OBJETIVO. Lanzada en 1977, la Voyager 1 sigue aportando datos clave.

La sonda Voyager 1, una de las misiones más emblemáticas de la NASA, está a punto de alcanzar un nuevo hito en la historia de la exploración espacial. En noviembre llegará a la distancia de un día luz de la Tierra: 26.000 millones de kilómetros. Un día luz no es una unidad de tiempo, sino de distancia: equivale al recorrido que hace la luz en el vacío durante 24 horas. Cuando la nave cruce ese umbral, las comunicaciones con la Tierra tendrán una demora exacta de un día por trayecto, lo que implicará cerca de 48 horas entre el envío de una orden y la recepción de una respuesta.
La Voyager 1 fue lanzada el 5 de septiembre de 1977 con el objetivo inicial de estudiar Júpiter y Saturno. Tras su sobrevuelo de Saturno en 1980, la sonda continuó su viaje alejándose del sistema solar a una velocidad constante de unos 61.000 kilómetros por hora, sin correcciones de trayectoria desde entonces. A inicios de 2026 ya se encuentra a unos 25.400 millones de kilómetros de la Tierra, con un retardo de comunicación cercano a las 23 horas y media.
Junto con su gemela, la Voyager 2, es la única misión que opera más allá de la heliosfera, la burbuja de partículas y campos magnéticos generada por el Sol. Desde allí, aportan datos clave sobre la interacción entre el viento solar y el medio interestelar, un territorio que nunca había sido explorado de manera directa. Sostener el contacto a semejante distancia supone enormes desafíos técnicos. La señal que llega a la Tierra es extremadamente débil y debe ser recuperada mediante complejas redes de antenas. Además, la demora en las comunicaciones limita cualquier capacidad de respuesta rápida ante fallas, por lo que las Voyager fueron diseñadas con un alto grado de autonomía.
Con casi medio siglo en el espacio, la Voyager 1 depende de una fuente de energía cada vez más reducida. Para prolongar su funcionamiento, el equipo de la misión fue apagando instrumentos y sistemas, priorizando aquellos indispensables para mantener la orientación y la comunicación con la Tierra. Si las antenas dejaran de apuntar correctamente, la misión se perdería de manera definitiva.
Aunque se prevé que antes de su 50° aniversario en 2027 la nave deba reducir aun más su actividad, algunos instrumentos clave podrían seguir operativos. Gracias al trabajo sostenido de generaciones de científicos e ingenieros, la Voyager 1 continúa enviando información desde los confines del sistema solar.









