El nuevo modelo, ante su primera amenaza

Los analistas consideran que el alza de los precios está motivada por el mayor consumo de las clases empobrecidas.

17 Abril 2005
La economía, a pesar de cierta moderación en el ritmo de crecimiento, sigue aprovechando el contexto internacional favorable vinculado con la depreciación del dólar que se frenó y con el crecimiento de EEUU. Este último, quien es, en definitiva, el que marca elritmo de la economía mundial, crecerá este año 4% con una inflación de 1,75%. En el panorama global, Europa acompaña creciendo el 1,7% anual y Japón repunta. China sigue a muy buen ritmo y Brasil continúa firme y pudiendo, dándonos envidia, prescindir del FMI. En tanto, la tasa de la Reserva Federal (Fed) podría llegar a 4% en diciembre. Todavía no tiene un nivel como para preocuparse,pero no es el ideal.En lo interno, el arrastre estadístico de 2004 sobre la economía de este año es de 3,6% y hay pocos factores que pueden retrasar una tasa elevada de crecimiento que podría ser superior a 6,5%. El consumo está firme, la inversión crece a una tasa menor que en 2004, pero a dos dígitos.

Mercado externo
Las exportaciones aumentarán favorecidas por el repunte de precios de la soja asociado a una cosecha récord y a la sequía y crecimiento económico de Brasil.
En este contexto de mayor rentabilidad de las empresas, la puja distributiva se reaviva y aparece la demanda de los trabajadores por mayores ingresos. Hay menor desempleo y los sindicatos tienen entonces mayor poder de negociación. Esta presión sobre el costo laboral influye sobre la inflación que se constituyó en la preocupación central de la coyuntura.
La discusión se centra en si en el segundo semestre se reducirá la tasa a los niveles de 2003 y 2004 o si sigue la tendencia creciente que se observa en los últimos 12 meses.
Proyectada la inflación va hacia los dos dígitos, cerca del techo de la banda de Economía (10,5%). Con buenas políticas podría estar en 9% que es el consenso del REM, pero más apuntaría al 11,5%. El aumento de precios se relaciona, en parte, con un proceso de recalentamiento vinculado al crecimiento elevado y al uso más intensivo de la capacidad.
En la economía (desde la demanda), se nota un amesetamiento similar al que asomó en el segundo trimestre de 2004, aunque no debería (aún) proyectarse para el conjunto del año. Desde la oferta, apareció como en 2004, el fantasma de la crisis energética para este invierno. Es un tema que el Gobierno gestionó mal y si bien hubo esfuerzos de inversión, son todavía insuficientes para salir de una situación estructural de crisis como la que tenemos. Es un pronóstico difícil por la gran cantidad de variables en juego, pero parece lógico preparase para un escenario de cortes a empresas industriales de una intensidad similar a la del año pasado y para restricciones importantes de gas a Chile.

Ventas y año electoral
Las compras externas a Bolivia (gas) y Venezuela (fuel oil) ayudarán a cerrar la brecha con un costo fiscal nada despreciable estimado en $ 3.000 millones.
En el sector eléctrico, no se presentarán problemas serios este año, pero sí puede ser crítica la situación hacia 2006 en el área de transporte y en 2007 en generación. Las características especiales de 2005, el año electoral de esta administración, con la intención explícita del Presidente de plebiscitar su gestión, llevan a considerar la política por encima de la economía. Es difícil encontrar flancos débiles en la gestión de corto plazo, ortodoxa en lo sustantivo y que da sustento, en gran medida, a la popularidad que sigue teniendo el Presidente.
Sin embargo, la inflación asoma en 2005 como la amenaza mayor. Otra cuestión delicada es que la relación con el FMI no se presenta fácil. El debate sobre el tratamiento a los que no aceptaron el canje está particularmente vivo y puede ser el núcleo de una negociación que parece va para largo.

La sensación térmica supera a los datos oficiales
Por Víctor Jorge Elías, Docente de la UNT-Director del Inst. de Economía Aplicada
A fines de 2004 ya se instaló en la economía argentina una inflación del 10% anual, cimentada básicamente por la emisión monetaria.
El año 2005, experimentará por lo menos la misma inflación y la duda es, que si puede ser mucho mas que 10%, a qué valor puede llegar. Ello dependerá del resultado de las cuentas fiscales y de la forma que se financiará una suba general de los salarios. Si se recurre a la emisión para respaldar subas salariales ello, dependiendo de la suba establecida, puede llevar la inflación a valores muy altos.
En el caso que la suba salarial represente $ 200 mensuales por trabajador la cantidad de dinero incrementaría un 34% y la inflación seria por lo menos un 30% anual. Si la suba salarial se rige por aumento en la productividad la misma solo sería de $30 pes mensuales lo que tendría poca presión inflacionaria. Por otro lado, las cuentas fiscales pueden tener problemas ya que los gastos se llevaron a valores muy difíciles de sustentar con los ingresos fiscales, y a que se incrementarán los pagos por deuda pública.
La "sensación térmica" de inflación a nivel de los índices que se elaboran oficialmente podría decirse que hoy es del 15% anual, pero parece que la gente tiene otra sensación mucho mayor de acuerdo a lo que observó en la suba de precios en algunos artículos.
En general, los precios de los diferentes productos no se mueven en forma similar, y es posible observar cambios muy distintos en los diferentes productos. Esta diferencia es mucho mayor en un proceso inflacionario. Si bien es posible que la gente elabore su sensación en base a algunos productos, o bien solo considere los productos que suben y no los que son estables, y por ello está pensando en valores muy superiores de inflación de los que se informa.
También es posible que los índices oficiales tomen algunos productos que la gente normalmente no compra o sólo en ciertas oportunidades. De todas formas para analizar el proceso inflacionario es importante considerar las dos informaciones: el índice oficial y la "sensación térmica" de la gente, y si esta sensación es hoy más del 20% anual no se lo debe despreciar como señal y por ende hay preocuparse para que el sector público deje de emitir y a que no se busque en la financiación externa la forma de cubrir déficits.

Los más perjudicados siempre son los pobres
Por Hugo Ferullo - Doctor en Economía - Docente de la UNT y de la UNSTA
La medición que realiza el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) de población en condiciones de pobreza en el país está basada en dos conjuntos de datos. Por un lado, se usan los precios de una canasta de bienes alimentarios para obtener una línea llamada de indigencia, que es algo menos de la mitad de la llamada línea de pobreza. Por otro lado, se obtiene de la encuesta permanente de hogares el dato del ingreso monetario que tiene la familia, que es lo que se compara con las líneas anteriores para establecer el porcentaje de familias indigentes y pobres.
Este método de medición es muy sensible no sólo al ingreso de la gente, sino en igual medida a los precios de la canasta de bienes alimentarios elegidos. De ahí que, cuando la inflación sube, sobre todo cuando lo que suben son los precios de los alimentos, inmediatamente aumenta el número de indigentes y de pobres.
Esto torna al método de medición de la pobreza demasiado dependiente, quizás, de la medición de la inflación, haciendo que aparezcan o desaparezcan muchos pobres ante pequeños cambios en el índice de precios, en particular de alimentos. En la historia reciente de la economía argentina, las mediciones de pobreza han mostrado que mucha gente está muy cerca de la línea, de manera que termina cayendo por debajo cuando la inflación sube un poco, o superando la línea para dejar de ser pobres cuando los precios bajan un poco.

Algo queda claro
Pero más allá de la sensibilidad hacia la inflación que tiene este método de medición de los pobres, está claro que la inflación perjudica relativamente más a la población pobre que a la más acomodada. La explicación económica que se usa para mostrar este perjuicio relativo mayor está asociada con las características regresivas que tiene el llamado "impuesto inflacionario", que surge de la corrosión del poder adquisitivo de los ingresos que provoca la inflación. Este efecto corrosivo lo sufre más la población que gasta prácticamente todo su ingreso en bienes de consumo, y que no tiene acceso a los instrumentos financieros que pueden cubrir a los agentes de las consecuencias negativas de la suba de precios, situación que define mucho más a los pobres que a los ricos.

Si los precios suben, se complica lo social
Por Rodolfo Rossi - Economista-Ex presidente del Banco Central
La inflación puede tener motivos monetarios, de expectativas, ser estacional o responder a factores exógenos. En el caso que nos preocupa (su incidencia en la Argentina, y especialmente en lo referido a Tucumán) se puede definir que la misma tuvo su razón en una incentivación monetaria al consumo en diciembre de 2004 específicamente, y su continuidad, por las expectativas de intento de un mayor ingreso a través de presiones salariales y exteriorización en los precios. Factores estacionales o exógenos no incidieron mayormente. Era lógica la presión inflacionaria del primer trimestre de 2005 atento lo atrasado que estaba el salario real y la satisfacción de necesidades básicas indispensables. Lo ideal hubiese sido que los formadores de precios se hubiesen conformado con el incremento de la demanda y mayores unidades de venta y no aprovecharan la coyuntura para ajustar al alza los niveles de precios. Luego de diciembre, el BCRA absorbió moneda y fue prudente en el cumplimiento de su política programada. Pero instalada la expectativa, los precios se siguieron acomodando, y el país no puede permitirse tener inflación. La alternativa parecería ser la financiera, o sea la vigencia de una mayor tasa de interés que determinaría una disminución de la actividad económica.
En Tucumán, que está teniendo una mejora económica, la inflación esta motivada por el mayor consumo de las clases más empobrecidas. Por eso es fundamental que su gobierno acuerde con empresarios formadores de precios para instruirlos en la necesidad de que sean prudentes por razones económicas y sociales en la fijación de los precios.
Mi estimación sobre la inflación en 2005 es del 12%, más elevada que la del BCRA (8%) y que la de Economía (10%). La diferencia en otra época podría considerarse minúscula, pero en este período donde la recesión todavía es vigente y donde hay muchos "bolsillos flacos" un aumento de este nivel es excesivo. El índice de precios al consumidor es un promedio de promedios y los productos básicos esenciales (fundamentalmente alimenticios) pueden tener una alteración superior. Precisamente éstos constituyen el mayor consumo de las personas más empobrecidas o carecientes. Hoy, con un nivel de pobreza que supera el 40% en el país una alteración alcista de los precios alimenticios incrementará en forma grave el problema social. El aumento de la tasa de interés y su repercusión en la disminución de la actividad económica tampoco parecería ser la solución, pero es la alternativa ante el descalabro que puede significar un mayor deslizamiento de los precios.

Tamaño texto
Comentarios