26 Marzo 2005 Seguir en 
Hemos publicado las declaraciones del ministro de Salud de la Provincia, relativas al reemplazo de una sala en el Hospital de Niños. Aclaró el funcionario los malentendidos creados en torno de la demolición de la anterior, levantada hace pocos años. Dicha demolición fue necesaria, aseguró, para poder contar con un local adecuado a las nuevas normas que rigen la terapia oncológica.
La construcción actual -en la cual, dijo, se usan todos los materiales posibles de la anterior- obedeció a la exigencia de replanteo del piso, como modo de integrar los consultorios externos, la sala de juegos y el servicio de Hematoncología (que hasta hoy funciona en el subsuelo) y crear el nuevo servicio de Trasplante de Médula. El ámbito que se edifica ahora será financiado por la Fundación Flexer, de ayuda al niño con cáncer, y el Hospital Garrahan, en un monto que se calcula en los 500.000 pesos.
Sin duda, debe comentarse como francamente positivo el hecho de que nuestro hospital pueda ofrecer las más modernas novedades para el tratamiento oncológico, así como que puedan allí realizarse trasplantes de médula. Ni qué decir los enormes beneficios que habrán de derivarse, para la comunidad, de este indudable mejoramiento, en la atención de los pequeños afectados por tan seria enfermedad. Sólo queda esperar que los trabajos en marcha concluyan lo más pronto posible, de manera que los referidos avances se hagan realidad.
Junto a tales aspectos que son, repetimos, altamente positivos en alto grado, es necesario comentar otros que, lamentablemente, tienen distinto signo. Hemos dedicado, hace poco, una amplia nota al problema de las largas esperas que deben soportar los padres en el hospital, con sus hijos en brazos, hasta que reciben la atención profesional. La directora del establecimiento afirma que gran parte del problema se suscita por la nueva modalidad. Antes, las madres se autoderivaban, mientras que ahora esa derivación debe ser dispuesta por el médico del CAPS. Expresó que esta última es la manera de asegurar la atención del paciente, por medio de un turno, que se da en base al problema del chico.
De todas maneras, es evidente que se produce demasiada demora en la atención, y que esto constituye un problema cuya solución debe buscarse diligentemente. También es sabido que las fallas del sistema podrían encontrarse, como manifiestan algunos vecinos, en la falta de elementos o de profesionales, en los mencionados CAPS; lo que, consecuentemente, dilata el examen del pequeño paciente y la derivación, si corresponde. Obvio es decir que se hace necesario establecer la razón por la cual el público prefiere ir directamente al nosocomio, en la gran mayoría de los casos.
Nos parece que lo expuesto indica la necesidad de que, en este como en muchos otros rubros, se diseñe una planificación integral, que abarque hospitales y CAPS. De esa manera no ocurrirá que el hospital, mientras en un sector se prepara para ejecutar las más modernas terapias oncológicas, en el otro cobija esperas prolongadas a lo largo de toda la noche y durante el día, para la obtención de un número que encamine hacia el profesional. Hay que encarar la problemática como un todo, de manera que los avances no dejen de beneficiar a ninguna faceta de la tarea.
Ocioso sería ponderar la importancia extremada que tiene todo lo que se refiera a la salud de la población, y en especial a la de nuestros niños. Es un rubro que merece los máximos esfuerzos del Estado, en los múltiples aspectos y circunstancias que allí están implicados. Sobre el tema, debe mantenerse una atención despierta y constante a fin de satisfacer requerimientos que, por su naturaleza, son tan premiosos como cambiantes.
La construcción actual -en la cual, dijo, se usan todos los materiales posibles de la anterior- obedeció a la exigencia de replanteo del piso, como modo de integrar los consultorios externos, la sala de juegos y el servicio de Hematoncología (que hasta hoy funciona en el subsuelo) y crear el nuevo servicio de Trasplante de Médula. El ámbito que se edifica ahora será financiado por la Fundación Flexer, de ayuda al niño con cáncer, y el Hospital Garrahan, en un monto que se calcula en los 500.000 pesos.
Sin duda, debe comentarse como francamente positivo el hecho de que nuestro hospital pueda ofrecer las más modernas novedades para el tratamiento oncológico, así como que puedan allí realizarse trasplantes de médula. Ni qué decir los enormes beneficios que habrán de derivarse, para la comunidad, de este indudable mejoramiento, en la atención de los pequeños afectados por tan seria enfermedad. Sólo queda esperar que los trabajos en marcha concluyan lo más pronto posible, de manera que los referidos avances se hagan realidad.
Junto a tales aspectos que son, repetimos, altamente positivos en alto grado, es necesario comentar otros que, lamentablemente, tienen distinto signo. Hemos dedicado, hace poco, una amplia nota al problema de las largas esperas que deben soportar los padres en el hospital, con sus hijos en brazos, hasta que reciben la atención profesional. La directora del establecimiento afirma que gran parte del problema se suscita por la nueva modalidad. Antes, las madres se autoderivaban, mientras que ahora esa derivación debe ser dispuesta por el médico del CAPS. Expresó que esta última es la manera de asegurar la atención del paciente, por medio de un turno, que se da en base al problema del chico.
De todas maneras, es evidente que se produce demasiada demora en la atención, y que esto constituye un problema cuya solución debe buscarse diligentemente. También es sabido que las fallas del sistema podrían encontrarse, como manifiestan algunos vecinos, en la falta de elementos o de profesionales, en los mencionados CAPS; lo que, consecuentemente, dilata el examen del pequeño paciente y la derivación, si corresponde. Obvio es decir que se hace necesario establecer la razón por la cual el público prefiere ir directamente al nosocomio, en la gran mayoría de los casos.
Nos parece que lo expuesto indica la necesidad de que, en este como en muchos otros rubros, se diseñe una planificación integral, que abarque hospitales y CAPS. De esa manera no ocurrirá que el hospital, mientras en un sector se prepara para ejecutar las más modernas terapias oncológicas, en el otro cobija esperas prolongadas a lo largo de toda la noche y durante el día, para la obtención de un número que encamine hacia el profesional. Hay que encarar la problemática como un todo, de manera que los avances no dejen de beneficiar a ninguna faceta de la tarea.
Ocioso sería ponderar la importancia extremada que tiene todo lo que se refiera a la salud de la población, y en especial a la de nuestros niños. Es un rubro que merece los máximos esfuerzos del Estado, en los múltiples aspectos y circunstancias que allí están implicados. Sobre el tema, debe mantenerse una atención despierta y constante a fin de satisfacer requerimientos que, por su naturaleza, son tan premiosos como cambiantes.







