17 Abril 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Como dos viejos contendientes, que se conocen desde hace tiempo, el Gobierno y el FMI exhibieron posiciones de fuerza antes del comienzo de las negociaciones con vistas a un nuevo acuerdo. "El Fondo no tiene destino en el nuevo orden mundial", disparó el presidente Néstor Kirchner, durante su visita a Alemania. Así, renovó sus críticas ante el convencimiento de que el organismo se encuentra atrapado en contradiciones y ya no goza del consenso de otros tiempos.
El organismo multilateral reclama ahora una solución perentoria para el 24% de bonistas que quedó fuera del canje de deuda. Con anterioridad, durante más de dos años, pujó para que el país mejorara la oferta a los bonistas y se sucedían cortocircuitos periódicos. Basta con recordar los cruces con Horst Köhler (en la foto con el matrimonio Kirchner), Anne Krueger y, ahora, con el español Rodrigo de Rato. Pero, al principio de esta compleja trama, la entidad se guardó para sí el papel de acreedor privilegiado, es decir, que debía ser el primero en cobrar. Y fue así nomás, porque tanto el Fondo, como el Banco Mundial y el BID cobraron 12.000 millones de dólares desde que el país ingresó en default. El Fondo quiere una solución para los que no entraron al canje pero, a su vez, pretende el cobro sin quitas ni prórrogas de sus acreencias y reducir en forma acelerada su exposición en la Argentina, en Brasil y en la región. En ese sentido, sólo durante este año, la Argentina debe abonar unos 5.000 millones de dólares y sin mayores desembolsos de los organimos. Ante esto, el Gobierno contrapuso el criterio de la "caja única", es decir, que si se pagaba a uno no se podía cumplir con otro. En el mismo sentido, no descarta ahora que, si la cuerda se sigue tensando, cumplir con puntualidad con los acreedores que entraron al canje y discontinuar los pagos al FMI. Una jugada de alto riesgo a la que no se quiere llegar, pero voceros oficiales admiten que habrá que tomar este camino si la entidad no posterga por dos o tres años los vencimientos de capital. Conocedor de estas urgencias, el staff del Fondo insiste con su reclamo de aumentos de tarifas y reformas estructurales, que no queda del todo claro cuáles son. El tema tarifario se mete en cada discusión por la presión del Fondo provenientes de países con intereses en la Argentina. Ante esto, el ministro de Economía Roberto Lavagna quiere acelerar la recomposición tarifaria, aunque en este caso comienza a tallar la cuestión de precios.
Con un índice inflacionario tan sensible un aumento tarifario se convertirá en otro factor de presión sobre los costos de las empresas que será traslados a precios. Sobre este punto también metió su cola el Fondo, ya que, para curar el mal de la inflación, extendió la misma receta ortodoxa: el enfriamiento de la economía. El deterioro del poder adquisitivo, la reducción del consumo, la suba de tasas y el achatamiento del crédito generaron siempre una baja de expectativas que dejó a la economía en terapia intensiva.
El gran desafío, sin dudas, es poder mantener el equilibrio entre el mantenimiento de las condiciones para el crecimiento, con un dólar que garantice la competitividad, y evitar más presiones sobre los precios. El Presidente buscó en Alemania el apoyo decisivo de ese país en las negociaciones con el Fondo.
Lo más duros siguen siendo de Italia y Japón, mientras que Francia condiciona su apopo a la recomposición tarifaria. Otra vez, entonces, será clave el apoyo de los Estados Unidos que hace sentir sin tapujos su preponderancia en todos los foros internacionales. Mientras tanto, los funcionarios del Gobierno no se cansan de repetir que el canje no será reabierto.Sin dudas, el país sigue en el banquillo de los acusados en el contexto financiero internacional si se tiene en cuenta las duras declaraciones contra el país del ministro de Finanzas de Japón y del representante italiano en el Fondo. El canciller Rafael Bielsa contó una historia revelada por el jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en su reciente visita a la Argentina. En esa oportunidad, aseguró que un muy influyente financista internacional le dijo que la Argentina tiene que seguir siendo duramente castigada por mucho tiempo, como escarmiento por el default. Si bien el canciller no reveló el nombre que le susurró el jefe de Gobierno español, a buen entendedor pocas palabras. (NA)
El organismo multilateral reclama ahora una solución perentoria para el 24% de bonistas que quedó fuera del canje de deuda. Con anterioridad, durante más de dos años, pujó para que el país mejorara la oferta a los bonistas y se sucedían cortocircuitos periódicos. Basta con recordar los cruces con Horst Köhler (en la foto con el matrimonio Kirchner), Anne Krueger y, ahora, con el español Rodrigo de Rato. Pero, al principio de esta compleja trama, la entidad se guardó para sí el papel de acreedor privilegiado, es decir, que debía ser el primero en cobrar. Y fue así nomás, porque tanto el Fondo, como el Banco Mundial y el BID cobraron 12.000 millones de dólares desde que el país ingresó en default. El Fondo quiere una solución para los que no entraron al canje pero, a su vez, pretende el cobro sin quitas ni prórrogas de sus acreencias y reducir en forma acelerada su exposición en la Argentina, en Brasil y en la región. En ese sentido, sólo durante este año, la Argentina debe abonar unos 5.000 millones de dólares y sin mayores desembolsos de los organimos. Ante esto, el Gobierno contrapuso el criterio de la "caja única", es decir, que si se pagaba a uno no se podía cumplir con otro. En el mismo sentido, no descarta ahora que, si la cuerda se sigue tensando, cumplir con puntualidad con los acreedores que entraron al canje y discontinuar los pagos al FMI. Una jugada de alto riesgo a la que no se quiere llegar, pero voceros oficiales admiten que habrá que tomar este camino si la entidad no posterga por dos o tres años los vencimientos de capital. Conocedor de estas urgencias, el staff del Fondo insiste con su reclamo de aumentos de tarifas y reformas estructurales, que no queda del todo claro cuáles son. El tema tarifario se mete en cada discusión por la presión del Fondo provenientes de países con intereses en la Argentina. Ante esto, el ministro de Economía Roberto Lavagna quiere acelerar la recomposición tarifaria, aunque en este caso comienza a tallar la cuestión de precios.
Con un índice inflacionario tan sensible un aumento tarifario se convertirá en otro factor de presión sobre los costos de las empresas que será traslados a precios. Sobre este punto también metió su cola el Fondo, ya que, para curar el mal de la inflación, extendió la misma receta ortodoxa: el enfriamiento de la economía. El deterioro del poder adquisitivo, la reducción del consumo, la suba de tasas y el achatamiento del crédito generaron siempre una baja de expectativas que dejó a la economía en terapia intensiva.
El gran desafío, sin dudas, es poder mantener el equilibrio entre el mantenimiento de las condiciones para el crecimiento, con un dólar que garantice la competitividad, y evitar más presiones sobre los precios. El Presidente buscó en Alemania el apoyo decisivo de ese país en las negociaciones con el Fondo.
Lo más duros siguen siendo de Italia y Japón, mientras que Francia condiciona su apopo a la recomposición tarifaria. Otra vez, entonces, será clave el apoyo de los Estados Unidos que hace sentir sin tapujos su preponderancia en todos los foros internacionales. Mientras tanto, los funcionarios del Gobierno no se cansan de repetir que el canje no será reabierto.Sin dudas, el país sigue en el banquillo de los acusados en el contexto financiero internacional si se tiene en cuenta las duras declaraciones contra el país del ministro de Finanzas de Japón y del representante italiano en el Fondo. El canciller Rafael Bielsa contó una historia revelada por el jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en su reciente visita a la Argentina. En esa oportunidad, aseguró que un muy influyente financista internacional le dijo que la Argentina tiene que seguir siendo duramente castigada por mucho tiempo, como escarmiento por el default. Si bien el canciller no reveló el nombre que le susurró el jefe de Gobierno español, a buen entendedor pocas palabras. (NA)







