Goleada y reconciliación: Atlético celebró San Valentín con un 4-0

Después de cuatro fechas sin triunfos, el “Decano” goleó 4-0 a Estudiantes de Río Cuarto en el Monumental y logró su primera victoria del año.

Goleada y reconciliación: Atlético celebró San Valentín con un 4-0 LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
Diego  Caminos
Por Diego Caminos Hace 6 Hs

Atlético tenía una cita impostergable en el José Fierro. Y el calendario quiso que fuera el 14 de febrero. En el Día de los Enamorados, la consigna era clara: reconciliarse con su gente. Bajo esa vieja premisa de que “goles son amores”, el equipo goleó 4-0 a Estudiantes de Río Cuarto, consiguió su primera victoria del año y convirtió la noche en una declaración pública de reconciliación.

Después de cuatro fechas sin triunfos, la relación no estaba rota, pero sí desgastada. Había intención, identidad y pasajes interesantes; faltaba el gesto concreto. Esa caricia que transforma la paciencia en ilusión. Esta vez llegó en forma de goleada. Y el “León del Imperio” fue testigo —y víctima— de esa reconstrucción.

Los regalos fueron tan oportunos como simbólicos. El primero lo firmó Renzo Tesuri, quizá el que más insistió en sostener el vínculo cuando el murmullo comenzaba a recorrer las tribunas. El segundo y el tercero llevaron la firma de Leandro Díaz: uno de penal y otro con una gran definición. El “Loco” suma cuatro goles y una asistencia en el campeonato, tres desde los doce pasos. El cuarto tanto fue obra de Nicolás Lamendola, que marcó su primero en el torneo y ratificó su gran momento. El broche ideal para una velada que terminó siendo mucho más plácida de lo que insinuaba el comienzo.

Porque el inicio no fue sencillo. Atlético no encontraba fluidez y la ansiedad crecía. Era una cita exigente: la quinta del torneo, después de cuatro encuentros sin victoria. Ya no bastaban las promesas.

Tal vez por eso Hugo Colace modificó la estrategia. Dejó de lado su 4-3-3 habitual y optó por un 4-4-2 más clásico. Como quien decide no improvisar en una noche especial. Sumó a Carlos Abeldaño para acompañar a Díaz y poblar el área. Más presencia ofensiva, más compañía, más intención de ser contundente en el área rival.

Y entonces llegó el primer flechazo. Tesuri, recostado sobre la derecha, empujó una jugada que parecía diluirse y, tras una carambola caprichosa, abrió el marcador. Fue el golpe justo cuando la tensión empezaba a sentirse. Atlético no deslumbraba, pero competía. Y en noches así, competir también es una forma de amar.

Tesuri no sólo convirtió. También mostró entrega, recorrido y convicción. Alma y cuerpo. Su actuación fue reconocida con una ovación al dejar el campo, como símbolo de esa comunión que empezaba a reconstruirse.

Tras el primer gol hubo una escena que resumió el momento. Riccardo Pellegrino palmoteó la espalda de Colace, pero el DT siguió dando indicaciones. Nada de relajación. Si algo había aprendido este equipo en el arranque es que la desconcentración se paga caro. Atlético tomó nota y amplió rápidamente la ventaja.

En el complemento, la gran definición de Díaz para el tercero empezó a cerrar la historia. El cuarto de Lamendola la convirtió en goleada y terminó de sellar la reconciliación. Porque el amor, como el fútbol, se sostiene con hechos. Y esta vez hubo eficacia, contundencia y autoridad.

La noche también tuvo un reencuentro con aroma a pasado. Mateo Bajamich regresó al Monumental, pero su presencia pasó casi inadvertida. Sin estridencias. Algunos insultos, nada de aplausos. Como un amor de verano que ya no conmueve, Atlético dio vuelta esa página hace tiempo.

Durante cuatro fechas, el equipo y su hinchada atravesaron una suerte de crisis de pareja. Hubo intención, pero faltó química en el área rival. Las promesas quedaban en insinuación. Esta vez fue distinto.

La quinta cita fue una noche casi redonda. Y, sobre todo, necesaria. Atlético necesitaba ganar para respirar, para creer y para darle respaldo numérico a una identidad que empezaba a exigir resultados.

En 25 de Mayo y Chile hubo final feliz. El Monumental recuperó complicidad y la llama volvió a encenderse con fuerza.

Claro que en el fútbol el amor se confirma cada semana. Las próximas citas serán en Córdoba, ante Instituto y Belgrano. Desafíos a distancia con su gente, pero determinantes para ratificar que lo del 14 de febrero no fue un gesto romántico aislado, sino el inicio de una relación más sólida.

Porque si el Día de los Enamorados celebra vínculos, Atlético eligió la mejor forma de hacerlo: con una goleada. Y en el fútbol, a veces, el amor también se escribe con cuatro goles.

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