SU PROPIA INVERSIÓN EN CIENCIA. Marina Simian se hizo famosa cuando en 2019 ganó el concurso televisivo Quién quiere ser millonario, e invirtió los $ 500.000 del premio en su proyecto. / SLEIMAN

En medio de una fuerte caída del presupuesto en Ciencia y Tecnología —que, según el Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación, tocó uno de sus niveles más bajos en 30 años— cuatro equipos argentinos decidieron convertir años de investigación en empresas propias. De terapias oncológicas a suplementos marinos, hoy buscan inversores y mercado dentro y fuera del país.
La postal del científico aislado empieza a quedar atrás. Crece una generación que combina laboratorio y estrategia empresarial, con la idea de que los descubrimientos lleguen a hospitales, farmacias y consumidores.
Del hallazgo molecular a la biotecnología
1. El bioquímico Gabriel Rabinovich fundó Galtec tras décadas de estudiar la proteína Gal-1 y su rol en el sistema inmune. La empresa desarrolla terapias contra el cáncer y enfermedades autoinmunes a partir de ese descubrimiento.
CONTRA EL CÁNCER. Ravinovich creó su empresa para elaborar fármacos capaces de aumentar o bloquear la Gal-1, con el fin de modular la respuesta inmune frente a enfermedades oncológicas. / RABINOVICH
2. También dio el salto Marina Simian, quien invirtió el premio que ganó en ¿Quién quiere ser millonario? para crear Oncoliq. El proyecto apunta a detectar cáncer en etapas tempranas con un análisis de sangre y herramientas de inteligencia artificial.
3. En genómica, Adrián Turjanski creó GEN360, un laboratorio que ofrece tests genéticos para anticipar riesgos de salud y personalizar tratamientos. Uno de sus desarrollos recientes mostró mejoras auditivas en niños con mutaciones específicas.
CIENCIA ARGENTINA. Adrián Turjanski creó GEN360, un laboratorio de test genéticos para tratamientos médicos personalizados. / TURJANKSI
4. Desde la Patagonia, la biotecnología también mira al mar. ERISEA fue creada por la bióloga Tamara Rubilar y la ingeniera Lucía Barja en Puerto Madryn. La firma produce suplementos vitamínicos y nutracéuticos a partir de erizos de mar y algas del Atlántico Sur, bajo criterios de sustentabilidad y con acuerdos que garantizan regalías para la provincia de Chubut.
En tiempos de ajuste y fuga de talentos, estas experiencias muestran otro camino posible: científicos que se animan a emprender, atraer capital y disputar mercados globales sin dejar de producir conocimiento en Argentina. La ciencia local enfrenta obstáculos, pero también demuestra que puede convertirse en motor de innovación y desarrollo.







