Riesgo nuclear, una nueva ONU y el argentino Grossi

Riesgo nuclear, una nueva ONU y el argentino Grossi
Hace 11 Hs

Carlos Duguech

Analista internacional

En estos tiempos se habla con un mayor temor por las armas nucleares. Putin, suelto de lengua, blasonaba de las excelencias de las suyas, en los primeros tiempos de su invasión a Ucrania que mañana cumple 4 años. Tiempos de emergencia en el planeta de focos muy calientes. Con guerras y ataques de magnitud como sucede entre los ex hermanados en la URSS (Rusia y Ucrania) y la destrucción por bombardeos y metrallas de toda índole por Israel en contra, según manifestaba, de activistas de la organización Hamas. Esa misma que asoló el sur de Israel el 7 de octubre de 2024. Represalia israelí destruyendo infraestructuras y viviendas generando más de 70.000 víctimas, con mayoría de niños y mujeres, además de civiles no activistas. Asombra citar que los militares muertos de Israel no llegan a 2.000. La desmesura de la diferencia consagra indubitablemente el genocidio del que tanto se menciona. El lenguaje se resiente cuando se habla de “guerra Israel vs. Hamas”. Los enfrentamientos “guerreros” son entre partes, cada uno llevando al terreno de la violencia sus ejércitos, sus ataques con aviones artillados, tanques, drones y fusileros. En Gaza ocurrió una inocultable acción de demolición y exterminio. Los guarismos que dan cuenta de las víctimas mortales de la llamada “Guerra en Gaza” informados por el Ministerio de Salud de Gaza -y también por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel muestran, significativamente -prueba necesaria y pública- de que no se está frente a una “guerra” sino a una invasión bélica de las fuerzas armadas de un país sobre territorio lindero ajeno, con una densidad poblacional desmesurada:14.346, 13 habitantes por km2. (Tucumán, la provincia más densamente poblada de Argentina con 76,8 hab./km2.). Por ello mismo cualquier sistema de ataque alcanza objetivos humanos, indefectiblemente.

Guerra nuclear

Ya forma parte del discurso bélico, natural de algunos líderes guerreros (Putin, entre ellos) que, sin medir consecuencias (o especulando con el terror que desatan), y muy a lo absolutistas, esgrimen amenazas mencionando esa “ventaja” que les proporcionan sus arsenales nucleares. De los que se ufanan en toda ocasión. Y por modernizarlos, pese a los tratados, entumecidos de tanto no “tratar”.

“Había una vez” en la ciudad de los valses de Strauss en la que los representantes de Francia, Estados Unidos, Rusia, China y Reino Unido, los cinco del Consejo de Seguridad de la ONU (CS) más Alemania, conformaron -nada menos que con Irán, sí el Irán teocrático- y tras unas negociaciones vienesas que demandaron casi dos años, un acuerdo para que esa República Islámica limite su gestión de las cuestiones nucleares sólo para fines pacíficos. Nacía, gloriosamente, para admiración del mundo de las relaciones internacionales el Plan de Acción Integral Conjunta, (PAIC). El ya clásico P5+1, por aquello de los cinco del CS más Alemania. A cambio de ese compromiso suscrito en Viena, sede de la OlEA (Organización Internacional de Energía Atómica) se le iban a levantar las sanciones (embargos) por cuestiones nucleares impuestas por la ONU, la UE y los EE.UU. Un acuerdo verdaderamente extraordinario. Ejemplar para la Humanidad con el régimen teocrático de Irán. Una fantasía hecha realidad gestionada con inteligentes herramientas, muy valiosas éstas de la diplomacia. Y una retórica de noble estirpe.

Un mal día

Durante su primer período presidencial Trump ejerció su poder con un estilo amorfo en política internacional que se le empezó a conocer sólo el 08/05/2018. Ese día echa por tierra -creyéndose su excelsa potestad- el compromiso con Irán. Y, traiciona a los otros miembros del singular acuerdo, cuatro de ellos -como EE.UU. – integrantes permanentes del CS. Debemos enfatizarlo precisamente, para que luzca más claro en la percepción que se tiene sobre este asunto. Fue a instancias -reiteradas en variadas oportunidades- de un demasiado influyente y experimentado Netanyahu. Trump, inexperto en estas cuestiones (principiante en materia de política internacional), decidió retornar los embargos contra Irán. Y lo notorio, de toda notoriedad: a la vez Trump traicionaba, reiteramos, a los cinco países que conformaban el acuerdo (PAIC) tan laboriosamente logrado, desde los tiempos de Obama. Imaginamos: y tal vez por ello mismo, por ser una decisión del presidente afroamericano de EE.UU. que arrimó a su país a una mesa de acuerdo, “nada menos que con los ayatolás de Irán y sus terroristas” (Trump dixit, In pectore).

Para mejor comprender las asimetrías teniendo a la vista a Irán-Israel, viene muy bien destacar que Irán suscribió el TNPN (Tratado de No Proliferación Nuclear) el 01-07-1968 habiéndolo ratificado en marzo de 1970, en tiempos del Sha de Persia, Mohammad Reza Pahlavi. Y ello ¿qué significa? Mucho: comprometerse a no desarrollar armamento atómico. Y someterse, a la vez, a la OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica). Y para evaluar el panorama vale tener en cuenta que en 2015, Irán, ejerciendo el poder luego del ciclo del Sha interrumpido por la Revolución Islámica (11-02-1079), suscribe en 2015 el paraguas del PAIC (Plan de Acción Integral Conjunto). La asimetría halla cobijo en el siguiente esquema:

¿Irán es parte del TNP? Sí.

¿Israel es parte del TNP? No.

De modo que esta asimetría pone en la mesa de los análisis a un país sometido al Tratado de No Proliferación Nuclear (Irán) y a otro (Israel) que no quiere sentirse vigilado en cuestiones nucleares.

Aunque ya lo expresamos alguna vez, lo reiteramos por el valor síntesis de la expresión. Cuando al ex gobernador de Tucumán, Antonio Domingo Bussi se le preguntó sobre las supuestas cuentas suyas en Suiza petrificó en la memoria de los tucumanos ese “ni niego ni afirmo”. Tal y como lo expresan todos los responsables del gobierno israelí respecto de sus “arsenales nucleares”. Cada vez. Y todas las veces, ese latiguillo adquiere rango en la (burda) “política internacional”.

¿Riesgo nuclear? Grossi

Se lo reconoce al diplomático Rafael Mariano Grossi desde la tragedia del submarino ARA San Juan del 15-11-2017, ya que gestionó desde la OIEA que los detectores mundiales de explosiones aportaran las coordenadas para su localización en el Atlántico. Grossi, titular de la OIEA por segundo mandato, hasta 2027, ahora va por la Secretaría General de ONU como candidato.. propuesto por Argentina.

Su competidora más relevante, Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile (dos mandatos, 2006-2010 y 2014-2018) -si bien puede tener la ventaja para el caso de que se tienda a elegir una mujer por primera vez para ese cargo- no alcanza los niveles de experiencia en la gestión internacional. Y particularmente -oportuno es enfatizarlo- en un espacio de enorme relevancia de las relaciones internacionales en esta etapa del Siglo XXI: la cuestión de las armas nucleares en un contexto –ya no se disimula- donde se llegó a mencionar por unos y otros su utilización. Nadie en los espacios de gestión y poder puede exhibir más capacidad de gestión y conocimientos del asunto que el mismísimo Grossi. Viene exponiendo que la ONU debe recuperar su capacidad de intervención y de prevención de conflictos. Y, sobre todo, de presencia activa en zonas críticas. Dio muestras de su gestión, activísima. Sólo repasar Rusia-Ucrania, Israel-Gaza y lo de Sudán, obliga a imaginar una ONU activa, no solamente declarativa como hasta ahora.

Hasta el presente ninguno de los nueve secretarios generales de ONU tuvo alguna formación en materia nuclear. En este tiempo -casi es de rigor- como si se tratara de un tumor maligno cercano al corazón, que no se recurriera a un cirujano cardiólogo de experiencia, sería fatal. Eso muestra la ONU hoy. Necesita, imprescindiblemente, un gestor como lo viene demostrando el argentino Grossi al frente de la OIEA con su valiosa propuesta. Dijo: “El mundo no necesita más declaraciones. Necesita una ONU capaz de responder a las verdaderas demandas de nuestro tiempo”. No es de desdeñar su más reciente expresión: “No soy un candidato de derecha. Soy un funcionario internacional independiente”. Una hábil y diplomática aclaración.

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