30 Abril 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Sus estilos son tan diferentes que a nadie se le ocurriría establecer una comparación entre ellos. Uno fue caracterizado como un gobernante parsimonioso y con una lentitud que lo relegaba a quedar sobrepasado por los hechos. El otro expone la imagen del líder activo y veloz, con la capacidad de anticipación necesaria para superar los problemas. Pero la proximidad del invierno es más fuerte que las apariencias y pondrá en claro un preocupante punto en común: Arturo Illia y Néstor Kirchner son los únicos presidentes de la historia argentina que comenzaron su mandato con autoabastecimiento de combustibles y al poco tiempo dejaron al país con déficit energético.En el primero de los casos, la anulación de los contratos petroleros repercutió de inmediato en el balance de pagos, ya que la reanudación de las importaciones de crudo representaron por casi un cuarto de siglo la erogación de miles de millones de dólares. Luego de crecer a un ritmo nunca repetido entre 1958 y 1962, la producción de petróleo se mantuvo estancada hasta 1965 y su crecimiento no llegó a satisfacer al de la demanda interna. En ese aspecto, Kirchner comenzó su gestión en una posición relativamente mejor que la de Illia, si se tiene en cuenta que al autoabastecimiento de petróleo se le añadió el de gas, al punto tal que los dos hidrocarburos no solo cubrían la demanda local sino también se exportaban.
La incapacidad de medir las consecuencias de sus actos le impidió ver al gobierno de 2002 que una devaluación repercutiría en la mayoría de los precios de la economía. Entre ellos, los de los costos de exploración, una actividad imprescindible para asegurar la producción futura. A partir de 2002, la actividad de exploración de gas ha sido casi inexistente; los nuevos pozos de producción se redujeron a la mitad y la capacidad de transporte de los gasoductos no se ha ampliado, señala un estudio de la Fundación Grupo Sophia. Hoy las reservas de petróleo y de gas son un 15% inferiores a las de hace un lustro.
La costumbre de "patear la pelota para adelante" se prolongó por más de tres años y los resultados estarán a la vista en el corto plazo. Pero a diferencia de los últimos inviernos, en esta oportunidad la crisis energética no es un pronóstico: ya se la experimentó en 2004 y desde entonces se advirtió que el problema se repetiría año tras año si no se tomaban medidas. La respuesta oficial fue la de transformar la necesidad en virtud, al presentar como un logro la importación de fueloil venezolano y gas boliviano, triste muestra de la incapacidad de movilizar la riqueza que el país guarda en el subsuelo.
La inacción oficial en la materia quedó puesta de manifiesto en el reciente encuentro del ministro Roberto Lavagna con la Asociación Empresaria Argentina. La preocupación de la entidad por los problemas que sobrevendrán con la provisión de energía en los próximos meses fue mucho más allá de la habitual sobreactuación de la dirigencia sectorial. La promesa de anuncios dejó un sabor agridulce a los dirigentes de AEA, porque a la satisfacción de saber que se va a hacer algo le sumaron la preocupación por tener que esperar a mayo para hacerse cargo de un problema del que vienen avisando hace años.
"¡No he comprendido jamás a los que se mueren de hambre con la caja fuerte llena de dinero !", exclamó el ex presidente Juan Domingo Perón en su mensaje a la Asamblea Legislativa de 1954, en respuesta a quienes se oponían a su política de apertura del mercado de hidrocarburos al capital extranjero, truncada por el golpe del año siguiente. La "caja fuerte" son los billones de dólares en petróleo y gas que la Argentina posee pero se empeña en no utilizar en su propio provecho. El "hambre" quedará manifiesto en poco tiempo. ¿Dirán que hay que pasar el invierno? (DYN)
La incapacidad de medir las consecuencias de sus actos le impidió ver al gobierno de 2002 que una devaluación repercutiría en la mayoría de los precios de la economía. Entre ellos, los de los costos de exploración, una actividad imprescindible para asegurar la producción futura. A partir de 2002, la actividad de exploración de gas ha sido casi inexistente; los nuevos pozos de producción se redujeron a la mitad y la capacidad de transporte de los gasoductos no se ha ampliado, señala un estudio de la Fundación Grupo Sophia. Hoy las reservas de petróleo y de gas son un 15% inferiores a las de hace un lustro.
La costumbre de "patear la pelota para adelante" se prolongó por más de tres años y los resultados estarán a la vista en el corto plazo. Pero a diferencia de los últimos inviernos, en esta oportunidad la crisis energética no es un pronóstico: ya se la experimentó en 2004 y desde entonces se advirtió que el problema se repetiría año tras año si no se tomaban medidas. La respuesta oficial fue la de transformar la necesidad en virtud, al presentar como un logro la importación de fueloil venezolano y gas boliviano, triste muestra de la incapacidad de movilizar la riqueza que el país guarda en el subsuelo.
La inacción oficial en la materia quedó puesta de manifiesto en el reciente encuentro del ministro Roberto Lavagna con la Asociación Empresaria Argentina. La preocupación de la entidad por los problemas que sobrevendrán con la provisión de energía en los próximos meses fue mucho más allá de la habitual sobreactuación de la dirigencia sectorial. La promesa de anuncios dejó un sabor agridulce a los dirigentes de AEA, porque a la satisfacción de saber que se va a hacer algo le sumaron la preocupación por tener que esperar a mayo para hacerse cargo de un problema del que vienen avisando hace años.
"¡No he comprendido jamás a los que se mueren de hambre con la caja fuerte llena de dinero !", exclamó el ex presidente Juan Domingo Perón en su mensaje a la Asamblea Legislativa de 1954, en respuesta a quienes se oponían a su política de apertura del mercado de hidrocarburos al capital extranjero, truncada por el golpe del año siguiente. La "caja fuerte" son los billones de dólares en petróleo y gas que la Argentina posee pero se empeña en no utilizar en su propio provecho. El "hambre" quedará manifiesto en poco tiempo. ¿Dirán que hay que pasar el invierno? (DYN)







