El valor de la dignidad y de la autoestima

La inserción de los ciudadanos al trabajo es una de las asignaturas pendientes de la Argentina.

24 Abril 2005
El trabajo desde el punto de vista económico es un esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, una actividad del hombre encaminada a un fin. El ser humano es inteligente, y la inteligencia es creadora; trabajo y producción son parte fundamental de la actividad y cultura humanas. El trabajo proporciona al hombre la posibilidad de satisfacer sus necesidades de vida, pero las necesidades humanas trascienden lo puramente económico, van más allá de lo orgánico y corporal y buscan propiciar el estado de bienestar, que comprende el entorno físico y social, con un fuerte acento en lo anímico. Así, el fin de las actividades económicas del hombre es la subsistencia y, por sobre todo, es la consecución del bienestar, que engloba a aquellas necesidades desprendidas de lo biológico, y más características del hombre en cuanto ser superior.
No se puede vivir sin trabajar, dedicándose a pedir, a especular o a vender mala calidad. Esto arruina a un país y a las personas que lo hacen; baja el nivel de autoestima de las personas y degrada el respeto que merece la nación, tanto hacia afuera de sus límites, por parte de los extranjeros, como hacia adentro de sus fronteras, por aquellos ciudadanos que consideran su propio quehacer como una responsabilidad social.
Mucho se escribe acerca de la importancia de tener trabajo. El desempleo genera preocupación y ocupación en todos los niveles. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el acento se pone en los valores económicos de tener trabajo, descuidando la necesidad humana de sentirse útiles. El problema del desempleo tiene tres actores importantes: el gobierno y las instituciones sociales; las personas; la sociedad, y las empresas.El gobierno y las instituciones sociales tienen un importante rol que cumplir en los momentos de crisis, en los desastres, porque pueden dar respuestas rápidas en la urgencia, al concentrar medios propios y solidarios. Pero también deben tener la capacidad de dar respuestas de largo plazo a problemas que de lo contrario van a convertirse en estructurales, si no tienen prevista una solución más allá del hoy. Para que las medidas de urgencia puedan ser revocadas, deben ser tomadas junto con medidas de fondo, que contemplen en un plazo razonable la caducidad de la situación de emergencia que les dio origen. Los planes sociales no pueden desalentar la búsqueda de trabajo, su objetivo debiera ser permitir la inserción laboral de las personas en las mejores condiciones posibles.
La asignatura pendiente que tenemos, como nación y como sociedad es educar a las personas para que puedan insertarse en el mercado laboral, crecer, exceder con creces la ayuda social. Necesitamos entre todos construir una sociedad de mejor calidad, con mayores posibilidades de acceso al mercado laboral. Permitir el surgimiento de emprendedores y cambiar la cultura del sueldo por la de realización.
Acá es cuando es necesario cambiar los verbos, desde la necesidad o la exigencia de tener un trabajo a la situación de querer un trabajo, pensado como la capacidad humana de ser útil, para sí mismo y para sus semejantes. El trabajo como generador de autoestima, es el intangible no valorado entre nosotros, como sociedad y como cultura. Por su parte las empresas deben valorar a las personas como un recurso único que las transforma y desarrolla. La valoración en el trabajo incentiva a la persona y la motiva a hacerlo mejor al día siguiente. Los que están en la empresa del lado de dar empleo, premiar y sancionar, en muchos casos son conscientes de la importancia de su rol y tienden a la mayor y mejor formación de las personas.
Toda persona sana psíquicamente tiene la capacidad de cuidar de sí misma y debe tener la oportunidad de satisfacer sus necesidades. El mundo se degrada al tener una subclase de inactivos o analfabetos. Revertir esto es posible sin limosnas particulares ni estatales, sin comedores escolares o barriales. Y con la gente en sus casas, capaces de proveer por sí mismas, satisfechas de poder hacerlo, reunidas en familia alrededor de la propia mesa y contribuyendo con alegría y con dignidad.

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