La historia del sable corvo de San Martín.

El sable corvo que utilizó el general José de San Martín durante sus batallas libertadoras será entregado este sábado al Regimiento de Granaderos a Caballo. Tras un decreto emitido por el presidente Javier Milei, el acto se realizará en el Campo de la Gloria, en la ciudad santafesina de San Lorenzo.
El evento conmemorativo, que marcará la despedida de esta pieza emblemática de la historia argentina, reavivó el interés por conocer el origen del arma y su posterior donación al Museo Histórico Nacional por parte de la hija de Juan Manuel de Rosas.
San Martín había adquirido el sable en 1811, en un local de Londres, en un contexto convulso tanto en Europa como en las colonias españolas de América. El libertador intuía que aquella arma tendría un papel relevante en sus campañas. Nacido en Yapeyú, fue el primero en introducir en Sudamérica este tipo de sable, popular en el viejo continente, con hoja de metal de Damasco -resistente y flexible- y empuñadura de madera de ébano, además de una vaina recubierta en cuero y bronce.
Según detalla el Museo Histórico Nacional, tras finalizar la campaña libertadora y regresar desde Perú, San Martín dejó a Simón Bolívar la tarea de continuar la expulsión de los españoles del subcontinente. Con él viajó el sable corvo que había acompañado las luchas que pusieron fin a la presencia colonial en el Cono Sur.
El arma permaneció con el General hasta 1824, cuando debió exiliarse en Francia y la dejó al cuidado de doña Josefa Ruiz Huidobro, en Mendoza. Años más tarde, en 1837, durante un viaje de su hija Mercedes y su esposo Mariano Balcarce a la Argentina, San Martín les pidió que regresaran con el sable. “Traigan mi sable corvo, que me sirvió en todas las campañas en América y servirá para algún nietecito si es que lo tengo”, escribió entonces en una carta.
Quienes visitaron al Libertador en su residencia parisina relataron que el sable ocupaba allí un lugar de honor. El 23 de enero de 1844, ya con su salud deteriorada, redactó su testamento definitivo y dispuso el destino del arma: “El sable que me acompañó en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que sostuvo el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla”.
De acuerdo con esa voluntad, el 17 de agosto de 1850 el sable pasó a manos de Rosas gracias al traslado seguro organizado por Balcarce. El entonces gobernador lo conservó como una reliquia, guardándolo en un cofre cuya tapa llevaba una placa de bronce con la cláusula testamentaria grabada.
Tras el final de su mandato y su exilio en Southampton, Inglaterra, Rosas se llevó el sable y dejó establecido en su testamento que su hija Manuela Rosas y su yerno Máximo Terrero quedarían a cargo del arma. A la muerte de Rosas, en 1877, el sable fue trasladado nuevamente, esta vez a Londres, donde Manuela lo custodió hasta 1896.
Ese año, luego de diversas gestiones y en coincidencia con la inauguración del Museo Histórico Nacional, decidió donarlo al Estado argentino como un “monumento de gloria para la Argentina”, con el objetivo de preservar la memoria y la lucha de San Martín para las generaciones futuras. El 4 de marzo de 1897 pasó a integrar oficialmente el patrimonio del museo.
El robo, la custodia militar y el regreso a San Lorenzo
Durante su permanencia en el Museo Histórico Nacional, el sable corvo se convirtió en un símbolo accesible al público interesado en la historia de la independencia. Sin embargo, en tiempos de la proscripción del peronismo fue sustraído en dos oportunidades por integrantes de la denominada Resistencia Peronista. En ambos casos fue recuperado y restituido a su lugar.
Posteriormente, durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, la custodia del arma se confió al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, donde permaneció durante 48 años. En 2015, con motivo de un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, el sable fue restituido al Museo Histórico Nacional.
Ahora, más de dos siglos después de una de las batallas clave de la independencia, el sable corvo volverá a San Lorenzo, escenario del histórico combate de 1813, para quedar nuevamente bajo la custodia del regimiento fundado por el propio Libertador.










