A contramano

El ciclo lectivo atraviesa problemas y tensiones.

26 Marzo 2005
Entramos en la cuarta semana del ciclo lectivo. Todavía se desconoce cuántos alumnos están sin clases; cuántas aulas necesitan docentes y cuántas escuelas necesitan más aulas. Hay cifras parciales. 50 jardines no tienen maestro; falta nombrar a unos 1.200 profesores; en cada una de las 137 escuelas medias estatales faltan uno o dos docentes; se esperan 8.000 muebles para completar los 20.000 necesarios para este año.
En la última semana fue un espectáculo patético ver a los candidatos a profesores y a maestros hacer cola bajo la lluvia para pelear por cargos, mientras les decían que el conteo era lento porque 60 personas examinaban 6.000 expedientes a mano. Y otra situación más dramática fue la de la escuela albergue de Hualinchay, cuyo director salió a pedir ayuda pública para alimentar a los 100 niños, porque el Estado sigue enviando dinero insuficiente.
Hace un año, cuando comenzaron las clases, el gobierno de José Alperovich tuvo como principal argumento para los problemas en el funcionamiento del sistema, el hecho de que se había heredado la falta de inversiones derivadas de la tozudez del gobierno de Julio Miranda para implementar la Ley Federal de Educación en la provincia. Aplicarla costó sudor y lágrimas. La secretaria Susana Montaldo tuvo que remar literalmente con una estructura que estaba a contramano, y obligada por la Justicia a montar la EGB 3 en todo el territorio. En 2004 se anunciaron obras y nuevas escuelas, en el marco del plan de la Nación de crear 700 establecimientos educativos en el país. Pero el programa nacional comenzó a aplicarse hace pocos días y en esta primera etapa no figura Tucumán. De modo que Alperovich usó plata que le envió la Nación para construir todas las aulas posibles. No se sabe si esto respondió a un plan claro: las situaciones que se vivieron en muchas escuelas, abarrotadas de chicos sin aulas ni docentes, hacen pensar que no.
La realidad es que, de apuro, Tucumán comienza a parecerse a Buenos Aires en la aplicación de la EGB 3: si antes se pensaba que convertir el 7º grado en 7º año implicaba darle un perfil de secundario, ahora poner el 7º año en las escuelas primarias implica "primarizar" a los ponchazos el nivel medio. Y mientras nosotros tratamos de encajar en el sistema aplicado desde 1993 en todo el país, ya se están haciendo planteos serios acerca de su efectividad. No sólo lo dice el 70% de los docentes en Buenos Aires. También lo reconoce el ministro Daniel Filmus y lo afirma duramente el "pope" del mundo informático, Bill Gates.

Burocracia
El problema tucumano es que los tibios intentos de reorganizar el sistema son superados brutalmente por el caos de la burocracia en el área educativa, que tiene casi la mitad de los empleados del Estado y el 25% del presupuesto provincial. El funcionamiento de las Juntas de Clasificación es anacrónico y lento; las previsiones de designaciones docentes, la construcción de aulas, la provisión de mobiliario y hasta las listas de alumnos inscriptos para el año siguiente son tardías; y los proyectos para alimentar a los chicos en las escuelas siempre están atrasados. La burocracia es poderosa o los pensadores del Gobierno están atados de manos.
Una docente, ofuscada, se quejó de la desorganización. Un gremialista dijo que todo es improvisación. Todos los sindicalistas están descontentos, lo que se suma al enojo docente por la indefinición salarial. Los estatales no saben cómo van a cobrar el aumento que otorgó la Nación hace un mes, cuando se dijo que ningún maestro cobraría menos de $ 700; y los privados ignoran si les pagarán el incentivo docente. El primer mes de clases nos sorprende a contramano y con tensiones en aumento, mientras Salta, aquí cerca, es un espejo de conflictos, con problemas similares a los de Tucumán.

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