acompañar, y que los chicos van a poder disfrutar, pero sin excesos”, aconsejó.

Curiosamente, en varios grupos son los propios chicos quienes eligen qué adulto los acompañará: “el papá de tal es piola”, “la mamá de tal nos cae bien”. Esa puerta de entrada puede convertirse en una oportunidad para establecer reglas claras, puntualiza Haurigot Posse.

Presencia no significa controlar cada movimiento, sino estar disponibles, visibles y atentos, remarca. Para el psicólogo, el diálogo previo es fundamental; en sí mismo una herramienta preventiva. “Todo lo que se converse en la casa ya es prevención”, afirma.

De esta manera, según describe, sentarse a hablar antes del evento permite acordar horarios y traslados, establecer límites claros respecto al consumo, conversar sobre riesgos y consecuencias, reforzar la idea de diversión sin excesos, sin la necesidad de llegar a “quebrarse”. La consigna es sencilla, pero profunda: festejar sí, descontrol no.

Excluidos

“Si no voy me quedo afuera”. Pocas frases movilizan tanto a las familias como esta. El miedo a que el hijo o hija quede excluido activa culpas y dudas. La pertenencia al grupo es central en la adolescencia. Evolutivamente, el joven pasa del mundo familiar -donde los padres son los principales referentes- a priorizar el grupo de pares. Esa presión puede influir en decisiones apresuradas o impulsivas, explica el profesional.

Pero aquí aparece otra dimensión: el límite como parte de la educación. Si el adolescente mantiene una conducta responsable en sus estudios, en sus vínculos y en sus salidas, otorgar libertad para ir al UPD puede ser coherente con esa trayectoria. En cambio, si hubo incumplimientos o problemas de conducta, también es válido que la familia decida restringir la participación como consecuencia. El límite no es castigo arbitrario: es coherencia, apunta.

Cuidar no es invadir

Uno de los desafíos más delicados para los padres es cuidar sin invadir. La línea es muy delgada. Por eso, Haurigot Posse nos da algunas precisiones. Cuidar implica: estar presentes, dialogar, escuchar sus argumentos, respetar que ya tienen opiniones formadas y sostener reglas claras.

“Invadir sería controlar de manera desmedida, desautorizar sin explicación o desoír lo que sienten”, especifica. “Ese límite no es invadir, es educar. Es decirle al otro: me importás y quiero que estés bien física, psicológica y socialmente”, explica el secretario.

Los adolescentes pueden interpretar la intervención como intromisión. Pero, desde la mirada adulta, se trata de contención y responsabilidad.

La presión grupal

La presión del grupo es un factor determinante para un adolescente. En la euforia colectiva, decir “no” puede resultar muy difícil para ellos.

Por eso, más allá de prohibiciones puntuales, el consejo es que como padres logremos construir capacidad de reflexión en nuestro hijos. Que puedan discernir qué aceptar y qué rechazar, incluso cuando la mayoría opine lo contrario.

Ese aprendizaje no ocurre en una noche. Se construye con conversaciones reiteradas, con ejemplos y con coherencia en el tiempo, aclara. “La impulsividad es parte del crecimiento. Pero si vamos instalando espacios de reflexión, ayudamos a formar jóvenes que no queden a merced de decisiones grupales”, sostiene Haurigot Posse.

El UPD es parte del calendario emocional de una generación. Negarlo sería desconocer una realidad instalada. La clave no está en demonizar el festejo, sino en resignificarlo: recuperar su espíritu de celebración y minimizar los riesgos, concluye el experto.

Advertencia: “No vamos a dejar entrar chicos que no estén en buenas condiciones”

Ante la popularización de los festejos del Último Primer Día (UPD) entre los alumnos del último año del secundario, el Ministerio de Educación de Tucumán fijó una postura institucional estricta. La titular de la cartera, Susana Montaldo, confirmó que ya se emitió un comunicado oficial a las instituciones y que se está coordinando un trabajo de control exhaustivo junto al Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo (IPLA). Serán inflexible respecto al estado en el que los estudiantes se presenten en los establecimientos educativos. Montaldo anticipó que no se permitirá el ingreso de aquellos que evidencien haber consumido sustancias durante la madrugada. Nosotros no vamos a dejar entrar chicos que no estén en buenas condiciones de salud, pensamos que es un respeto por la escuela”, argumentó. El foco está puesto en la prevención y, fundamentalmente, en la responsabilidad de las familias, señaló. En ese sentido, cuestionó el financiamiento de este tipo de eventos y lanzó un mensaje directo: “les decimos a los padres que es una pena que ellos paguen una entrada para que los chicos vayan a consumir alcohol u otra sustancia y lleguen a la escuela en esas condiciones”.

Comentarios