Más allá del escándalo “barrial” de la AFA, el impacto del caso Venezuela proyecta más a Milei

Por Hugo E. Grimaldi para LA GACETA.

Javier Milei. Javier Milei. ARCHIVO
03 Enero 2026

Primer acto: Javier Milei cerró el telón de la primera mitad de su gobierno a puro tropiezo, colgándose de Donald Trump y achacándole la responsabilidad de la herencia que dejó el pasado, esencialmente al kirchnerismo. Segundo acto: la escena se volvió a abrir con el Presidente agrandado y más mirando para adelante que para atrás y con una primera pretensión muy clara, la de ser el líder del grupo de países que se han quedado afuera de aquel “socialismo del siglo XXI” que por goteo y país por país, se empezó a ir por las alcantarillas. ¿Cómo se llama la obra?: “Fenómeno barrial”.

El origen del latiguillo está en la campaña legislativa de 2021 en la Ciudad de Buenos Aires, cuando se descalificaba al entonces candidato a diputado como un fenómeno limitado al barrio. Se lo adjudican a Ricardo López Murphy y desde 2023 en adelante, ya como Presidente, Milei comenzó a usar la frase con tono sarcástico cuando, al difundir entrevistas en medios internacionales o su participación en foros globales, acompañaba los posteos con el latiguillo “fenómeno barrial”, como un guiño irónico para marcar su salto de lo local a lo global y convirtiendo el ninguneo en un recurso comunicacional.

En medio del caso Venezuela, que lo va a mostrar seguramente liderando el apoyo a lo que acaban de hacer los Estados Unidos en la región, la política local lo encuentra agrandado también por el volantazo que logró meter en el Congreso para sacar el Presupuesto a fuerza de canje con aquella casta que ahora mejor no sacudir porque se pueden confundir los protagonistas. El comienzo de año viene con mucha actividad y en apenas tres días, el Gobierno llenó la agenda con varios temas propios.

El mismo paso triunfal pretende tener Milei con la reforma laboral cuando vuelva a convocar a Sesiones Extraordinarias al Congreso, a mitad de mes seguramente, aunque es probable que los cimbronazos por ese tema serán seguramente violentos, ya que más el kirchnerismo y la izquierda que los gremios no piensan entregar así porque sí “los derechos adquiridos”. Si los sindicatos conservan las cajas se darán por satisfechos. Se decidió también ahora mismo cambiar el ajuste de las bandas cambiarias, mientras que la reformulación de la SIDE por Decreto de ayer traerá cola también, pero eso será para febrero.

Otra situación que le está jugando al gobierno nacional decidídamente a favor es el escándalo alrededor de la AFA, aún algo complicado porque las sospechas han comenzado a rondar a la mismísima Justicia, ya que hay media docena de juzgados encargados de las diferentes aristas del caso y tanta plata en juego que no resulta extraño que haya manipulaciones dedicadas a apartar a los magistrados para conseguir dilaciones o aún la benevolencia de jueces amigos. Se disputan las causas y la sospecha generalizada es que muchos buscan dormirlas porque detrás de todo el escándalo está instalado el juego clandestino que se probablemente haya sido beneficiado por muchas decisiones arbitrales.

Si bien existió antes la pretensión del Gobierno de incorporar las Sociedades Anónimas Deportivas al fútbol (no a los clubes) y la respuesta ideológica que decía que “los clubes son de los socios” (aunque el proyecto pedía la aprobación societaria para que ingresen capitales), la barranca abajo de Claudio “Chiqui” Tapia & Cia. empezó con la desvergonzada manipulación de partidos para que los clubes del poder accedan a Copas internacionales y con la entrega del título de escritorio otorgado a Rosario Central.

A partir de allí, todo fue un dominó. La catarata de situaciones que aparecieron y siguen apareciendo asociadas a lo más alto de la AFA no se detiene. Las fichas caen, una por una, en una sucesión imparable:

una financiera floja de papeles probablemente beneficiaria de dólares oficiales en pleno cepo (Sur Finanzas, de Ariel Vallejo)

una firma radicada en el exterior para recaudar a cambio de una comisión de 30% (TourProdEnter LLC, de Javier Faroni)

giros de esa empresa a cuatro bancos estadounidenses y a un agente del Uruguay, quién sabe a quién

un predio en Villa Rosa (Pilar) con helipuerto y un haras puestos a nombre de una jubilada y un monotributista, finca que se supone es del Tesorero de la AFA, Pablo Toviggino, cercano al exgobernador de Santiago del Estero, hoy senador, Gerardo Zamora

una tarjeta corporativa de la AFA que manejaba el monotributista y que pagaba los peajes de los autos de colección que aparecieron en el predio

y una penúltima: giros mensuales de U$S 20 mil de TourProdEnter al hijo de quien estaría detrás de la Selección para hacer la “limpieza” de las malas vibras que pudieran afectarla.

Además, desde ARCA se le reprocha a la AFA la retención de aportes previsionales y varios impuestos no pagos y debido a la cercanía de muchos de estos temas con varios personajes ligados al kirchnerismo, las balas han comenzado a picar cerca del gobierno de Alberto Fernández, primero con Martín Guzmán y luego con Sergio Massa como ministro de Economía, lo que le da más aire aún al gobierno nacional. 

Por todas esas cuestiones, que al hincha le importan, más las deportivas que las institucionales, el mundo del fútbol le dio decidídamente la espalda a los dirigentes que, dicho sea de paso, salvo honrosas excepciones, están duros en su silencio, como entablillados. “¿Cómo van a querer que se privatice el fútbol, si el fútbol ya es privado en cabeza de ellos que hacen y deshacen con la anuencia de la AFA? Tienen el cul… sucio, ¿cómo van a hablar?”, comentaba hace unos días en una rueda de amigos un periodista que conoció a Julio Grondona. “Al lado del Chiqui, Julio era un asceta…”, definió. Con todo este caramelito destapado por la prensa –y hay más todos los días- el gobierno nacional se está haciendo un picnic a varias bandas: la AFA y los K, en primer lugar.  

El caso del fútbol es en sí mismo hoy por hoy también un “fenómeno barrial” que el Gobierno quiere encapsular sin meter demasiadas púas porque teme una reacción desde arriba que pueda perjudicar a la Selección rumbo al Mundial y no quiere hacerse cargo de lo que sería una debacle nacional. Lo que está bastante claro –aunque sea por omisión- que sólo se pudo haber dado algo así con una monumental complicidad de la FIFA y de la Conmebol, lugares hasta donde por ahora no llega la onda expansiva, aunque en este efecto cascada, nada puede descartarse.

La contracara de la visibilidad, el Gobierno la pondrá seguramente en el caso Venezuela, conocido en la madrugada de hoy y ya sin Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores. Hasta ayer mismo, el presidente Milei suponía que era el momento ideal para liderar un bloque latinoamericano de derecha y ahora, eso toma mayor relevancia: habló de una “cumbre” en la Argentina y de un bloque de unos diez países, con énfasis en la “batalla cultural” contra el socialismo y el movimiento “woke”.

La ambición explícita es construir una alianza estable que actúe como contrapeso de Cuba, Nicaragua y lo que quede de Venezuela y que le dispute la hegemonía a los gobiernos de izquierda o centroizquierda de la región, Brasil, México, Colombia y Uruguay en primer término. Hoy, Petro como siempre es altisonante, mientras Lula aparece callado, Uruguay mucho más y sólo la presidente Claudia Scheinbaum mostró las uñas sobre la puja, aunque con una frase más facilista que ideológica sobre los modelos en pugna: “nada más pongamos como ejemplo el caso de México y Colombia y el peso argentino”, fulminó.

En la lógica de pelear palmo a palmo en la región, el proyecto de Milei privilegia una narrativa cohesionante: la del enemigo común, la identidad ideológica liberal-conservadora y la institucionalización a través de reuniones, redes y posicionamientos compartidos. La promesa de liderar una cumbre ha sido un intento de hito organizativo que llegó horas antes apenas de la intervención de los EEUU buscando transformar afinidades en coordinación, con expectativas de expansión, según los ciclos electorales en la región.

Por contraste, aquel “socialismo del siglo XXI” había sido una constelación heterogénea impulsada por liderazgos nacionales (Chávez, Kirchner, Correa, Morales) y marcos doctrinarios difusos más vinculados a procesos constituyentes, políticas sociales expansivas y cooperación que a un diseño institucional regional único que buscó expandirse a España. Según el portal El Observador que analiza el caso, la nueva situación no le deja lugar al “lobista Rodríguez Zapatero y tambalea Pedro Sánchez”, otro crucificado por Milei.

Más allá de las sospechas de enriquecimiento de sus líderes, aquella formación hoy en retirada combinó convergencias retóricas con modelos económicos y coaliciones domésticas diversas. Fue algo más bien caótico, al revés de este proceso que pretende liderar el Presidente con la intención de superar aquel viejo estigma del “fenómeno barrial”.

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