27 Marzo 2005 Seguir en 
Si bien las perversiones han acompañado al hombre desde siempre, a fines del siglo pasado y como consecuencia de un pronunciado deterioro moral y de las desigualdades sociales y económicas, estas se han globalizado a través de internet, especialmente en lo que a abuso sexual contra menores y la pornografía se refiere.
La pedofilia es la presencia de conductas que implican actividad sexual entre un adulto y un niño. Las conductas de la pedofilia van del simple exhibicionismo hasta la violación. El adulto suele ganarse la confianza y el cariño del niño para luego llevar a cabo sus objetivos.
Algunos estudiosos de esta perversión señalan que en su mayoría los pedófilcos son hombres; muchos de ellos son alcohólicos o psicóticos de mente torpe o asociales, y su edad fluctúa entre los 30 y 40 años; generalmente, son hombres débiles, inmaduros, solitarios y llenos de culpa.
La personalidad del agresor de mediana o mayor edad es de un individuo solitario y con dificultad para relacionarse con normalidad; suele tener baja autoestima, pocos recursos para enfrentar situaciones de estrés y frecuentemente abusa del alcohol o de las drogas.
Las estadísticas mundiales indican que el abuso sexual contra niños representa un importante problema social y de salud en numerosas regiones, pese a que se ha demostrado la existencia de un subregistro del fenómeno. Por ejemplo, España y EE.UU. reportan que alrededor del 20 al 25% de las niñas y del 10 al 15% de los niños sufren algún tipo de abuso sexual antes de los 17 años. En América Latina más de 20.000 niños de los países más pobres son vendidos a pedófilos de EE.UU., Canadá y Europa y más de 10.000 menores entre los 9 y 16 años de edad son destinados a prostíbulos.
En las últimas semanas, salieron a la luz casos de pedofilia y de pornografía en Tucumán. En febrero pasado, la Policía detuvo a un hombre, acusado de pagar a menores para dejarse fotografiar en poses eróticas. Las imágenes eran difundidas luego por un sitio en internet. A los pocos días, fue arrestado un presunto abusador de menores que trabajaba en el Siprosa -estaba adscripto a la Secretaría del Interior- y en la Escuela de Enfermería de la UNT. El supuesto violador trabajaba desde la anterior gestión en Casa de Gobierno, pese a que tiene una condena en Buenos Aires por corrupción de menores. Tendría además importantes contactos en ámbitos gubernamentales y en la Policía. El martes pasado se allanó el domicilio de un hombre sindicado como cómplice del acusado y secuestraron fotos comprometedoras e importante documentación que contenía listados de nombres de jóvenes, la mayoría estudiantes.
Por otro lado, la Justicia ordenó el miércoles el allanamiento de una agencia de modelos, en la cual -según denuncias- eran fotografiadas adolescentes en ropa interior o desnudas.
Sin duda, son hechos que no deben pasar inadvertidos por la sociedad porque seguramente distan mucho de ser aislados o casuales. Los gobernantes deben reaccionar rápidamente y promover campañas de prevención. Por su parte, la Justicia y la Policía deben trabajar en forma coordinada para determinar si existe una red de corrupción de menores. Debe investigarse a fondo la posibilidad de que el presunto violador que trabajaba en la Casa de Gobierno haya estado protegido por miembros del poder político y de la Policía, y si ello fuera así, habría que dar a conocer sus nombres y sancionarlos en el caso que correspondiere.
"Comunicar la vida es condenar la pornografía y el abuso sexual de los niños, que son el rostro de Jesús... Debemos construir con coraje y paciencia una nueva cultura de la vida. En el comunicar la vida no estamos solos", dijo el arzobispo de Tucumán en su mensaje pascual.
Las perversiones se combaten con educación, con cultura, con trabajo digno, pero también con una Justicia que busque la verdad, esencial para apostar a la vida.
La pedofilia es la presencia de conductas que implican actividad sexual entre un adulto y un niño. Las conductas de la pedofilia van del simple exhibicionismo hasta la violación. El adulto suele ganarse la confianza y el cariño del niño para luego llevar a cabo sus objetivos.
Algunos estudiosos de esta perversión señalan que en su mayoría los pedófilcos son hombres; muchos de ellos son alcohólicos o psicóticos de mente torpe o asociales, y su edad fluctúa entre los 30 y 40 años; generalmente, son hombres débiles, inmaduros, solitarios y llenos de culpa.
La personalidad del agresor de mediana o mayor edad es de un individuo solitario y con dificultad para relacionarse con normalidad; suele tener baja autoestima, pocos recursos para enfrentar situaciones de estrés y frecuentemente abusa del alcohol o de las drogas.
Las estadísticas mundiales indican que el abuso sexual contra niños representa un importante problema social y de salud en numerosas regiones, pese a que se ha demostrado la existencia de un subregistro del fenómeno. Por ejemplo, España y EE.UU. reportan que alrededor del 20 al 25% de las niñas y del 10 al 15% de los niños sufren algún tipo de abuso sexual antes de los 17 años. En América Latina más de 20.000 niños de los países más pobres son vendidos a pedófilos de EE.UU., Canadá y Europa y más de 10.000 menores entre los 9 y 16 años de edad son destinados a prostíbulos.
En las últimas semanas, salieron a la luz casos de pedofilia y de pornografía en Tucumán. En febrero pasado, la Policía detuvo a un hombre, acusado de pagar a menores para dejarse fotografiar en poses eróticas. Las imágenes eran difundidas luego por un sitio en internet. A los pocos días, fue arrestado un presunto abusador de menores que trabajaba en el Siprosa -estaba adscripto a la Secretaría del Interior- y en la Escuela de Enfermería de la UNT. El supuesto violador trabajaba desde la anterior gestión en Casa de Gobierno, pese a que tiene una condena en Buenos Aires por corrupción de menores. Tendría además importantes contactos en ámbitos gubernamentales y en la Policía. El martes pasado se allanó el domicilio de un hombre sindicado como cómplice del acusado y secuestraron fotos comprometedoras e importante documentación que contenía listados de nombres de jóvenes, la mayoría estudiantes.
Por otro lado, la Justicia ordenó el miércoles el allanamiento de una agencia de modelos, en la cual -según denuncias- eran fotografiadas adolescentes en ropa interior o desnudas.
Sin duda, son hechos que no deben pasar inadvertidos por la sociedad porque seguramente distan mucho de ser aislados o casuales. Los gobernantes deben reaccionar rápidamente y promover campañas de prevención. Por su parte, la Justicia y la Policía deben trabajar en forma coordinada para determinar si existe una red de corrupción de menores. Debe investigarse a fondo la posibilidad de que el presunto violador que trabajaba en la Casa de Gobierno haya estado protegido por miembros del poder político y de la Policía, y si ello fuera así, habría que dar a conocer sus nombres y sancionarlos en el caso que correspondiere.
"Comunicar la vida es condenar la pornografía y el abuso sexual de los niños, que son el rostro de Jesús... Debemos construir con coraje y paciencia una nueva cultura de la vida. En el comunicar la vida no estamos solos", dijo el arzobispo de Tucumán en su mensaje pascual.
Las perversiones se combaten con educación, con cultura, con trabajo digno, pero también con una Justicia que busque la verdad, esencial para apostar a la vida.







