Las Voyager siguen brindando datos desde más allá del sistema solar

Tienen energía y combustible para dos décadas. Se acercan a una zona inexplorada que nadie sabe dónde comienza con exactitud: la heliopausa.

25 Agosto 2002
Washington.- La misión debió en realidad durar sólo cinco años. Ahora ha pasado ya un cuarto de siglo y sigue siendo considerada por muchos expertos como el proyecto más exitoso emprendido hasta ahora por la agencia espacial estadounidense NASA.
Y las sondas Voyager no cesan aún de proporcionar a la ciencia una increíble riqueza de datos e imágenes desde más allá del sistema solar. Hace 25 años, el 20 de agosto de 1977, comenzó la Voyager 2 su viaje al espacio, siguiéndole la Voyager 1 poco después, el 5 de septiembre de 1977.
Ambas sondas visitaron Júpiter y Saturno, y, más aún, la Voyager 2 pasó también por Urano y Neptuno. Una de ellas se halla ahora a 17.000 millones de kilómetros de la Tierra, y la otra a 10.100 millones de kilómetros.

La heliopausa
Y su ruta sigue imparable: el dúo se acerca poco a poco a una zona inexplorada que nadie sabe dónde comienza con exactitud: la heliopausa, en que acaba la influencia del Sol y, por decirlo así, comienza el resto del Universo.
Según estiman los expertos, la Voyager 1 podría comenzar dentro de uno o dos años a atravesar la región en que el viento solar -una corriente permanente de partículas procedentes del Sol- se debilita considerablemente. Dentro de 10 a 15 años alcanzará asimismo el límite entre el viento solar y el viento interestelar, para traspasar así la frontera última del sistema solar.
Los especialistas del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena (California) esperan con optimismo que las sondas permanezcan en funciones al menos otros veinte años. Hasta entonces alcanzarán las reservas de energía y combustible y el ansiado flujo de datos desde los límites del Universo.
Con ello, señala el jefe del equipo de científicos del proyecto Voyager, Edward Stone, se coronará una misión que ha sobrepasado ya todas las expectativas.Las sondas Voyager pudieron no haber llegado a despegar. Después que el desarrollo de los transbordadores espaciales y de las misiones Viking a Marte resultaran extremadamente costosos, la NASA decidió a comienzos de los años 70 cancelar sus planes de exploración de Júpiter, Urano, Neptuno y Plutón. Sólo a costa de constancia los científicos de Pasadena pudieron convencer a los jefes de la agencia de enviar al menos dos sondas a Júpiter y Saturno, una misión de unos cinco años. Fue el nacimiento de las Voyager.

Una visita adicional
Ya durante la construcción de las sondas, cada una de una tonelada de peso, la visión de los científicos fue más allá de lo posible: la técnica de a bordo -por si acaso- fue concebida para un vuelo mucho más largo que lo previsto. El objetivo era hacer una visita adicional a Urano y Neptuno, planetas que hasta entonces jamás habían sido observados de cerca por el ojo humano.
En 1979, dos años después del lanzamiento, ambas sondas llegaron a las proximidades de Júpiter. Siguieron entonces vuelo hacia Saturno, al que la Voyager 1 llegó primero, ya en 1980, gracias a su órbita más rápida, siendo seguida por la Voyager 2 un año más tarde.
Las sondas Pioneer, lanzadas en 1972, cuya misión había terminado oficialmente hacía cinco años, habían estado ya allí. Sin embargo, lo que las sondas Voyager enviaron a la Tierra en forma de clarísimas imágenes y abundantes datos sobre el campo magnético, la radiación y otros parámetros de ambos planetas, dejó en sombras todo lo logrado hasta entonces.
Hay impresionantes fotos en tonos pastel de la atmósfera de Júpiter, de los volcanes activos, hasta entonces ignorados, del satélite jupiteriano Io y de los legendarios anillos de Saturno. "Fue la mejor misión de la historia de la NASA", dicen aún hoy los miembros del equipo científico que tuvo en sus manos la evaluación de las fotos.

Aburridísimo
Mientras tras la visita a Saturno la Voyager 1 siguió en 1980 rumbo hacia los límites del Sistema Solar, la Voyager 2, tras una fuerte discusión sobre la prolongación de la misión, logró en 1981 luz verde para seguir vuelo hacia Urano. El planeta, al que llegó en 1986, se reveló como "un objeto aburridísimo y decepcionante", según declararon entonces los científicos de la misión. Los recompensaron las fotos y los increíbles datos enviados en 1989 desde Neptuno. (Especial)

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