Caso Paulina Lebbos: “Hay que investigar la relación de Kaleñuk con el narcotráfico”

Alberto Lebbos habla en esta segunda parte de la entrevista sobre indicios que no se profundizaron y el rol de la comunidad.

EN LA GACETA. Alberto Lebbos (derecha) describe la tragedia a los periodistas Federico van Mameren (centro), Roberto Delgado y Gustavo Rodríguez. EN LA GACETA. Alberto Lebbos (derecha) describe la tragedia a los periodistas Federico van Mameren (centro), Roberto Delgado y Gustavo Rodríguez.

A 20 años del crimen de Paulina Lebbos, su padre, Alberto Lebbos, analiza el funcionamiento del encubrimiento institucional, el rol de la Policía y la Justicia, las hipótesis falsas que se instalaron y el lugar que ocupó la sociedad tucumana a lo largo de dos décadas de impunidad en una extensa entrevista con LA GACETA:

-Vos siempre dijiste que la Policía de Tucumán, la cúpula de la policía de Tucumán de ese momento, había armado una suerte de escenario para desviar la investigación. ¿En qué te basás?

-Mirá, yo he presentado una nota a (José) Alperovich denunciándolo a todo el Ministerio de Seguridad, a (Eduardo) Di Lella, a (Hugo) Sánchez, a (Nicolás) Barrera, todo con las pruebas que había. Me baso en hechos concretos. Recuerdo que en un supuesto rastrillaje en San Andrés, un jefe policial me juró que habían entrado al cañaveral y no encontraron nada. Yo, que manejé fincas de caña desde los 15 años, miré las botas de los oficiales y estaban limpias, las cañas ni estaban dobladas. Me estaban mintiendo en la cara mientras yo buscaba a mi hija. Todo fue hecho a propósito para generar caos.

-¿Creés que en su momento fue una movida política para separarlo al fiscal (Alejandro) Noguera que de alguna manera ya estaba observando que la Policía había cometido algunos delitos?

-Todo puede ser. Más estas secuencias delincuenciales de esta runfla encabezada por Alperovich. Todo puede ser. Yo ya había presentado las denuncias y ahí lo cambian y entra este tipo (Carlos) Albaca que me rechaza todas las presentaciones de denuncias que nosotros hacíamos

-Cuando Albaca se hace cargo de la causa, una de las primeras decisiones polémicas que tiene es que te retira a vos del rol de querellante y le da ese poder o esa figura a nada menos que a César Soto.

-Bueno, ahí hay que retomar algo. César Soto nunca le había reconocido a su hija. Nunca. No había ido al registro civil. Cuando Albaca se hace cargo de la causa, lo primero que hace es llamarme a declarar a mí. No lo llama a declarar a Sánchez o Barrera o Di Lella. Me toma la declaración un empleado, se arrima Albaca y me dice: “¿Por qué usted los acusa a los hijos de Alperovich?”. Yo no los acuso, le dije, vaya a preguntarle a la prensa. Yo digo que son los hijos del poder. ¿Cuál era la trampa? El tipo me quería armar una causa a mí para sacarme de la querella.

-¿Qué pasaba con las pruebas técnicas, con el ADN, con los cabellos que se encontraron?

Ese es uno de los capítulos más negros. Hicieron que se pudran los cabellos de Paulina junto con (la bioquímica) Lilia Moyano. Albaca mandaba a la empresa de telefonía el IMEI del teléfono, pero por ejemplo, en el medio, al número seis le ponía número siete. Claro, la empresa de telefonía decía que con ese IMEI no había nada. Esa era una de las maniobras que hacía Albaca. Dejó pudrir las muestras de ADN en su despacho durante años, sin mandarlas a analizar, para que cuando finalmente se hicieran, el resultado fuera inconcluyente. Fue un plan perfecto de destrucción de pruebas.

-El teléfono que tenía Paulina esa noche nunca apareció, pero sí hubo movimientos con ese equipo, ¿verdad?

El teléfono de Paulina nunca apareció. Pero se detectó el chip. Se detectó que un tal Gómez lo había hecho funcionar y detectaron que en la zona donde estaba el teléfono de Paulina en ese momento estaba Sergio Kaleñuk. La sospecha firme es que Sergio Kaleñuk tenía el teléfono de Paulina.

¿Cuál creés vos que es la relación entre Soto y Kaleñuk?

-Bueno, ahí hay un vínculo que yo no dudo después de todos estos años que han pasado que tiene que haber alguna relación con el narcotráfico y que por eso también están blindadas estas cuestiones. Habría que investigar la relación de este Sergio Kaleñuk con el narcotráfico. Tienen una casa en Los Aguirre por una prescripción adquisitiva. Ustedes saben que esa es una forma bastante peculiar de apropiarse de propiedades ajenas. El problema que acá no se investiga. Yo no tengo dudas que este tipo este Sergio Kaleñuk es un archivo, es un tipo que sabe mucho, debe ser que amenaza con hablar y por eso lo tienen protegido. Vamos a ver qué va a pasar con el juicio que le van a hacer junto a Soto.

-Te regreso a la línea narco del caso, que si bien algunas veces la hemos compartido, es la primera vez que vos de alguna manera la confirmás; en el juicio salió una línea narco, se habló de esta mujer, Macarena Bordato.

-Bueno, ella también está acusada, tiene un expediente paralizado donde se habló de la presencia o el contacto de esta mujer con un narco importante del norte. Inclusive se decía que este narco era oriundo de Aguaray, la misma ciudad de origen de Virginia Mercado. El día que desapareció Paulina, Virginia Mercado recibió la visita de su hermana y de un primo. Muchas coincidencias. Todo son “coincidencias” en este caso que nunca se quisieron profundizar porque tocaban intereses muy pesados.

-¿Qué opinás de los juicios abreviados?

-Es un escándalo jurídico con los juicios abreviados. Quiere decir que (Francisco) Picón, que fue subjefe de policía, o Raúl Ferreira, que era subjefe de la brigada, reciben penas de dos años condicional. Es un premio, es un pasaporte a la impunidad. Para funcionarios públicos que han mentido y encubierto un homicidio gravísimo no puede haber juicios abreviados; es una aberración que la Corte Suprema de Tucumán parece no estar viendo. El artículo 382 del Código Procesal Penal hasta el 390 indica perfectamente en qué casos son viables los juicios abreviados, que no son en ninguno de estos casos y menos para funcionario público. Quiere decir que Picón, es menos responsable que Virginia Mercado. Quiere decir que le han dado dos años a Ferreira. Es menos responsable que Virginia.

-¿Sentís que se premió a los encubridores?

-Claro que sí. Reconocen delitos, les dan penas mínimas y la causa principal sigue paralizada. Es un mensaje terrible: encubrir sale barato.

Fiscales honestos

-¿Qué rol jugó el Ministerio Público Fiscal en todo esto?

-Hubo fiscales honestos, como el doctor Diego López Ávila que le dio un giro de 180 grados a ,la causa y hubo fiscales que hicieron muchísimo daño. Albaca fue un personaje nefasto. Un fiscal que envenenó todo lo que tocó y al que nunca controlaron durante 25 años.

-¿Creés que el Poder Judicial es consciente de la gravedad institucional del caso?

-No lo sé. Lo que sí sé es que si la Justicia no cumple sus propias sentencias, deja de ser Justicia. Se transforma en una ficción.

LAS MARCHAS. El padre de Paulina dice el acompañamiento de la gente fue fundamental, conmovedor y también incómodo para el poder. LAS MARCHAS. El padre de Paulina dice el acompañamiento de la gente fue fundamental, conmovedor y también incómodo para el poder.

-¿Ha cambiado en algo la sociedad en estos 20 años? Después del caso Paulina surgieron cambios como la ley de las 4M, los after, el Sutrapa, todo el los movimientos de defensa de los derechos de la mujer. Parece haber cambiado la sociedad, pero ¿las instituciones han cambiado?

-Aún no hay una compañía, un acompañamiento efectivo, porque reitero, quienes han jurado cumplir y hacer cumplir la ley y tienen la representación del pueblo, que es la legislatura. Y bueno, ahora hay un tipo que se ocupa de ver que no lo critiquemos y que le un juez le ponga seis horas de plazo para borrar todo lo que hablen de alguien. Entonces ahí está reflejado en dónde se ocupan, como se refleja en el presupuesto, en qué se ocupa el gobierno. Mire, yo tengo que rendir un gran homenaje a la comisión de familiares de víctimas de la impunidad de Tucumán. Y le tengo que contar por qué hemos dejado de hacer las marchas. Nosotros hemos hecho 1.500 marchas. Es un los movimientos populares que se mantuvo firme durante todos los martes. Después de la pandemia nos volvemos a juntar y empiezan a caer grupos de narcos de los barrios donde se matan entre ellos. Entonces verían y nos hacían que nosotros nos pongamos a favor de uno o de otro. Y te imaginas vos estábamos muertos de miedo porque te pueden matar. Iban todo drogado, ya era un peligro seguir haciendo la marcha. Pero este sacrificio de Paulina sirvió para muchísimas cosas. En primer lugar, la gente se animó a salir. Antes de Paulina no se veía una marcha en la puerta de los tribunales. Ahora es raro cuando no hay una marcha en la puerta de los tribunales. Y yo le estaba comentando al principio cómo se gestó este movimiento desde la desde el centro de estudiantes de la facultad de filosofía y letras. En la segunda marcha apareció una familia con un cartelito que decía justicia para David Acuña. ¿Saben quién era David Acuña? Un jovencito de la Costanera que tenía un programa de radio que ya denunciaba en ese momento este tema del narcotráfico. Hace 20 años quedó impune el hecho y ahí han empezado a aparecer, ahí tengo la lista, casi 1000 nombres. Yo llegaba a la plaza los martes y había días que tenían que agregar 10 nombres de víctima. Todavía me estremezco, se hace nudo el corazón.

-En los primeros días hubo una fuerte reacción social. ¿Qué significó eso para vos?

-Fue fundamental. La sociedad salió a la calle, acompañó, buscó a Paulina como si fuera su hija. Eso fue conmovedor y también muy incómodo para el poder. Mientras la gente estaba movilizada, el encubrimiento no podía avanzar con tranquilidad.

-¿Sentís que ese acompañamiento fue cambiando con el tiempo?

-Sí, claro. El paso del tiempo desgasta, cansa, genera miedo. Mucha gente me decía en privado que me apoyaba, pero que no podía exponerse. Y eso también es una consecuencia de la impunidad.

-¿Creés que hubo un intento de disciplinar a la sociedad?

-Sin ninguna duda. Cuando un caso como este no se resuelve, el mensaje es claro: “no se metan”. Eso genera silencio, resignación, acostumbramiento. Y eso es gravísimo. Se perdió la inocencia. Mucha gente empezó a entender cómo funciona el poder real, cómo se tapa, cómo se encubre. Pero también apareció el miedo, y el miedo paraliza.

-¿Pensás que con estos juicios se va a poder llegar finalmente a la verdad sobre quién mató a Paulina?

-Siempre tengo la expectativa y hasta el día que me muera, porque siento que la verdad siempre prevalece. Quiero que funcionen las instituciones. Quiero que algún legislador lea el artículo 67, se cruce y hable con el Ministerio Público Fiscal y diga: “Señor, ¿qué pasa con esto?”. Pero no hay un tucumano en el poder que haga eso. Están todos paralizados por el miedo. Yo sigo pidiendo que rindan cuentas, no como un favor a mí, sino por toda la comunidad que merece vivir sin este régimen de invisibilidad y mentira.

(Producción periodística: Juan Manuel Montero)

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